viernes, 31 de agosto de 2012

Taller de redacción

Técnicas de redacción. Aprenda a desarrollar sus hábilidades para redactar ordenadamente.-Los martes de septiembre-
TODOS LOS MARTES DE SEPTIEMBRE. 4:30pm. LOCAL 3

La soledad del pornógrafo

Después de escribir una prolífica obra de más de cuarenta títulos, entre los que se cuentan Sin calzones llegó la desconocida, El tumbalocas y Se me paró el negocio, ¿cómo ha sido la vida de uno de los pioneros de la literatura porno en Colombia?

Hernán Hoyos, pionero de la novela erótica en Colombia./Eduardo Carvajal./elmalpensante.com

A sus 83 años Hernán Hoyos camina por el centro de Cali con tal vigor y habilidad que me toca alargar mi zancada y bajarme del andén para no perderlo entre la muchedumbre. Me lleva así unas cinco cuadras, luego de haberme dicho que me tenía que presentar a su “nuevo proyecto amoroso”, como él la llama.

–Es una mestiza de 24 años, finita, tiene nariz judía –me la describe excitado–. Trabaja vendiendo relojes en un local. Ya me dirás qué te parece.

Antes de llegar, me anticipa que la conoció hace dos días, que la saludó y recibió respuesta, que la convidó a mango biche con sal y ella se dejó, que le recibió una moneda de 500 pesos para que lo llamara al celular cuando ella quisiera verlo.

–¿Y ya te llamó?

–No, pero qué carajos –responde–. Le voy a caer de sorpresa. Le digo que sos un amigo que mañana se va de Cali y que los quiero invitar a mi casa para cenar los tres. Es probable que si te ve a vos acepte.

Dos meses atrás me había presentado otro “nuevo proyecto amoroso”: una despachadora de mensajería en el barrio Bretaña. De unos 45 años, piel trigueña y cuerpo de fruta, lo más llamativo de la mujer eran las sombras oscuras en los párpados y el labial rojo. Una vez llegamos, Hoyos comenzó a cortejarla y a declamarle versos de un poema romántico. Sin ser grosera, la señora dejó ver que no le interesaba. Justo en el momento de despedirnos, apareció un hombre que la saludó de beso en la boca.

–Yo que pensé que sí le gustaba –me dijo Hoyos, desilusionado.

Le pregunté la razón.

–Ella fue muy dulce y delicada una vez que llevé un paquete para mandar a Pereira.

–¡¿Solo eso?! –exclamé, sorprendido. Hoyos me miró contrariado como respondiendo: “¿Es que se necesitaba algo más?”.
A Hernán Hoyos muchos lo consideran el pionero de la literatura porno en Colombia. Desde finales de los años sesenta, ha venido publicando libros testimoniales, cuentos y novelas en los que abundan detalles explícitos de sexo, descripciones gráficas de tríos y orgías, de felaciones, cunnilingus o anilingus, y nombres populares de posiciones como el 69 o el pollo asado. En Sin calzones llegó la desconocida, una de sus pulp fictions más celebradas, describe escenas como esta en la que una lesbiana viola a una muchacha ante los ojos salaces de un pastor evangélico y su monaguillo:
Amarilis seguía lamiendo con frenesí. Soltó una mano y subiéndose la falda y bajándose los calzones se metió un dedo y sin dejar de lamer comenzó a masturbarse. La desconocida tiró fuertemente del cabello de Amarilis y logró quitársela de encima. Entonces la mujer se montó sobre la muchacha y le introdujo violentamente un dedo dentro de la vagina. Hundió su dedo tres o cuatro veces dentro de la muchacha y en seguida se dobló sobre sí misma con entrecortados lamentos. En ese momento el pene del reverendo soltaba semen junto con el del muchacho indio.
Antes de Hoyos, el sexo más explícito en literatura colombiana podía leerse en poemas de Miguel Rasch Isla o de Jorge Rojas, y en algunos pasajes de la novela Salomé de José María Vargas Vila. Y aunque había salas de cine triple x en varias ciudades, pasaría más de una década antes de que fundaran en 1979 Trópico Producciones, la primera empresa colombiana de cine porno.

Para mediados de los ochenta, libros como Nadie conoce mi sexo, Sor Terrible, Magola la prostituta, El tumbalocas, Aventuras de una bogotana, Ofelia la voluptuosa, El club del beso negro, Frentenalga y Careculo, se conseguían en librerías y colgaban de kioscos de periódicos y revistas.

En el documental Hernán Hoyos, un escritor de mala reputación, realizado por Carlos Fernando Rodríguez en 2009, el columnista Óscar Collazos admite que en una época le tuvo a Hoyos “una envidia muy grande porque era el único escritor colombiano que ganaba plata antes de García Márquez”. El cineasta Lisandro Duque añade: “Hoyos fue un rompedor de la castidad de los jóvenes lectores colombianos”. Y el poeta Juan Gustavo Cobo Borda aclara que dentro de la lista de libros leídos por Andrés Caicedo “de modo admirativo estaba Hernán Hoyos”.

En la Semana Santa de 2009, a escasos meses de morir, el periodista cubano José Pardo Llada me contó que no ol-vidaba un día de finales de los ochenta en que lo invitaron a un colegio femenino al sur de Cali para hablar sobre periodismo y literatura a las estudiantes de grado once. Luego de las formalidades, el cubano les dijo: “Levanten la mano las que hayan leído a Gabriel García Márquez”. De un salón de treinta, dos o tres lo hicieron. “Levanten la mano las que han leído a Hernán Hoyos”, les dijo luego.

–Y de todas, Juan Miguel, ninguna se quedó con la mano sobre el escritorio.

Pocos días antes me había citado con Hoyos en la Plaza de Caicedo. Sentados en una banca, estuvimos contem-plando mujeres de todo tipo: adolescentes y veteranas, mestizas y mulatas, indígenas y negras, altas y bajitas, flacas y gordas. Entre ellas, una mulata de culo portentoso nos dejo boquiabiertos. Hoyos me explicó que en Cali el mestizaje había creado un tipo de mujer curvilínea, muy provocativa.

–El problema es que si uno se mete con una joven de esas –agregó señalando con los labios a la mulata que se alejaba– también se mete con la familia. Tal como está la situación en el país y acá en Cali, no sería raro que el papá estuviera en la cárcel, el hermano en la calle inhalando pegante, y ella prostituyéndose para alimentar a dos muchachitos.

Solté una carcajada.

–Vos te reís –me dijo, completamente serio– porque estás muy joven y no tenés problema para conseguir novia–. Hizo una pausa. Dio una mirada fugaz al andén por el que se perdió la mulata y concluyó: –Para uno ya tan viejo es terrible.
Hernán Hoyos vive en una casa espaciosa con piso de cemento, paredes sin resanar, y puertas y ventanas en madera rústica protegidas por rejas de hierro forjado. No tiene cielorraso. La construyó hace unos veinticinco años con el dinero de una herencia. Hoyos fue uno de los primeros que llegaron tumbando monte a esta colina del sur de Cali. Hoy la zona recibe el nombre de Alto Nápoles y está delimitada por la cerca del Batallón Pichincha.

En su biblioteca tiene los originales de sus cuarentaipico libros (la imprecisión es de él), entre los cuales hay uno que otro de ensayos y una biografía inédita de Joaquín de Caicedo y Cuero. Son bloques de hojas parduzcas, perforadas por polillas, varias con la tinta desvanecida. También tiene copias de un largometraje que escribió, dirigió y produjo en 2006, titulado Mariposas oscuras, una historia de infidelidades, crímenes y fantasmas en una familia de clase media. Junto a los anaqueles hay un piano vertical de color negro que Hoyos procura tocar todos los días. Noches atrás, con suficiente habilidad interpretó para mí Claro de luna, Para Elisa y un vals de Brahms.
Hijo de un exitoso corredor de seguros y de una profesora de piano, Hernán Hoyos nació en Cali como el mayor de tres hermanos y vivió su niñez entre esta ciudad, Popayán y Pasto. A los doce años, su madre lo matriculó en el Con-servatorio de la Universidad del Cauca. Entre el piano y el violín, Hoyos descubrió su predilección por la literatura. Leía a Julio Verne y era un visitante habitual de la Librería Climent –en esos días lugar de tertulias entre Baldomero Sanín Cano y Guillermo Valencia–. En una clase de español de tercero de bachillerato, Hoyos escribió su primer cuento: la historia de un niño que al regresar a casa descubre muerta a su mamá.

–El profesor nos dijo: “Escribir cuentos es muy difícil”, y le dije que yo podía escribir uno y mostrárselo al otro día. Eso hice. Yo ya estaba convencido de que iba a ser escritor.

Sería hasta 1953 cuando vería en letras de molde su primera novela, El retorno de la monja alférez, la historia de Catalina de Erauso. Personaje histórico del siglo XVII, nacida en San Sebastián, España, esta mujer escapó del convento, se disfrazó de hombre para enlistarse en el ejército español y desapareció en el naufragio de un barco en el Golfo de Veracruz. La novela de Hoyos, que muestra a la monja salvándose del naufragio y viviendo en la Colombia de la Colonia, fue publicada en tres entregas en el Diario del Pacífico –impreso caleño, conservador y sectario, destruido por la turba du-rante el paro nacional de 1957 que propició la caída de Rojas Pinilla–.

