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sábado, 7 de febrero de 2015

BCNegra 2015. Séptimo informe

De la sed de whisky y la falta de fe

Alicia  Giménez Bartlett durante su discurso. BCNegra 2015./Rubén López./elpais.com

Por Alexis Ravelo


No me lo puedo creer, ditoseadiós... Al final, resultó que era cierto. Casi no daba crédito a mis ojos cuando lo vi a usted, ahí, oculto entre el público, clavándome en el cogote su mirada de avispa a través de los agujeros que había hecho en su programa de mano. No se fía de mí, jefe, y eso duele, carajo, con lo bien que les he servido yo a usted y al Cuerpo durante todo este tiempo. Sí, ya sé que me dijo usted que solo pasaba por aquí, que el encuentro fue casual, que todo esto son paranoias mías... Pero yo he desarrollado un cierto olfato para el embuste y sé que lo que ocurre es que no cree que yo esté cumpliendo mi labor con eficacia, que piensa que estoy todo el día metido en el bar. 
Esto, como usted supondrá, daña mi autoestima. Motivo por el cual ayer, después de nuestro encuentro, ahogué mis penas en el bar del Conservatori del Liceu. Y me jode, que conste, porque abajo, en la sala, abarrotada como siempre, estaban Christoffer Carlsson, mi adorada Anna María Villalonga y Juan Bolea —Charlotte Dink no pudo venir—, hablando sobre novela psicológica. Y después, al parecer, se armó la de San Quintín con Leandro Pérez, Santiago Roncagliolo y Juan Sasturáin, hablando de fútbol y corrupción. Sin embargo, las lágrimas de dolor a causa de su desconfianza no me permitieron, por esta vez, cumplir mi cometido. Y, las cositas claras, suya, que no mía, es la culpa. En fin, para usted hace. Por cierto, en el bar del Conservatori hay una cuenta que dejé a su nombre. Ahora ya no tengo por qué mandarle las facturas: puede satisfacerlas usted mismo, sacar los sucios billetes de esa cartera negra, como negra es el alma que tiene.
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De izquierda a derecha: Luis Alejandro Díaz, Santiago Roncagliolo, Leandro Pérez y Juan Sasturáin | Foto: Rubén López
Así, con mi congoja y seis whiskis entre pecho y espalda, me fui a la plaza de San Jaume, y me colé de rondón en el Saló de Cent del Ayuntamiento, porque ayer se entregaba el Premio Pepe Carvalho. Este galardón, usted lo sabe, es uno de los platos fuertes de la BCNegra. Premia la trayectoria de veteranos y activos escritores negrocriminales. Otros años lo obtuvieron Francisco González Ledesma —alias Silver Kein—, Henning Mankell, P. D. James, Michael Connelly, Ian Rankin, Andreu Martín, Petros Márkaris, Maj Sjöwall y Andrea Camilleri. Y esta vez la distinción que otorga l’Ayuntament ha ido a parar a una gran dama del crimen: Alicia Giménez Bartlett.
Pero esta no es una dama del crimen cualquiera. Esta mujer es la madre literaria de la mismísima Petra Delicado y del propio Fermín Garzón. Ella fue la pionera, la primera y yo diría mejor de las autoras que pusieron a mujeres policías a investigar. Sí, señor: en una época en la que los personajes femeninos no eran protagónicos y se limitaban a representar a la víctima, la ayudante del investigador o la fatal mujer fatal —incluso en las novelas escritas por mujeres—, esta albaceteña adoptada por la ciudad de Barcelona tuvo los redaños de escribir Ritos de muerte, la primera novela de esta serie en la que Delicado, con su distancia crítica, disecciona la realidad española a lo largo de libros como Un barco cargado de arroz o El silencio de los claustros. El más reciente se titula Crímenes que no olvidaré, y me lo voy a llevar de aquí firmado por esta mujer que, si ya me caía bien, ayer se ganó mi corazón para siempre. ¿Por qué? Porque hizo un discurso de agradecimiento divertido, sincero y hermoso, en el que le dio tres patadas a la solemnidad, con toda la coherencia del mundo, pues, como ella misma dijo, la novela negra, sencillamente, no puede ser solemne. Más bien, todo lo contrario: será políticamente incorrecta o no será.
Y por aquello de que será: será el discurso de esta gran dama del crimen o será que ando muy dolido con usted por su poca fe en mí, pero ¿sabe qué le digo?, que no me extraña nada que Cristina Fallarás y Toni Hill se hayan pasado al bando de esta gente. Es más, sospecho que, si esto sigue así, acabaré siguiendo sus pasos. Sí, jefe, lo siento mucho, pero me está perdiendo. Usted sabrá lo que tiene que hacer para evitarlo. Pero yo, por el momento, ya he quedado con algunos sospechosos para esta misma tarde, a las cuatro, en la Sala Barts, para charlar un rato. Estarán allí Eugenio Fuentes —un conocido habitual del que nos llegan informes desde Extremadura—, Víctor del Árbol —que está esparciendo Un millón de gotas por toda Europa— y un más que sospechoso contrabandista de libros recién llegado de Bilbao, por nombre Jokin Ibáñez y con vinculaciones con varias bandas organizadas, como Novelpol o Calibre .38. Si en esta reunión hago de infiltrado o acabo pasándome al lado oscuro, dependerá de su actitud y se verá de aquí a las cuatro. Pero, lo repito, jefe: estoy muy dolido y no sé si podrá usted ya remediarlo. Hasta entonces, lo espero en el bar. Traiga su negra cartera, porque tengo sed.
En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 7.

