Mostrando entradas con la etiqueta Porfirio Barba Jacob. Poeta colombiano. Poesía.Poemas.Obra.Colombia.México. Colaboración. Fernando Pereira.Bibliófilos. Biblioteca Pública Virgilio Barco.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Porfirio Barba Jacob. Poeta colombiano. Poesía.Poemas.Obra.Colombia.México. Colaboración. Fernando Pereira.Bibliófilos. Biblioteca Pública Virgilio Barco.. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de mayo de 2013

Dos poemas de Pofirio Barba Jacob como Ricardo Arenales


 El arte del escritor consiste en hacernos olvidar que emplea palabras


Anatole France

Porfirio Barba Jacob como Ricardo Arenales, un heterónimo.



TRISTE  AMOR
No hay nada grande, nada, sino la Muerte…
En vano querrá un ardiente Numen, tras líricos empeños,
aprisionar la turba de los silfos risueños
o descubrir las líneas de un rostro sobrehumano.

Las cosas son la espuma del tiempo en nuestra mano;
la gloria es eco de una proeza urdida en sueños:
joyeles y palacios de exóticos diseños
son fábrica de niebla, ruido del océano…

Con todo, Cintia mía, en la noche nevada
junta a mi carne lívida tu carne sonrosada…
y un hijo rasgue otrora las brumas del camino.

¡Si es crimen dar renuevos a la materia oscura,
yo purgaré en mí mismo la erótica locura
de dos lobeznos tristes que amamantó el Destino!

          Ricardo Arenales, Tegucigalpa, 1917.

 
CANCIÓN LIGERA
Si acongoja un dolor a los humildes,
o si miran un valle, un monte, un mar,
dicen tal vez: “Dichosos los poetas
porque todo lo pueden expresar”

¡Ah! Pero en el misterio en que vivimos,
la cotidiana y múltiple emoción,
como no encuentra un ritmo que la cante
se ahoga en el sepulto corazón.

Y están sin voz el oro de los trigos,
el son del viento en pugna con el mar,
y el llanto de la noche en el palmar.

Y están sin voz, perennemente mudos,
sin quién venga su espíritu a decir,
el sol, la brizna, el niño y el terrible
pródigo del nacer y del morir.

Y nosotros, los míseros poetas,
temblando ante los vértigos del mar,
vemos la expresada maravilla,
y tan sólo podemos suspirar.
Ricardo Arenales, San Salvador, 1917.

sábado, 16 de marzo de 2013

Porfirio Barba Jacob



Poemas

Porfirio Barba Jacob: El Poeta Trashumante  y Maldito.
CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas  al viento y al azar…
tal vez bajo otro cielo la vida nos sonría…
la vida es clara, undívaga y abierta como el mar…

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está flotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
 como la entrada oscura de oscuro pedernal;
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!
que en un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! Nos hacen sonreír…

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
Como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
Y acaso si Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! Un día…un día…un día
En que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables…
¡Un día en que ya nadie nos puede detener!

Porfirio Barba Jacob, La Habana, 1915.


OH, NOCHE

Mi mal es ir a tientas con alma enardecida
ciego sin lazarillo bajo el azul de enero;
mi pena, estar a solas errante en el sendero;
y el peor de mis daños, no comprender la vida.

Mi mal es ir a ciegas, a solas con mi historia;
hallarme aquí sintiendo la luz que me tortura
y este corazón es braza transitoria
que arde en la noche pura.

Y venir, sin saberlo, tal vez de algún oriente
que el alma en su ceguera vio como un espejo
y en ansias de la cumbre que dora un sol fulgente
ir con fatales pasos hacia el fatal abismo.

Con todo, hubiera sido quizás un noble empeño
el exaltar mi espíritu bajo la tarde ustoria
como un perfume santo…
¡Pero si el corazón es braza transitoria!

Y sin embargo, siento como un perenne ardor
que en el combate estéril mi juventud inmola.
¡Oh noche del camino, vasta y sola,
en medio de la muerte y del amor!

Porfirio Barba Jacob, Barranquilla, 1906.