A los 25 años, Hernán Hoyos ganó el concurso de cuento de la revista mexicana Aventura y Misterio, con el relato “Las hermanas del coronel”. El segundo lugar lo ocupó el después muy famoso José de la Colina con “El jardín de las señoritas Villahermosa”. El jurado dijo del relato de Hoyos que era uno de los más originales que había recibido la revista, “pequeña obra maestra del género”. Un año más tarde, gastó sus ahorros en la edición de su segunda novela, Callejón de San Roque, historia de un sicario del Partido Conservador –pájaros, les decían– que en plena violencia partidista se enamora de un imposible. La siguiente novela fue Ron, Ginger y limón, de 1962. Otro relato de amores imposibles, aunque sin la cortina de la violencia.
Los días de Hernán Hoyos pasaban entre la escritura y empleos varios –recepcionista de hotel, operario de fábrica, ayudante de biblioteca, auxiliar en El País, vendedor de electrodomésticos–, hasta que una noche de 1968, sentado en la cafetería de la Librería Nacional, conoció a José Pardo Llada. Se hicieron amigos. Conversaron de Cali y de Cuba, del oficio de la escritura.

–Pero como la obsesión de los cubanos es el sexo, siempre terminábamos hablando de viejas –dice Hoyos–. Él me contaba sus aventuras. A las mías yo les agregaba observaciones de la vida sexual. Para darte un ejemplo: todas las lesbianas que he conocido son paticorticas. La pierna larga es propia de la mujer heterosexual.

Pardo Llada le dijo: “Tú lo que debes escribir es el Informe Kinsey colombiano, un estudio detallado de la vida sexual en este país”. Se refería al estudio del científico gringo Alfred Kinsey, el cual reveló que muchas de las prácticas sexuales consideradas marginales eran en realidad muy comunes.

–Agarré la idea en el aire –continúa Hoyos–. En vez de hacer un informe académico, vi que si escribía las vidas sexuales de varias personas, de diferente género y condición sexual y económica, podría dar una idea de lo que era el sexo en Cali.

Hoyos conversó con gente de la aristocracia valluna, con artistas, intelectuales y periodistas, casi todos de clase media; con prostitutas, travestis y proxenetas de la zona de tolerancia; hasta con delincuentes encarcelados.

–Vos sabés que no es fácil tener acceso a la vida íntima de las personas. Lo primero fue echar mano de mis amigos. Como mi padre tenía una acción en el Club San Fernando y otra en el Club Colombia, y yo iba a diario a esos clubes, tenía amigos de la clase alta. A los de más confianza, les decía que estaba escribiendo un libro y necesitaba que me con-taran sus cuentos de cama. Les prometía reserva de identidad. Algunos accedieron. Hice lo mismo con amigas de mi hermana Marianella. De esta manera, escuché la historia de exitosos profesionales y de mujeres de alta sociedad. Por ejemplo, la de un amigo del San Fernando que era actor de teatro. Él me confesó su homosexualidad y que su última orgía había sido con otro actor y dos arquitectos. Luego, busqué personajes distintos y me fui para la cárcel de Cali. El director me permitió entrevistar a algunos criminales. Uno de ellos había violado a su compañero de celda, amenazándolo con un cuchillo en la barriga. Después de escucharlo un rato, le pregunté si penetrar a un hombre era distinto que a una mujer. El tipo sonrió con vanidad y me dijo: “No. Metérselo a un hombre es igual que metérselo a una hembra”. Fueron estos detalles los que hicieron tan exitoso el libro.

Siguió con personajes de burdeles. Hoyos se había inaugurado en los prostíbulos antes de los veinte años, así que recorría la zona de tolerancia con familiaridad y muchas de las prostitutas lo distinguían. Él las invitaba a tomar algo, les contaba que estaba escribiendo un libro y las escuchaba. Luego de preguntárselo, me aclaró que ni sus entrevistados más pobres le habían recibido dinero a cambio de sus testimonios. Todos habían hablado sin esperar recompensa.

–Mirá, yo estaba convencido de que ese libro iba a ser un aporte importantísimo a la cultura caleña –me dice Hoyos, divertido–. Entonces me volví un cínico terrible. Recuerdo que fui a buscar al cura de la iglesia del barrio San Fernando. Cuando me presenté en la parroquia, le dije: “Padre, estoy escribiendo un libro sobre la condición sexual de los caleños y vengo a que me cuente su vida sexual”. Imaginate, ni me conocía. El padre, muy cortés, me hizo entrar. Frío pero no grosero, me dijo que él era completamente casto.

Cuando ya había reunido más de treinta historias, descartó las que le parecieron poco sinceras o exageradas, o las que no tenían escenas curiosas.

–Con el tiempo entendí que era imposible comprobar la veracidad de lo que me decían. La gente se inventa un personaje para quedar bien. Mirá, el relato titulado “Seductor” es la historia de un amigo mío. Luego me di cuenta de que apenas una parte era verdad, la de que podía tener solo un orgasmo por relación pero penetrando a una mujer podía durar cuatro horas. Lo que no me contó y descubrí después es que le escribía cartas a una amante en las que inventaba aventuras homosexuales y ella se excitaba con eso.
Hoyos tituló el libro Crónicas de la vida sexual. Por la armada e impresión pagó 6.000 pesos –el arriendo mensual de una casa podía costar 500–. Lo llevó a la Librería Nacional de la Plaza de Caicedo. Negoció con Pardo Llada el 10% de la venta total por la publicidad en sus espacios de prensa y radio, y en menos de quince días agotó 2.500 ejemplares distribuidos únicamente en Cali, solo en ese punto de venta. Uno de los libreros de la época me contó que por las tardes la gente hacía fila para comprar un ejemplar. Que un amigo suyo había sorprendido a su abuela encerrada en el sanitario leyendo las Crónicas. Raúl Echavarría Barrientos, durante años director del diario Occidente y amigo del novelista, lo leía sin sacarlo del cajón de su escritorio y si se antojaba de hojearlo fuera de la oficina, digamos haciendo cola en un banco, lo ocultaba en un libro más grande.

–Cuando yo caminaba por el centro de la ciudad, algunas personas me detenían y me decían que el libro les había gustado mucho. En general, entre lectores de literatura yo percibía que mi libro había sido aprobado. Había algunas personas mayores, viejos sobre todo, que decían que yo narraba cosas horrorosas, pero eran minoría. Ni la Iglesia se molestó. Acaso un cura que me topé en el cerro de Cristo Rey y que al reconocerme me dijo: “Usted es un escritor de porno. Usted contemporiza con todo”.

Al final, Hoyos cobró 11.000 pesos por las ventas. Dinero suficiente para decidirse a vivir de sus libros. Abandonó el trabajo que tenía –vendedor de productos de Croydon del Pacífico– y desertó de la carrera de humanidades que recién iniciaba en la Universidad del Valle.
Arañando hasta el último peso, un año y medio después publicó Crónica de ultratumba, novela sobre una casa de espiritistas en la que timaban a los clientes. Un fracaso en ventas. Doce meses más tarde, regresó a la fórmula de las Crónicas con Casos insólitos de la vida sexual. Y aunque no alcanzó el éxito de su antecedente, logró que un literato gringo amigo suyo, Robert Maxwell, tradujera tres relatos del libro y los vendiera por cien dólares cada uno a la revista Knight –competencia de Playboy en Los Ángeles–, que los publicó a lo largo de 1972.

–Uno fue “El caso de la prostituta virgen”; otro, “Las hijas seducidas”. No recuerdo el tercero. Eso fue hace mucho tiempo. Además, yo voté las revistas originales pensando que no valía la pena guardarlas, o que sí valía la pena pero que me faltaba por hacer, me faltaba por hacer, me faltaba por hacer… y así se me fue la vida.

Vinieron luego dos de los títulos que más vendió: La colegiala y Sor Terrible. Unos 6.000 ejemplares de cada uno en tres ediciones consecutivas. Ambos, relatos reales basados en las conversaciones con las protagonistas. El primero, la vida sexual de una adolescente de dieciséis años. El segundo, la vida lésbica de una monja desde la adolescencia hasta la madurez.

Durante este tiempo, Hoyos había vivido con su madre en el barrio San Fernando. Cumplidos 43 años, se independizó. Con el ánimo de industrializar su escritura, alquiló una casa en el mismo barrio, armó el depósito de sus libros, instaló cuatro máquinas de escribir y se dedicó a teclear todo el día, todos los días. Mantenía su estado físico trotando hasta el cerro de Cristo Rey y alimentándose con una dieta poderosa en carbohidratos.

Cuando recibía los ejemplares de la imprenta, él mismo salía a venderlos maletín en mano o a dejarlos en consignación en librerías y puestos de revistas. Como su fama le alcanzaba, llevó libros a Buga, Tuluá, Cartago, Pereira, Ibagué. A Bogotá iba tres o cuatro veces por año. Al menos una vez viajaba a la costa y dejaba ejemplares en Barranquilla y Cartagena. Cuando lo consideraba prudente, pasaba por cada punto recogiendo el dinero. En la época en que pagaba 2.500 pesos mensuales de arriendo, tenía en bodega 200.000 pesos en ejemplares.

–En todo caso, era una vida pobre porque los libros no son negocio –dice Hoyos–. Nadie te compra grandes lotes de libros.

Fueron años de intensa producción editorial. Nada más en 1975 publicó cuatro novelas y una recopilación de cuentos que antes habían visto la luz en el suplemento cultural del diario Occidente. Con cada máquina de escribir avanzaba en una historia diferente. Si culminaba una escena o un capítulo de novela, o si se bloqueaba desarrollando un personaje, pasaba a la siguiente máquina y proseguía otra historia. Su sello editorial se llamaba Ediciones Exclusivas y las solapas de cada ejemplar informaban: “Ediciones Exclusivas publica novelas de tres géneros: social, de aventura y misterio, y eróticas”. Una de las que llamaba sociales era Protectores de doncellas, en la que dos tipos con plata seducían a adolescentes pobres y las obligaban a abortar luego de preñarlas; una de misterio era La fortuna de los Mendieta, la lucha de un detective por evitar que una familia quedara en bancarrota.