BCNegra 2015. Sexto informe. Fronteras

miércoles, 4 de febrero de 2015

BCNegra 2015. Quinto Informe. Las churras y las merinas

Alexis Ravelo nos entrega la mejor y más sentimental crónica de la fiesta negra. Unas líneas llenas de homenajes y buena prosa. Lean y disfruten

Se ponga sentimental o no, nuestro cronista no se pierde una ./Thalía Rodríquez./elpais.com

Por Alexis Ravelo
Jefe: de nuevo encomendado a San Actrón, intento sacar algo en claro de las imágenes que me he traído desde el sueño, elaboradas con las cosas que vi y oí ayer. Por eso Philip Kerr afirma que el Lanborghini es un trasto que Dios inventó para demostrar a los futbolistas jóvenes que están ganando demasiado dinero, mientras Ernesto Mallo explica la importancia de la sífilis en la primera fundación de Buenos Aires, y los ojos de Empar Fernández y de Rosa Ribas —dos pares de ojos perfectos cada uno en su estilo, de esos que atisban con inteligencia lo que hay más allá de las líneas y los rostros— se me clavan haciéndome preguntas que jamás podré contestar con certeza.
Usted dirá que estoy mezclando churras con merinas, pero es que aquí, en BCNegra, el Comisario Camarasa ha sabido no solo mezclar churras y merinas, sino que las churras monten a las merinas y estas paran maravillosas ovejas negras que leen a Rodolfo Walsh y cantan Blues en Jam Sessions inesperadas en las que uno nunca sabe si Tatiana Goransky acabará marcándose un tango. Ella, Goransky, participó con Ernesto Mallo y Claudia Piñeiro en una mesa moderada por Matías Néspolo sobre la novela negra argentina —que es tanto, en mi opinión, como hablar sobre la novela política argentina—, provocando carcajadas y asentimientos a un público entregado y exponiendo teorías novedosas. Mallo, por ejemplo, sostiene que el crimen no es un virus externo a la sociedad, sino algo intrínseco a ella y, por tanto, inevitable, por lo cual lo que hay que hacer es educar a los asesinos para que se conviertan en estafadores, pues siempre es preferible que te estafen a que te maten.
Antonio Lozano y Philip Kerr
Antonio Lozano (izquierda) y Philip Kerr | Foto: Thalía Rodríguez

Homenaje a los fans entregados

El público, jefe: un día tengo que dedicar unas líneas a ese público entregado que hace colas bajo el frío y la lluvia para poder ver y escuchar a sus favoritos. Por ejemplo: Philip Kerr. Yo sé que usted es fan absoluto de sus novelas sobre Bernie Gunther. Pero ahora Kerr ha dejado de contar historias ambientadas en el reino de la maldad nazi para buscar un infierno peor: el fútbol. Entre bromas y veras, dijo Kerr que sus libros tienen mucho éxito entre las mujeres —a Thalía Rodríguez no le extraña, porque, según ella, con mostrar su foto en la solapa podría captar el interés de cualquier lectora heterosexual—, pero que él quería ganar a los hombres para la lectura: le parece una función social y se proponía que, igual que Rowling volvió a atraer a los niños hacia el mundo del libro, hacer lo mismo con los hombres. Yo, jefe, qué quiere que le diga, opino que este es de los más peligrosos: a ver si ahora le va a dar a la gente honrada por leer entre Partido del Siglo y Partido del Siglo... que, se empieza por ahí y se acaba pensando.
Poca crónica más puedo hacerle de los actos oficiales. Básicamente, porque ayer, como hoy, llovía y hacía frío y uno necesitaba algo de calor. Lo encontré temprano en la tarde en la cafetería del Conservatorio del Liceu, donde pude escuchar una estupenda banda de jazz contemporáneo, a la misma vez que, en el interior del auditorio, se sucedían las mesas redondas. Pero uno andaba algo tristón pensando en eso que hace  siempre el Comisario Camarasa antes de empezar los actos de cada día: mencionar a quienes nos han dejado recientemente, que son Josep Forment, Paco Porrúa, Jaume Vallcorba, Jean-Francois Vilart, Conxa Gubern, José Manuel Lara y Lauren Bacall, la flaca que nos enseñó a silbar. Y yo, que tengo mis propios muertos recientes, acabo de escuchar en la radio que ha comenzado a nevar en Barcelona y recuerdo aquel momento tan triste y bello de un cuento de Joyce que finaliza diciendo “... nieva sobre los vivos y sobre los muertos”. ¿Recuerda?



Pero el ratito melancólico duró poco y algo me sacó de esta nostalgia boba que me entra con las precipitaciones: un encuentro con Andreu Martín, el Maestro, Rosa María Puig y Juan Sasturain, el Maestro de Ultramar —otro de esos elementos peligrosos—, quienes, sin percatarse de mi condición de infiltrado —o percatándose y, sin embargo, compadeciéndome por ello— me llevaron al Milano, uno de esos perfectos locales donde uno puede tomarse un cóctel también perfecto escuchando a un no menos perfecto trío de jazz —adjunto foto y factura—.  Por allí pasaron también Carmen Moreno y Toni Hill. Por más peligrosa que sea ella y más traidor a la causa que sea él, hay que reconocer que son dos individuos encantadores.   
En fin, jefe, discúlpeme el acceso de melancolía chica de hoy. Pero tras la ventana comienza a llover nuevamente y uno, aunque infiltrado, tiene su corazoncito. De estas churras y merinas de las que le informé hoy, le envío las fotos que hizo Thalía Rodríguez con nueva cámara de usar y tirar que compré en un quiosco. Las hizo ella porque yo, a partir de la cuarta cerveza, no suelo estar ya para hacer fotos.  
En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 5