En Cali, la publicidad de Pardo Llada mantenía arriba la venta de las novelas, sobre todo porque nunca dejaba de referirse a ellas como “absolutamente pornográficas”. Además, lo visitaba con frecuencia siempre acompañado por gente de la farándula caleña o por colegas periodistas. Así, a Hoyos un día le caía un amigo poeta con su joven amante; al otro, un comisionista del periódico se le aparecía con una prostituta. Él a todos los recibía con cordialidad y aprovechaba para preguntarles por sus vidas sentimentales, o por anécdotas de cama. La gente, fascinada con la posibilidad de leerse luego en alguno de los libros de Hernán Hoyos, le contaba intimidades sin tapujos.

No pocas veces estas visitas terminaban en cópulas, en orgías. A pesar de que el novelista evitaba las fiestas con música a alto volumen y nadie se podía quejar de que él o sus visitantes protagonizaran escándalos o peleas, su casa comenzó a ser vista por algunos vecinos como un sitio de libertinaje y vicio.

–La casa se fue desacreditando y yo no entendía muy bien cuál era la razón –dice–. Los vecinos solo veían que mucha gente entraba y salía, nada más. Hasta que un día un amigo mío le dijo algo a una niña de quince años, hija de la vecina, que estaba muy bonita, nada grosero. La niña le contó a la mamá. Esa señora me sermoneó y me gritó: “¡Con mi niña no se meta!”. Le respondí que yo ni siquiera le dirigía la palabra a la niña. Pero la señora estaba envenenada: cuando publiqué la novela Coca, un auxiliar me empacaba los libros en mi maletín y yo le decía: “Para hoy necesito cincuenta ejemplares de Coca”. Como de esta señora solo me separaba una pared, ella escuchaba todas mis conversaciones y se imaginó que yo era un traficante y me denunció con la policía. Cuando me cayeron, se dieron cuenta de que era un libro. A los días, el dueño de la casa me llamó y me dijo que se la entregara. Yo le dije que no me quería ir y que le podía pagar un poco más de arriendo. El tipo no aceptó y me tocó irme.

De aquella temporada en San Fernando le quedó su esposa. Una vecina de 22 años llamada Nubia. Menuda, de piel blanca, pelo castaño oscuro. Fue amor a primera vista. A los días de haberse conocido, el novelista se la llevó a vivir con él, y aunque la familia de la mujer se opuso, Hoyos la hizo su esposa y rápidamente la dejó embarazada.

El nacimiento de su primer hijo obligó al novelista a mejorar sus cuentas. Tras dejar San Fernando, saltó de barrio en barrio. Le quitó tiempo a su escritura y ensayó negocios propios: abrió una vinería y quebró. Abrió una hostería y quebró. A mediados de los ochenta, su esposa ya le había dado cuatro hijos –una mujer y tres hombres– y él ya había comenzado a edificar su casa en Alto Nápoles. A su oficio de colaborador permanente en Occidente sumó el de comisionista de anuncios para el mismo periódico.

Fue en esa época cuando lo conocí.
Era una tarde de marzo o abril de 1992 (la imprecisión es mía). Yo estaba en la oficina de mi papá, asistente de la Dirección en Occidente. Un hombre de poca estatura, bastante calvo, de piel cobriza y ojos escondidos de un color entre verde y café, entró y nos saludó. Luego de una breve conversación, mi padre me lo presentó. “Mijo, el escritor Hernán Hoyos”. Me sorprendí. “Ah, es él”, pensé.

En esa época sus libros me tenían engolosinado. Uno tras otro, los leía con la fiebre sexual de un adolescente de ca-torce años. De la modesta colección de pornografía oculta entre unos dos mil títulos de la biblioteca de mi padre, yo ya había hojeado las revistas y leído todos los cuentos y artículos. Y como esa colección no se actualizaba, llegué a las ca-rátulas de los libros de Hoyos. Recuerdo la de El tumbalocas, la foto de una mujer semidesnuda con unas tetas suculentas de pezones colorados. La de Sin calzones llegó la desconocida, la foto de una rubia hermosa, desnuda junto a una puerta con las bragas en la mano. La de El precio del crimen, un collage de mujeres semidesnudas y hombres armados, y la de 008 contra Sancocho, una caricatura de un viejito que ampliaba con lupa la huella de una mano sobre la nalga turgente de una mesera en babydoll. Aquellas ediciones eran del mismo tamaño que las Selecciones del Reader’s Digest. Cuando le pregunté por las carátulas, me explicó que las había hecho con fotografías que recortaba de revistas extranjeras. Las ilustraciones se las pedía a Luis E. López, caricaturista de Occidente.

Una tarde de junio de 2010 caminé con Hoyos por varias librerías de viejo buscando estas ediciones. Aunque muchos libreros no lo reconocieron al verlo, todos sabían de sus libros y decían que la gente los demandaba con regularidad. Al final, solo hallamos Se me paró el negocio, justo el único sin mujeres lascivas o ilustraciones insinuantes en la carátula, apenas el título sobre la tapa verde.

Esa tarde le pregunté si alguna vez había ofrecido o intentado negociar sus novelas con editoriales grandes para tratar de recibir adelantos y pagos sobre las ventas. Me dijo que sí, que a Plaza y Janés y a Norma había enviado La herencia de los Molina. A Bruguera, otra. No recordó cuál.

–En Plaza y Janés me contestaron: “Rechazado” y en Norma ni me respondieron ni me devolvieron el manuscrito. Tuve que ir por él. En Bruguera me dijeron que la novela era interesante, pero no la publicaron y tampoco me devolvieron la copia. No te sorprenda que se la hayan vendido a algún autor de novelitas de vaqueros.

Le pregunté si lo había intentado con los libros de sexo explícito y me dijo que no.

–¿Por qué no?

–Porque me gustaba el oficio de ser escritor, editor y mi propio distribuidor –dijo–. Porque he tenido la compulsión por ser independiente. Y porque coroné por mi propia cuenta –añadió, enfático, como si mi pregunta hubiese puesto en duda su carrera–. Tengo mi casa, la gente me ha leído, me reconocen, los periodistas me volvieron famoso y si lo hicieron por algo fue. En este momento he llegado a la realización de cosas que me propuse hace muchos años. Mirá, Pardo Llada me decía: “¿Y tú por qué estás tan pobre con semejante éxito?”, “¿A qué llamas tú pobre?”, le decía yo. La riqueza tiene varias formas. Su chofer se metía: “Don Hernán es buena gente y pobre”. ¡Imaginate, el chofer de Pardo Llada! Yo, callado. Con el dinero que gasté en la película Mariposas oscuras hubiera podido comprar un automóvil y no lo hice.

Tras un silencio, añadió que había emprendido la reedición de todos sus libros pero como ya no le gustaba viajar, únicamente los distribuía en Cali.

–Por eso apenas son trescientos ejemplares de cada título. Lo que pasa es que tengo más de cuarenta obras para re-editar. Multiplicá eso por trescientos ejemplares, da una cantidad espantosa de libros. Y estoy dispuesto a reeditarlos todos. Comencé en 2002 y van cinco, la que ahora está en prensa es Sor Terrible. La próxima será El miembro de Lucifer.

Le dije que considerara hacer una selección de sus novelas para enviarla a una editorial, que quizás yo le pudiera hacer el puente con algún editor para que las leyera sin compromiso de publicación. Y me dijo que no, que una selección implicaría entregar toda la obra y que esa era su vida entera. Hizo un silencio largo como dándose una oportunidad de pensar mejor lo que acababa de escuchar.

–Te ruego que me comprendás –finalizó, alejando cualquier duda–. No quiero perder el control de mi pequeño negocito editorial.

Una actitud parecida había tenido con dos muchachos caleños representantes de un célebre sitio porno llamado lindapop.com. Enterados de los libros de Hoyos por una nota en la edición online de El Tiempo en mayo de 2010, los muchachos le pidieron una cita, se encontraron en la terraza del Hotel Royal en la Plaza de Caicedo, le explicaron qué ofrecía el sitio y quisieron saber si le sonaba adaptar una de sus novelas para una película que se vendiera a través de la página. Hoyos se negó de plano. Dijo que él no tenía tiempo para escribir el guion y orientar la adaptación, y no iba a permitir que otro lo hiciera. Por más que los muchachos le explicaron la forma en que podría ganar plata a través de internet, el novelista permaneció inflexible.

En uno de nuestros primeros encuentros, Hoyos me contó que un amigo suyo le había propuesto vender los libros descargándolos de internet. Y no le había ido bien:

–El tipo me adelantó 100.000 pesos y yo le di un cedé con Sor Terrible y mis datos biográficos. Luego, se desapareció. No creo en internet como negocio, es una güevonada. El negocio funciona si tú vas a cobrarle al cliente y te paga en efectivo o en cheque. En esta época hay cosas que son muy nombradas pero no son negocio: el internet y las librerías.

El negocio que sí le dio alguna estabilidad económica fue la venta de repuestos eléctricos de automóvil a nombre de la importadora que su hermano Octavio tiene en Pereira. A partir de 2002, como había hecho en sus ventas anteriores, Hoyos tomó un maletín, un bloc de facturas y un puñado de hojas sueltas, y fue de un almacén a otro ofreciendo la mercancía. Empezó con dos o tres clientes y en diciembre de 2010, una tarde en que lo acompañé a dejar encargos y cobrar cuentas, visitamos no menos de diez locales. Recuerdo que entramos a un almacén atendido por tres hombres de overol manchado de grasa de motor. En la pared, había calendarios con fotos de mujeres muy jóvenes en diminutos trajes de baño. Tras los saludos, Hoyos se detuvo en los calendarios y preguntó:

–¿Cuántos de ustedes se comerían a una mujer de estas, sin pensar en sus esposas? –Los tres dijeron que sí–. Entonces, los tres son normales –concluyó, serio.

Lo miré sin entender.
 –Ninguno es marica –acotó con una risita burlona–. En esta época, pueden tomarlo como un cumplido.

Después de dos almacenes más, entramos a una cafetería. Caía la tarde y el sofoco daba paso a la brisa caleña que hace bailar las ramas de los árboles. Luego de una que otra idea suelta, me preguntó por mi profesión, cómo me ganaba la vida. Mi explicación le despertó recuerdos:

–Con los periodistas de El País nos íbamos para la zona de tolerancia. ¿A vos te tocó la zona de tolerancia de Cali?

–La de mi época quedaba en la avenida octava norte, entre el barrio Granada y la avenida sexta. Los travestis y las putas se ofrecían en las esquinas. En las discotecas se compraban drogas sin problema. Todo eso –recalqué– hoy en día es la zona rosa.

–No, yo te hablo de la calle 19, en el centro –dijo Hoyos, arrellanándose en la silla–. Había una cuadra entera de ma-ricas, la mayoría provenían del Eje Cafetero. Recuerdo a Beatriz, de ojos grandes y pestañas largas, un culote. Apenas dieciséis años y le preguntábamos: “¿Beatriz para qué tenés ese culo?”, y decía: “Para los hombres, para los hombres”. Y cuando no hablaba con nadie musitaba para sí misma: “Prefiero la muerte, prefiero la muerte”. Algunos amigos míos se la comían. Igual con las muchachas, casi todas eran del Eje Cafetero, lindísimas, blancas de pelo negro, todo un privilegio porque las putas de Cali eran negras o mulatas. Yo me alcancé a enamorar de una y le quedé mal. Uno de joven… Era una quindiana linda. Se llamaba Edith. La invité a comer, a bailar y luego a que nos acostáramos. “¿Y si le dijera que no?”, me dijo. “¿Por qué me vas a decir que no?”. Pichamos cinco veces esa noche. Quedó enamorada de mí. Le conseguí trabajo en un café y se fue a vivir a un apartamentico decente. Ahora pienso que hizo eso para que yo la encontrara más digna de mí. Y no fui capaz de proponerle que viviéramos juntos y que tuviéramos una familia.

Hizo una pausa y desvió su mirada hacia la calle. El rumor de la avenida deformaba la música de la cafetería.

–Pasaron los años y me la encontré –prosiguió volviéndose hacia mí–. Un carro paró al lado mío. Nos vimos. Estaba toda nerviosa y me dijo: “Entre, entre Hernán”. Vi que tenía dos hijos pequeñitos, cabezones. Le pregunté de quién eran y me dijo: “Estoy viviendo con un médico”. No dije nada. Pero entendí que estaba nerviosa por haberse encontrado conmigo –agachó la cabeza–. Para resumirte: no le respondí –su voz cobró el tono de la autorrecriminación–, no les respondí a varias mujeres porque con esa capacidad sexual que había adquirido con mi dieta de carbohidratos, solo me interesaba copular y copular y copular. Y ahora tengo remordimiento. Me casé de 45 años y mi esposa me dio cuatro hijos inmejorables. Pero ahora siento remordimiento por esos años de mi juventud. Cómo es la vida… ¿no?

Hoyos no lloraba ni tenía los ojos aguados, pero su abatimiento era inocultable. Puso los codos sobre la mesa y guardó silencio. Ya me tenía acostumbrado a esos silencios repentinos tras haber hablado largo rato, como si pusiera un punto aparte al final de un extenso párrafo. Recapitulé: a su edad, Hernán Hoyos vivía prácticamente solo. Dos de sus hijos varones llevaban años viviendo fuera de Cali y habían comprado una casa en un condominio en Pereira, a donde se había ido a vivir la mamá de ellos tras haberse separado del novelista. Su hija también vivía por su cuenta. Con Hoyos solo vivía uno de sus hijos, pero era cuestión de tiempo para que se fuera de la casa. El menor, Octavio, me había explicado no sin cierta dureza que la soledad de su papá se la había ganado él mismo porque era una persona “muy difícil”. Y que la obsesión por el sexo y las mujeres había sido su infortunio.

Como si lo hubiera percibido de antemano y ya me resultara obvio, le dije:

–Me parece que ese remordimiento es la reacción a tu soledad o el temor a la soledad.

Hoyos me buscó los ojos. Y lo negó con la cabeza. En un tono ligeramente fanfarrón respondió:

–Mirá, tengo una o dos cincuentonas que mantienen detrás de mí, me lo han pedido de frente, no te las he presen-tado. Pero yo no me dejo atrapar.
Una de las últimas veces que vi a Hoyos fue en la casa de sus hijos en Pereira. Era la tarde de un martes, a comienzos de 2011. Hoyos me había traído de Cali un paquete con fotocopias de sus novelas, varios cuentos completos y reseñas de prensa acerca de su obra. En el paquete también había metido las reediciones de Sor Terrible y de La colegiala, cuyo aspecto era muy distinto al de las viejas ediciones que yo tenía. Estas parecían cartillas y las carátulas eran dibujos a lápiz sin mujeres desnudas, del mismo Luis E. López, ya también octogenario. Durante largo rato habíamos hablado de las similitudes entre Cali y Pereira, y de algunas de sus novelas. Yo ya me iba.

–¿Hubieras preferido –le pregunté camino a la puerta– que en este momento de tu vida los lectores te reconocieran por ser un novelista versátil, no solo por ser el escritor pornográfico?

–A mí me gustaba el sexo como tema para la literatura, pero no me hubiera inclinado a escribir historias exclusivamente eróticas si no hubiese recibido el empujón de Pardo Llada. Ahora, esos libros me hicieron famoso porque la gente prefiere el sexo a otros temas. De ahí en adelante, aunque escriba cualquier cosa con la misma técnica y habilidad narrativa, la gente va a pensar que leerá sexo. Y eso no se puede cambiar.

–¿Cómo te está yendo con las ventas de las reediciones?

–No es fácil vender libros en Cali. Cuando voy por la calle, la gente me reconoce, me saluda, algunos me invitan a almorzar, pero no tienen 5.000 pesos para comprarme un libro. Eso es Colombia.

Le dije que con las fotocopias que me había traído pensaba ponerle punto final a este perfil. Hoyos no hizo ningún comentario; parado al lado de la puerta se limitó a decirme muy serio:

–Tengo que presentarte a mi nuevo proyecto amoroso. Tiene como veinte años. Es la hija de un panadero. Se deja coger la mano, se deja besar la mano. Es linda.

–¿Qué tendrías qué hacer para que una mujer de esas se fijara en vos?

–No sé –vaciló un instante y luego sonrió generosamente dejando ver un hueco negro en medio de su tablero dental–: la constancia vence lo que la pinta no alcanza.

miércoles, 29 de agosto de 2012

2° Concurso de Cuento, Dramaturgia y Poesía BibloRed Homenaje a Héctor Rojas Erazo


La Red Capital de Bibliotecas Públicas – BibloRed convoca para participantes de los Talleres de Creación Literaria y Cafés Literarios de las Bibliotecas Públicas de Bogotá

Bases del concurso:
1. Podrán participar los usuarios de los Talleres de Creación Literaria y Cafés Literarios de las Bibliotecas Públicas de Bogotá, a excepción de aquellos que han ganado versiones anteriores del concurso (no aplica para las personas que han recibido menciones de
honor).

2. Las modalidades de participación son:
- Principiantes: Individuos que llevan menos de un año asistiendo a los Talleres de Creación Literaria y/o a los Cafés Literarios de BibloRed.

- Expertos: Individuos que llevan más de un año asistiendo a los Talleres de Creación Literaria y/o a los Cafés Literarios de BibloRed.

3. Las categorías son: cuento, dramaturgia y poesía.

4. Cada concursante se podrá presentar sólo en una (1) de las dos modalidades, y en una (1) de las tres categorías del concurso, con un texto inédito y de tema libre.

5. Los textos deberán tener una extensión máxima de 800 palabras y enviarse en papel tamaño carta, a doble espacio, letra Times New Roman, tamaño 12.

6. Los concursantes deberán enviar un correo electrónico a comunidaddeescritores@biblored.edu.co con dos archivos adjuntos. El primero contendrá el texto firmado con seudónimo. El segundo especificará la siguiente información: nombre del cuento, escena dramática o poema; seudónimo; nombre completo del autor; número del documento de identificación; teléfonos; dirección electrónica; datos biográficos básicos y el Taller o Café Literario de la Biblioteca a la que pertenece. En el asunto del correo se detallará la modalidad y la categoría en la cual se está participando.

7. El jurado, integrado por tres promotores de lectura y escritura, seleccionará un (1) cuento, una (1) escena dramática y un (1) poema ganadores y dos (2) menciones de honor por cada categoría.

8. El plazo de entrega de los trabajos vence el lunes 22 de octubre de 2012.

9. Los ganadores recibirán una bonificación para adquirir material bibliográfico y audiovisual y sus textos serán publicados en el libro del VI Encuentro de Cafés Literarios y Talleres de Creación Literaria. Los textos que reciban mención de honor también harán parte de dicha publicación.

10. El fallo se dará a conocer en el marco del VI Encuentro de Cafés Literarios y Talleres de Creación Literaria de la Red Capital de Bibliotecas Públicas – BibloRed, que se realizará en la Biblioteca Pública Parque El Tunal el sábado 15 de diciembre de 2012, donde se realizará la lectura de los textos premiados y la entrega de la publicación.

Barranquilla, capital americana de la cultura 2013

Es el gran núcleo cultural de la costa norte colombiana. García Márquez popularizó su río en El amor en los tiempos del cólera. La designación coincide con su 200 aniversario como villa
Baile folclórico celebrado durante el acto celebrado en Barranquilla. foto:Efe. fuente:elpais.com
Aunque fuera de Latinoamérica muchos solo la conocen como la ciudad colombiana donde nació Shakira y escenario de uno de los carnavales más importantes del continente, declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, Barranquilla es mucho más que eso. Esta bella urbe es conocida como La puerta de oro a Colombia, ya que constituye el puerto marítimo y fluvial por el que entró el progreso y la cultura al país andino vía el Caribe. En ella desemboca el navegable río Magdalena, la principal arteria fluvial del país, que García Márquez popularizó en El amor en los tiempos del cólera. Fue escenario de las luchas por la independencia y del viaje final del Libertador Simón Bolívar hacia la muerte. Actualmente es el principal núcleo cultural de la costa norte colombiana y por ello ha sido declarada Capital Americana de la Cultura 2013 por el International Bureau of Cultural Capitals (organización que impulsa el desarrollo cultural en distintas regiones), en un acto que coincide con el 200 aniversario de la denominación de la ciudad como villa de Colombia.
"Estamos muy contentos, es la primera vez que una ciudad colombiana es Capital Americana de la Cultura", comenta Liney Escorcia, jefa de prensa de la Secretaría de Cultura de Barranquilla, en conversación telefónica. "Aunque aún no hemos terminado la agenda cultural para el 2013, pronosticamos que vamos a recibir inversiones en turismo, construcción y otras empresas. La cultura es nuestra bandera y nuestra aliada para impulsarnos".
Por Barranquilla entró el progreso y la cultura; escenario de las luchas por la independencia, del viaje final del Libertador Simón Bolívar y de múltiples actividades artísticas
En el evento, celebrado en el Teatro Amira de la Rosa entre ritmos de cumbia, puya y vallenato entre otros, se habló de la riqueza musical, literaria y folclórica de la ciudad, que sustituye a Sao Luis (Brasil) en el podio del certamen cultural. El presidente del International Bureau of Cultural Capitals, el español Xavier Tudela, encabezó el certamen y destacó que la urbe había sido elegida entre otras cinco, candidatas "por su voluntad decidida de hacer de la cultura un elemento estratégico de cohesión social, dinamización ciudadana, desarrollo económico y proyección internacional".
Al acto también acudieron la alcaldesa de la ciudad, Elsa Noguera, y la ministra de cultura Mariana Garcés, quienes destacaron la necesidad de trabajar por la cultura para el desarrollo de la ciudad y del país. "Si queremos un desarrollo integral de la ciudad, tenemos que trabajar con la cultura", declaró Noguera ante más de mil espectadores.
Si queremos un desarrollo integral de la ciudad, tenemos que trabajar con la cultura
En las décadas de los cuarenta y los cincuenta, la ciudad fue escenario del movimiento intelectual encabezado por el Grupo de Barranquilla, que reunió a las principales personalidades de la cultura colombiana en el mítico bar llamado La Cueva, que hoy es una fundación cultural. Del 8 al 12 de febrero la fundación llevará a cabo el VI Carnaval Internacional de las Artes en el Teatro Amira de la Rosa, en el que tendrán lugar proyecciones de cine, obras de teatro y otros eventos culturales. La ciudad también es sede de una de las festividades más imaginativas del país: el Carnaval de Barranquilla, declarado en 2003 Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Otras Capitales Americanas de la Cultura

J. M
Antes que Barranquilla fueron denominadas Capitales Americanas de la Cultura:
 Mérida (México, 2000)
Iquique (Chile, 2001)
Maceió (Brasil, 2002)
Ciudad de Panamá (Panamá) y Curitiba (Brasil), ambas en 2003
Santiago (Chile, 2004)
Guadalajara (México, 2005)
Córdoba (Argentina, 2006)
Cuzco (Perú, 2007)
Brasilia (Brasil, 2008)
Asunción (Paraguay, 2009)
Santo Domingo (República Dominicana, 2010)
Quito (Ecuador, 2011)
Sao Luis ( Brasil, 2012)

martes, 28 de agosto de 2012

"El amor en los tiempos del cólera" llega a China

Gabriel García Márquez: Homenaje: 85.45.30*  

 "Es un libro en el que cada persona puede encontrar su propio sentimiento del primer amor y en el que García Márquez aparece como un hombre real, de carne y hueso, y sentimos profundamente lo que él siente"

De izq a drcha: Zhi An, académico chino y crítico literario; Yu Hua, escritor chino y propuesto varias veces al Nobel; Chen Zhongyi, investigador de Filología Hispánica de la Academia de Ciencias Sociales de China y Yang Ling, traductora del libro "El amor en los tiempos de cólera" y profesora del departamento de Español de la Universidad Normal de la capital pequinesa durante la presentación el lunes 27 de agosto, en la Academia China de Ciencias Sociales, de la primera versión autorizada en mandarín de esta obra, una de las más famosas novelas de Gabriel García Márquez. foto: Efe. fuente:lainformacion.com
La primera versión autorizada en mandarín de "El amor en los tiempos del cólera",una de las más famosas novelas del escritor Gabriel García Márquez, ha llegado por fin a China, un mercado en el que durante años han circulado versiones ilegales de muchas obras del Nobel de Literatura colombiano.
La profesora de español Yang Ling fue la encargada de la traducción de la obra, publicada por la editorial Thinkingdom que se presentó hoy en la estatal Academia China de Ciencias Sociales, en la capital pequinesa.
"Es un libro en el que cada persona puede encontrar su propio sentimiento del 'primer amor' y en el que García Márquez aparece como un hombre real, de carne y hueso, y sentimos profundamente lo que él siente", señaló a Efe Yang al comentar el célebre libro, su primera traducción de una novela latinoamericana.
La profesora añadió que mientras que "Cien años de soledad" se puede valorar como un libro escrito con "la pluma de Dios", en esta obra "Márquez se revela como un Jesús: con un lado de hombre y un lado divino".
"Lo que más me impresionó es el amor. Es un tipo de amor distinto. Los chinos no hablamos tanto de ello porque generalmente somos más tímidos. García Márquez habla mucho del amor. El amor que está en su libro me conmovió mucho. Y nos termina mostrando que es la cosa más importante de la vida y que sin él no podemos vivir", reflexionó Yang sobre su primera traducción latinoamericana.
Chen Zhongyi, investigador de Filología Hispánica de la Academia de Ciencias Sociales de China y quien tradujo a "Gabo" en los ochenta, elogió la traducción presentada hoy y señaló que "en su trasfondo hay mucho de la Historia de la sociedad, pero lo más importante es la imaginación y la manera de novelar de García Márquez".
Por su parte, la directora del Instituto Cervantes de Pekín (organismo que colabora con la editorial que presentó hoy el libro), Inmaculada González, comentó a Efe que la nueva traducción es admirable porque durante muchos años no se conocían en China más que ediciones no reconocidas ni por "Gabo" ni por su agente.
"Es un gran paso adelante y que también representa un nuevo momento de la situación editorial en China, que cada vez adquiere más derechos de autores extranjeros y también por supuesto significa que cada vez se van a traducir más autores chinos", opinó González.
El primer secretario de la Embajada de Colombia en China, Luis Roa, encargado de Asuntos Culturales, opinó por su parte que la obra "es un gran regalo cultural y literario que 'Gabo' le da al pueblo chino y un gran legado literario de la literatura colombiana que por fin se hace oficial".
En 1990, el Nobel de Literatura colombiano llamó "piratas" a los chinos al descubrir que sus obras se traducían sin autorización, y la leyenda entre los hispanistas chinos dice que afirmó que "ni 150 años después de su muerte la daría".
Con el protocolo de 1991 del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, editoriales estatales chinas primero y privadas después trataron de adquirir los derechos de la obra maestra del realismo mágico latinoamericano, pero consideraron demasiado alto el precio que puso Carmen Balcells, agente de "Gabo".
La traducción ahora publicada, de Thinkingdom Media Group Ltd, es la tercera que la casa editorial presenta de García Márquez tras haber lanzado en mayo del año pasado, la versión oficial de "Cien Años de Soledad" y poco después el ensayo "Yo no vine a dar un discurso", un compilado de los discursos que ha escrito con este fin.
"Anteriormente sus trabajos no se habían publicado de manera formal, por eso creemos que tenemos la responsabilidad de publicarlos para contribuir a la mejora de la literatura que existe en China y para que los lectores chinos puedan acceder al trabajo de García Márquez", declaró a Efe, Liu Cancan, representante de la editorial.
 *85 años de Gloria. 45 años de la publicación de Cien años de soledad. 30 años del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura. Homenaje. Café Literario Bibliófilos: Crónica de una muerte anunciada. Sábado 1 de septiembre: 3pm. Biblioteca Pública Virgilio Barco. Biblored.

lunes, 27 de agosto de 2012

Diez consejos para escribir buenas historias

Ricardo Silva Romero propone algunas recomendaciones para tener en cuenta a la hora de escribir. Sus consejos revelan los secretos detrás de ese proceso creativo, íntimo y solitario, que es hacer literatura
Ricardo Silva Romero, escritor colombiano desgrana consejos de su cocina literaria. foto.fuente:revistaarcadia.com
Allá usted
1. Yo, de ser usted, no corregiría lo que hasta ahora estoy escribiendo, no corregiría las primeras 24, 48, 72 páginas de la novela que por fin pude empezar, porque cuando se revisa lo escrito mucho antes de ser terminado suele correrse el riesgo de llegar a la conclusión de que se está haciendo basura. ¿Y si se está haciendo basura entonces qué?: ¿empezar de nuevo? Yo, de ser usted, sólo me sentaría a leer lo que he escrito unas semanas después de haberle puesto el punto final. Si es malo, si no está a la altura ni de sus ideas ni de sus expectativas, por lo menos tendrá en las manos un relato de principio a fin que puede salvarse en la corrección, en la edición.  
2. Yo, de ser usted, escribiría sobre lo que sé aun cuando en un principio no lo sepa.
3. Yo, de ser usted, no escribiría nada profundo, no encararía los temas trascendentales que en teoría ha tratado la literatura desde el principio de los tiempos (pues aparecerán así uno no quiera, estarán en el texto pase lo que pase), sino que acompañaría pequeñas vidas y pequeñas líneas que traten de ponerse a la altura de sus pequeños destinos. Iría frase por frase como quien lleva a alguien de una orilla a la otra, paso por paso. Me preocuparía por poner en escena lo que me imagino como un director que tiene en sus manos un guión. Me preocuparía por encontrar las palabras exactas. Me contentaría con dejar escrita la idea que se me ocurrió como si bastara con terminarla. Y punto. Evitaría lo grave porque lo grave, de los entierros a las juntas directivas, da risa nerviosa. Porque lo demasiado serio da risa. Y lo hondo está adentro de cada quien. Un texto literario –un poema, un drama, un relato- tiene la profundidad de un pentagrama, la profundidad que cada cuál quiera encontrarle: un texto literario depende del talento de su intérprete.
4. Yo no menospreciaría el humor. No apagaría mi sentido del ridículo mientras estoy escribiendo. No me tragaría un solo chiste que venga al caso. No descartaría la parodia pues, en estricto sentido, la literatura no es más ni menos que eso. Jugaría. Haría guiños. Caería, de tanto en tanto, en los clichés: así es la vida. No despreciaría el sentimentalismo, no, ni mucho menos lo confundiría con la sensiblería. Tampoco rechazaría el efectismo: no me daría vergüenza conseguir frases que agüen los ojos, que den risa, que den miedo. No menospreciaría, tampoco, ningún medio: ni cine ni canción ni televisión ni radio ni internet. No menospreciaría la gracia de un best seller. Me reiría de todo, en suma, pero no menospreciaría nada.
5. Yo no le temería a ser local. Yo, de ser usted, escribiría para los lectores de acá: no me sentiría ni por encima ni por debajo de los lectores de acá. ¿Por qué? Porque, para empezar, usted lo es: y usted es ese lector al que usted le está escribiendo.
6. Yo, de ser usted, escribiría en mi propia lengua: en mi propio castellano. Yo no estaría pensando en cómo hacer para que me entiendan más allá de mi ciudad. ¿Por qué? ¿Para qué? Yo no me censuraría la jerga de mi propio mundo como no se la censuraron los novelistas rusos del siglo 19 ni se la censuran los narradores gringos de estos tiempos. Pensaría a tiempo que si a usted no le cuesta sangre leer a los argentinos o a los españoles o a los mexicanos (usted no va a hacer mala cara cuando le presenten a “una mina”, usted entiende si le gritan “gilipollas” y sabe qué es “una torta de jamón” si se la ofrecen), probablemente a ellos les cueste aún menos leerlo a usted.  
7. Me aferraría a un buen personaje: pues un buen personaje –definición: una persona que no consigue fingir que es otra- es un ejemplo de un hecho humano que no se alcanza a comprender ni se puede articular de otra manera: una muestra gratis del misterio. Me aferraría a un personaje al que conociera lo mucho y lo poco que se puede conocer a una persona. Y como en cualquier obra dramática, pensando en un primer acto de presentación, en un segundo acto plagado de obstáculos para alcanzar un destino y en un tercer acto de resolución, lo pondría a vivir lo peor que puede pasarle en la vida, lo pondría a explorar si en verdad, como yo sospechaba en un principio, está a la altura de su vida. Eso: de ser usted, yo sabría para dónde voy antes de empezar a escribir así termine, al final, en otra parte.
8. Yo me preguntaría, en el caso de que mañana en la mañana se me ocurriera ser escritor, qué tanto me interesa el lector, qué tanto me importa que baje por la escalera de mis versos o pase página a página todas mis páginas hasta llegar al final. Yo, de ser usted, escribiría para que alguien me leyera de la primera línea a la última. Pero, como suele decirse, escribiría el texto que quiero leer. Ni más ni menos. Si llegara a la extraña conclusión “quiero que lo que escriba sea un libro”, me preguntaría por qué no puede estar en otro medio: qué hace, en tiempos de internet, que un libro sea un libro. Me entregaría después a mi editor de confianza. Y caería en cuenta entonces de que, si lo que se ha escrito es un libro, usted no es más que parte de un equipo: que falta corregirlo, editarlo, diseñarlo, imprimirlo y entregárselo al lector. Ni más ni menos.
9. Yo, de ser usted, no me comería el cuento de la escritura. Por ejemplo: yo no diría jamás “un libro es como un hijo”, yo iría preparando el alma para que mis colegas –los jóvenes, los de mi edad, los viejos- se convirtieran en mis principales influencias, iría alistándome para cambiar la envidia de que alguien publique algo por la alegría de que alguien escriba lo que usted no puede escribir. Huiría a toda costa de la solemnidad. Me relativizaría. No perdería de vista que la fama borrosa y tranquila que trae la publicación, aun cuando tenga resonancia en la prensa, se parece a la fama de un plomero con unos cuantos clientes. Me daría risa mi pequeña fama, sí: una fama en la que aplican tantas condiciones y restricciones. Le haría caso a Paul Simon: So you want to be a writer? / But you don’t know how or when? / Find a quiet place / Use a humble pen: me sentaría en el ojo del huracán. No olvidaría que escribir ficciones es otro gesto infantil, otra manera de articular la experiencia en el mundo, y nada más. No olvidaría que el oficio del escritor es uno entre los mil y un oficios del mundo: otra clase de carpintería. No le recibiría todos los consejos a mi ego. En fin. Yo, de ser usted, no me comería el cuento: punto. Simplemente, trabajaría.
10. Pero eso soy yo. Allá usted. Eso soy yo, que he escrito “yo” veintidós veces en este texto porque escribo para vivir en paz conmigo mismo, para deshacerme una por una de mis formas de ser; porque escribo –y esta es sólo una de las mil razones para hacerlo- simplemente porque se me ocurren las ideas y no descanso en paz hasta que no las dejo hechas. Repetía mi amigo Germán: “cada cuál hace sus cosas”. Y así es. La gracia de escribir es que cada quién halle sus reglas, que cada quién haga, en últimas, lo que le dé la gana. ¿Porque qué importa? ¿Porque cuál es la Fifa o el Vaticano que aplasta esta vocación? ¿Porque quién nos va a castigar por hacerlo así o de otra manera? ¿Porque qué tan grave es escribir un libro que tenga pocos lectores, qué tan grave es que un lector perdido en sí mismo que sepa pronunciarlo nos diga “usted no es Coetzee”? Porque todos los libros, desde esos preciosos textos en los que nada más seguimos a una voz hasta esas tramas macabras que no nos dejan irnos a dormir hasta que no las terminamos, desde esos juegos experimentales que nos exasperan pero nos fascinan hasta esos relatos contenidos que nos cargan de poesía, desde los más comprometidos con la fantasía hasta los más comprometidos con la realidad, están en todo su derecho.

domingo, 26 de agosto de 2012

El cuento del domingo

 

Rubem Fonseca 

 

Cualquier semejanza no es mera coincidencia

 

En la madrugada del día 3 de mayo, una vaca marrón camina por el puente del río Colorado, en el kilómetro 53, en dirección a Río de Janeiro.Un turista de la empresa Unica Autocares, matrícula RF-80-07-83 y JR-81-1227 circula por el puente del río Coroado en dirección a Sâo Paulo.
Cuando ve a la vaca, el conductor Plinio Sergio intenta desviarse. Da contra la vaca, da contra el muro del puente, el autocar se precipita al río.
La vaca está muerta encima del puente.
Debajo del puente, están muertos: una mujer vestida con falda larga y blusa amarilla, de alrededor de 20 años y que nunca será identificada; Ovidia Monteiro, de 34; Manuel dos Santos Pinhal, portugués, de 35 años, que usaba un carné de socio del Sindicato de Empleados de Fábricas de Bebidas; el niño Reinaldo, de 1 año, hijo de Manuel; Eduardo Varela, casado, 43 años.
Fueron testigos del accidente Elías Gentil dos Santos y su mujer Lucilia, residentes en las cercanías. Elías manda a su mujer que traiga un cuchillo de la casa. ¿Un cuchillo?, pregunta Lucilia. Un cuchillo, de prisa, imbécil, dice Elías. El está preocupado. íAh!, cae en la cuenta Lucilia. Lucilia corre.
Asoma Marcilio da Conçeiçâo. Elías lo mira con odio. Aparece también Ivonildo de Moura Júnior. íY esa imbécil que no trae el cuchillo!, piensa Elías. Le da rabia todo el mundo, sus manos tiemblan. Elías escupe en el suelo varias veces, con fuerza, hasta que se le seca la boca.
Buenos días, don Elías, dice Marcilio. Buenos días, dice Elías entre dientes, mirando a los lados. íEse mulato!, piensa Elías.
Qué cosa, dice Ivonildo, después de inclinarse sobre el paredón del puente y mirar a los bomberos y los policías que están abajo. Enfrente, además del conductor de un coche de la Policía de Tráfico, sólo están Elías, Marcilio e Ivonildo.
La situación no está nada bien, dice Elías mirando a la vaca. No logra despegar los ojos de la vaca.
Es verdad, dice Marcilio.
Los tres miran a la vaca.
A lo lejos se ve la silueta de Lucilia, corriendo.
Elías se puso a escupir de nuevo. Si pudiese, también yo sería rico, dice Elías. Marcilio e Ivonildo menean la cabeza, miran a la vaca y a Lucilia, que se acerca corriendo. A Lucilia tampoco le gusta ver a los dos hombres. Buenos días, doña Lucilia, dice Marcilio. Lucilia responde meneando la cabeza. ¿He tardado mucho?, pregunta, sin aliento, al marido.
Elías sujeta el cuchillo con la mano, como si fuese un puñal; mira con odio a Marcilio e Ivonildo. Escupe en el suelo. Corre hacia la vaca.
En el lomo es donde está el solomillo, dice Lucilia. Elías corta la vaca.
Marcilio se acerca. ¿Después me presta el cuchillo, don Elías?, pregunta Marcilio. No, responde Elías.
Marcilio se aleja, andando deprisa. Ivonildo corre a gran velocidad.
Van a buscar cuchillos, dice Elías con rabia, ese mulato, ese cornudo. Tiene las manos, la camisa y los pantalones llenos de sangre. Deberías haber traído una cesta, una bolsa, dos bolsas, idiota. Ve a buscar dos bolsas, ordena Elías.
Lucilia corre.
Elías ya ha cortado dos trozos grandes de carne cuando asoman, corriendo, Marcilio y su mujer Dalva, Ivonildo y su suegra Aurelia y Erandir Medrado con su hermano Valfrido Medrado. Todos llevan cuchillos y cuchillas. Se arrojan sobre la vaca.
Lucilia llega corriendo. Apenas puede hablar. Está embarazada de ocho meses, tiene lombrices y su casa queda en lo alto de una colina, el puente en lo alto de otra colina. Lucilia ha traído un segundo cuchillo. Lucilia corta la vaca.
Que alguien me preste un cuchillo; si no, incauto todo, dice el conductor del coche de la policía. Los hermanos Medrano, que han traído varios cuchillos, le prestan uno al conductor.
Con una sierra, una cuchilla y una hachuela aparece Joâo Leitâo, el carnicero, acompañado de dos ayudantes.
Usted no puede, grita Elías.
Joâo Leitâo se arrodilla junto a la vaca.
No puede, dice Elías dándole un empujón. Joâo cae, sentado.
No puede, gritan los hermanos Medrano.
No puede, gritan todos, con excepción del conductor de la policía.
Joâo se aparta; a diez metros de distancia, se detiene, se queda observando con sus ayudantes.
La vaca está semidescarnada. No fue fácil cortar el rabo. Nadie consiguió cortar la cabeza y las patas. Nadie quiso las tripas.
Elías ha llenado las dos bolsas. Los otros tres hombres usan las camisas como si fuesen sacos.
Quien primero se retira es Elías con su mujer. Hazme un filete, le dice a Lucilia sonriendo. Voy a pedirle unas patatas a Doña Dalva, te haré también unas patatas fritas, responde Lucilia.
Los despojos de la vaca están desparramados en un charco de sangre. Joâo llama con un silvido a sus dos auxiliares. Uno de ellos trae una carretilla. Allí disponen los restos de la vaca. En el puente sólo queda el charco de sangre.
Rubem Fonseca (Juiz de Fora, Minas Gerais, 11 de mayo de 1925). Escritor y guionista de cine brasileño. Fue formado en Derecho, habiendo ejercido varias actividades antes de dedicarse enteramente a la literatura. En 2003, ganó el Premio Camões, el más prestigiado galardón literario para la lengua portuguesa, una especie de nobel para escritores lusos; y el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.
En 31 de diciembre de 1952 inició su carrera en la policía, como comisario, en el 16º Distrito Policial, en São Cristóvão, en Río de Janeiro. Muchos de los hechos vividos en aquella época y de sus compañeros de trabajo están inmortalizados en sus libros. Alumno brillante de la Escuela de Policía, no demostraba, entonces, propensiones literarias. Pasó poco tiempo en las calles. La mayor parte del tiempo en que trabajó, hasta ser exonerado el 6 de febrero de 1958, un policía de oficina. Cuidaba del servicio de relaciones públicas de la policía.
En junio de 1954 recibió una licencia para estudiar y después dar clases sobre ese tema en la Fundación Getúlio Vargas, en Río de Janeiro. En la Escuela de Policía se destacó en psicología. Los contemporáneos de Rubem Fonseca dicen que, en aquella época, los policías eran más jueces de paz, separadores de pelea, que autoridades. Rubem veía, debajo de las definiciones legales, las tragedias humanas y conseguía resolverlas. En ese aspecto, afirman, él era admirable. Escogido, junto con otros nueve policías cariocas, para especializarse en Estados Unidos, entre septiembre de 1953 y marzo de 1954, aprovechó la oportunidad para estudiar administración de empresas en la Universidad de Nueva York. Después de salir de la policía, Rubem Fonseca trabajó en la Light hasta que comenzó a dedicarse integralmente a la literatura.
Es reconocidamente una persona recluida que adora el anonimato y se rehúsa a dar entrevistas, como Dalton Trevisan y como Thomas Pynchon, que es su amigo personal. Aun así es descrito por sus amigos como persona simple, afable y de óptimo humor. Tello Garrido nos narra un comentario que le hizo Fonseca durante una visita a México sobre los motivos que lo llevan a mantenerse al borde de los reflectores literarios:
Al parecer Rubem Fonseca prefiere pensar que un escritor puede decir todo lo que a él le parezca importante, independientemente de lo que los lectores puedan opinar al respecto, pero siempre a través de sus obras y no como personaje público que dicta sentencias en cuanto tiene un micrófono enfrente. Él mismo me comentó después que John Updike le había dicho alguna vez que la fama es como una máscara que los hombres suelen ponerse, y que resulta peligrosa porque devora el rostro original, le impone gestos, niega la identidad de quien se la ha echado encima.
Las obras de Rubem Fonseca generalmente retratan, en estilo seco, áspero y directo, la lujuria sexual y la violencia humana, en un mundo donde marginales, asesinos, prostitutas, delegados y pobres miserables se mezclan. Fonseca dice que un escritor debe tener el coraje de mostrar lo que la mayoría de la gente teme decir. La historia a través de la ficción es también una marca de Rubem Fonseca, como en las novelas Agosto (su libro más famoso) en la que retrataba las conspiraciones que resultaron en el suicidio de Getúlio Vargas, y en El Salvaje de la Ópera en la que retrata la vida de Carlos Gomes, o aún sobre la obra La Caballería roja, libro de Isaac Babel retratado en Vastas Emociones y Pensamientos Imperfectos. Casi todos los autores brasileros contemporáneos reconocen la importancia de Fonseca, y algunos de la nueva generación, tales como Patrícia Melo o Luis Ruffato, dicen que es una gran influencia.
Creó, para protagonizar algunos de sus cuentos y novelas, un personaje antológico: el abogado Mandrake, mujeriego, cínico y amoral, además de profundo conocedor del submundo carioca. Mandrake fue transformado en serie para la cadena de televisión HBO, con guiones de José Henrique Fonseca, hijo de Rubem, y el actor Marcos Palmeira en el papel protagonista.
Pues le interesa profundamente el arte cinematográfico, escribe también guiones para filmes, muchos premiados.
Es viudo y tiene tres hijos.
Obra. Los Prisioneros (cuentos, 1963). El Collar del Perro (cuentos, 1965). Lucía McCarney (cuentos, 1967). El Hombre de Febrero o Marzo (antología, 1973). El Caso Morel (novela, 1973). Feliz Año Nuevo (cuentos, 1975). El Cobrador (cuentos, 1979). El Gran Arte (novela, 1983). Bufo & Spallanzani (novela, 1986). Vastas Emociones y Pensamientos Imperfectos (novela, 1988).Agosto (novela, 1990).Romance Negro y otras historias (cuentos, 1992). El Salvaje de la Ópera (novela, 1994).El Agujero en la Pared (cuentos, 1995). Historias de Amor (cuentos, 1997).Y de este Mundo Prostituto y Vano, Sólo Quise un Cigarro en mi Mano (novela corta, 1997). La Cofradía de los Espadas (cuentos, 1998). El Enfermo Molière (novela, 2000). Secreciones, Excreciones y Desatinos (cuentos, 2001).Pequeñas Criaturas (cuentos, 2002). Diario de un Libertino (cuentos, 2003).64 Cuentos de Rubem Fonseca (cuentos, 2004).Mandrake, la Biblia y el bastón (novela, 2005).[1].Ella y otras mujeres (cuentos, 2006).La novela murió (Crónicas, 2008). El Seminarista (Novela, 2010)
Sus cuentos reunidos fueron publicados en 1994 bajo el sello Alfaguara títulado: Mejores relatos.

Foto:archivo.Semblanza biográfica:Wikipedia.Texto: El cuento del día

miércoles, 22 de agosto de 2012

Laura Restrepo dedica "Hot Sur" a quienes se juegan la vida en la frontera

Hot sur, la última  y feroz novela de la escritora colombiana, donde hace un juego literario y un grito de libertad e irreverencia
Laura Restrepo cambió de editor. Hot sur la publicará Planeta. foto:alfaguara.com.fuente:lainformacion.com
Literatura de frontera, mestiza, "donde el choque brutal de culturas hace que se caiga el maquillaje y que la realidad muestre sus muchas caras". Así es "Hot Sur", la nueva y feroz novela de la escritora colombiana Laura Restrepo, un juego literario y un grito de libertad e irreverencia.
"Los muros que nos dividen son como cicatrices, el de Berlín, el de Palestina, el de Tijuana, y en torno a esas cicatrices se juega el destino humano. Esta novela quiere ubicarse justamente ahí, en ese punto de vértigo, y el verdadero protagonista es ese Sur que no permite que lo encajonen y lo encierren", explica a Efe Laura Restrepo desde Nueva York, donde está pasando unos días.
"Hot Sur", que publicará en octubre Planeta, ya que la escritora ha cambiado de sello editorial -antes estaba en Alfaguara-, es una novela muy actual, radical, feroz pero aventurera y divertida, como la vida de los que la juegan al límite y donde el límite está entre el fin del sueño americano y el inicio de otro que empieza, como precisa Laura Restrepo (Bogotá, 1950).
Una historia con una saga de tres mujeres latinas que van a Estados Unidos, donde la madre se parte el lomo por alcanzar un sueño que se desploma, mientras las hijas luchan por escapar de la pesadilla.
"Me cansa horrores que el inmigrante indocumentado sea visto o como plaga o como drama humanitario. Son los dos extremos convencionales para abordar el asunto", argumenta Restrepo.
"Yo quise explorar una tercera vía ajena al odio, pero también a la compasión, una variante que vaya más allá de la famosa 'tolerancia', ese valor por excedencia del neoliberalismo que quiere decir 'no te quiero, pero te tolero'", dice la autora de "El leopardo al sol", "Delirio" (premio Alfaguara) o "La multitud errante".
Amor, violencia, misterio, un crimen, ritos pandilleros, mujeres que tienen que abandonar a sus hijos que casi siempre crían los abuelos o familiares porque ellas buscan una oportunidad al otro lado; cárcel, y mucho amor por la palabra, en ese cruce entre los sonidos cálidos y sensuales del español de América Latina y el pragmatismo del inglés, pueblan estas páginas.
Y cómo no, la cultura y la escritura como lucha contra la pobreza. "Hot Sur" está plagada de citas de pensadores pero destaca la del alemán Walter Benjamin que dice que "la narrativa es el lenguaje del perdón", una idea que vertebra todo el libro.
"Hay todo un juego literario dentro de la literatura, una y otra vez, como una matrioska rusa: historias encriptadas en escritos, cartas, documentos, porque siempre he creído que la historia es la historia de cómo esa novela ha sido escrita".
En la novela aparecen títulos de los más variopintos que los personajes van leyendo, porque tampoco se reconocen fronteras entre lo culto y lo popular. "Fiel a esa teoría, he intentado moverme en el filo entre el 'thriller' y la novela clásica, entre el best seller y el worst seller, entre el inglés y el español", añade.
"Me he desquitado despotricando contra toda forma de autoridad y contra los sistemas autoritarios coercitivos, especialmente los que pasan por democráticos -sostiene-. Existe en los Estados Unidos un mapa 'underground', que probablemente los propios norteamericanos no conozcan, que es el escenario de 'Hot Sur', como una clínica clandestina en pleno Manhattan".
¿Cómo operan las hermandades latinas en las cárceles en Estados Unidos? o ¿Dónde y cómo trabajan los emigrantes? Todo eso está en este libro, "un estallido de libertad, de irreverencia; de pitorreo ante la represión; de alegría colectiva y humor grueso, de fiera reivindicación de lo que los mexicanos llaman raza", concluye la autora.
Profesora de Literatura en las universidades colombianas durante un tiempo, periodista durante décadas, activista política, exguerrillera del M-19 e integrante de la comisión negociadora entre el Gobierno colombiano y el M-19 en 1982, Laura Restrepo es hoy una de las escritoras en lengua española más traducida y reconocida.
Residente en México, la autora de "Olor a rosas invisibles" ha puesto toda su experiencia y saber en este nuevo libro, en el que aúna su pericia literaria y su compromiso político y social.

martes, 21 de agosto de 2012

A la espera de la memoria

Gabriel García Márquez: Homenaje: 85.45.30* 

El director danés Henning Carlsen, que en 1966 adaptó Hambre, de Knut Hamsun, recreó Memoria de mis putas tristes, la última novela de García Márquez
El mexicano Emilio Echevarría, conocido por su papel en Amores perros, es el protagonista de la cinta basada en Memoria de mis putas tristes.  fotos: Pelis MKV. fuente:elespectador.com
La fecha de estreno en el país de la adaptación de Memoria de mis putas tristes es todavía incierta. La novela, publicada en 2004, trajo consigo, además del éxito, varias críticas que la tildaron de invitar a la pedofilia y ser una apología de la prostitución infantil. En 2009, justo cuando empezó a circular la noticia de la filmación de esta novela en Puebla (México), activistas de los derechos de los menores, cineastas y periodistas entonaron sus frases para subrayar que “la novela tiene un público limitado, la película en cambio terminará en televisión y será masiva”, decía Lydia Cacho. La presión y el retiro de algunos productores congelaron el proyecto durante un año.
Para la realización de esta versión de la novela, Henning Carlsen, el director de la película, convocó a su viejo amigo Jean-Claude Carrière, cineasta francés, para que juntos coescribieran el guión y deshojaran, una vez más, un libro para llevarlo al cine. El reto de hacer una adaptación de un premio Nobel ya había sido sorteado por Carlsen en 1966, cuando filmó Hambre, del escritor noruego Knut Hamsun, nominada a la palma de oro en el festival de Cannes.
La historia que traza Gabriel García Márquez en Memoria de mis putas tristes al decir: “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen”, se ha mantenido en la película. Desde octubre del año pasado empezó la gira por festivales internacionales y el pasado abril ganó el premio especial del jurado joven en el Festival Internacional de Málaga (España). Mientras continúa su recorrido, El Espectador conversó con Henning Carlsen.
¿Cuándo se interesó en la novela?
Como lector devoto de García Márquez me interesó desde el momento que escuché de su publicación. Cuando salió en danés, en junio de 2005, la leí bajo condiciones de estrés por la operación que había sufrido en mi espalda y fue una lectura apropiada porque sólo tenía 105 páginas y era fácil sostenerla en cama. En realidad no me dio una gran impresión con la primera lectura, aprecié más que fuera ligera para mis manos mientras me recuperaba.
Entonces, ¿qué lo hizo pensar en una adaptación?
Fue todo un proceso. Lo único que podía hacer en mi período de reposo era leer. Leí y releí los clásicos rusos: Tolstói, Chéjov, Dostoyevski y demás. Recuerdo que me detuve un momento mientras leía Crimen y castigo para ver la foto de Dostoyevski, esa imagen que yo sabía que Knut Hamsun, el escritor noruego premio Nobel de Literatura, mantuvo colgada encima de su mesa de trabajo la mayor parte de su vida. Eso me hizo pensar en el libro Hambre, de Hamsun, del que hice una adaptación en 1966. Recordé cómo ese libro estaba narrado en primera persona y no develaba al lector el nombre de su narrador. El personaje se suponía que era un periodista o escritor, un poco loco, y tenía una extraña relación con una chica muy lejos de su propia clase. De este modo empecé a pensar: ¿dónde he visto un concepto similar recientemente? Fue en ese momento que Memoria de mis putas tristes volvió a mí. Los paralelos siguieron apareciendo: los dos escritores inventaron nombres para sus amigas; en Hambre le puso el nombre Ylajalí y en Memoria fue nombrada Delgadina. Ambas niñas siguen en secreto a sus admiradores sin ser descubiertas. Los dos héroes caen en desesperación hacia el final de las historias.
¿La negociación de los derechos impuso algunas condiciones para la película y, por supuesto, cuánto costaron?
Se negociaron los derechos para hacer la película con Carmen Balcells, agente de Gabo, que vive en Barcelona. Nos llevó algún tiempo, pero pasó en el mejor ambiente posible. El problema con la pregunta es que no estoy autorizado para decir lo que se pagó por los derechos. La única restricción impuesta por el agente, en nombre del autor, fue que sólo yo tendría el derecho de dirigir una película basada en este libro. Lo que por supuesto significaba que no podía comprar los derechos y luego vendérselos a algún otro.
¿Qué cineastas o películas lo influyeron para la adaptación?
 Además de Jean-Claude Carrière, que dio una mano de ayuda con el guión, y de los cineastas creativos en mi equipo, sería difícil nombrar otras personas o películas que influyeron en la realización. Por supuesto, con 64 años de experiencia en la industria he recibido influencias de muchos lados. Amigos y profesionales de diferentes tipos dieron sus consejos y conocimiento especial de los asuntos del Caribe. Cuando se supo que planeaba hacer una película de Hambre la gente me dijo que no sería posible, y lo mismo ocurrió cuando se supo que quería hacer una película de Memoria de mis putas tristes.
¿García Márquez participó en alguna parte de la realización de la película?
Aparte de haber escrito el libro, no.
¿Cómo llegó Geraldine Chaplin al grupo de actores?
Hice una primera versión del guión y me las arreglé para enviárselo y le gustó desde el primer vistazo. Se quedó con el proyecto hasta el final y, hasta donde entiendo, le encantó.
Con la experiencia que tiene en adaptaciones, ¿cuáles fueron los mayores retos esta vez?
Fueron tres. Reducir el número de conversaciones telefónicas que tiene el libro. Abstenerme de utilizar un narrador, ya que el libro es una narración de largo. Y verla como una historia de amor.
¿Por qué la película se filmó en Campeche, México?
Después de una fatal idea de los productores de rodar la película en Puebla —en donde el título se había cambiado por Sueño del Caribe—, se volvió a la idea original: Campeche. Por cierto, teniendo en cuenta todo el alboroto alrededor de este libro cuando salió en 2004 —la acusación contra el libro y García Márquez por la promoción y defensa de la pedofilia—, la elección de Puebla fue una estupidez porque su gobernador fue expuesto públicamente por ser la cabeza de un conocido caso de pedofilia. Yo se lo había advertido a los productores, pero no me escucharon y eso costó un año de retraso.
¿Sabe de alguna reacción de García Márquez con respecto a la película?
Sólo que la familia la ha aprobado y aceptado que diga “basada en el libro de Gabriel García Márquez”.
Finalmente, no he visto una buena adaptación de las obras de García Márquez, ¿por qué cree que esta vez puede ser diferente?
 Necesitaríamos otra entrevista para discutirlo, pero para eso espero que pronto se estrene en Colombia.

*85 años de Gloria. 45 años de la publicación de Cien años de soledad. 30 años del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura.Café Literario Bibliófilos.  La candida Eréndira. Película. Ruy Guerra. Agosto 25. 3pm. Sala de música.Biblioteca Pública Virgilio Barco.