viernes, 6 de diciembre de 2013

Nelson Mandela en profundidad

Proponemos una serie de lecturas para zambullirse en profundidad en la personalidad del premio Nobel de la Paz, uno de los hombres que han marcado para bien, con su lucha y compromiso, la historia reciente

Nelson Mandela, Tata Madiba,Premio Nobel de Paz./elcultural.es
La vida de Nelson Mandela (Mvezo, Sudáfrica 1918-2013) se ha apagado en Pretoria, la capital ejecutiva de su país. Sin embargo, su estela continuará brillando durante muchos años en el
continente africano. Su papel como líder político, tras pasar 27 años en prisión, fue un ejercicio ejemplar de perdón y diálogo en aras de superar las políticas de apartheid que habían dividido a la población en función de la raza. Por una vez, África presenciaba como la figura de un solo hombre servía a la consecución y defensa de la auténtica libertad de un país y no para coartarla. Este compromiso con su pueblo le hizo digno de ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1993 y merecedor de un gran afecto en todos los rincones del planeta.

El inquilino más célebre que pasó por la cárcel de Robben Island seguirá siendo símbolo mundial del triunfo de la libertad sobre la violencia. Sin embargo, la mediatización de su figura, santificada hasta el paroxismo, nos dificulta la comprensión del ser humano que había detrás. Por ello, proponemos algunas obras que ayudarán al lector a superar la imagen unidimensional de un hombre que sin duda estaba conformado por dobleces.


Nelson Mandela por sí mismo
De Nelson Mandela
Plataforma/Univ. Europea

Esta obra recoge unas 2.000 citas divididas en 317 categorías ordenadas de forma cronológica, lo que nos permite ver cómo evolucionó el carismático líder sudafricano y universal ante circunstancias radicalmente nuevas: clandestinidad y cárcel en el régimen de apartheid, liberación y reconciliación, y conversión en símbolo del triunfo de la paz y de la libertad sobre la violencia. Las citas se han extraído de sus discursos, de cartas escritas a partir de 1948, de diarios personales, de observaciones improvisadas y de otras fuentes. Si buscamos en el texto un espejo de lo que más preocupó e interesó a Mandela durante su vida encontraríamos, en primer lugar, el Congreso Nacional Africano, después prisión, Sudáfrica, África, negociación y sida, lucha armada, liderazgo y libertad, apartheid y democracia, paz, compromiso y derechos humanos.
El legado de Nelson Mandela
De Richard Stengel
Temas de hoy

Durante tres años, incluido el crucial período en que Mandela condujo a Sudáfrica hasta las primeras elecciones democráticas de su historia, Richard Stengel se convirtió en la sombra de "el abuelo de Sudáfrica" para ayudarle a escribir su autobiografía. Comiendo con él, viéndole hacer campaña, oyéndole pensar en voz alta, Stengel llegó a conocer los diferentes aspectos de ese complejo ser humano y recogió toda esa sabiduría en quince lecciones esenciales de vida: por qué debemos mantener cerca a los enemigos, por qué el coraje es algo más que la ausencia de miedo, lo importante que es para todos hallar algo alejado del mundo que nos reporte alegría...
El factor humano
De John Carlin
Seix Barral

John Carlin consiguió con esta obra una aproximación muy original a la figura de Madiba. Para ello centró su relato en la utilización del rugby por Nelson Mandela para consolidar la reconciliación entre negros y blancos en Sudáfrica. Más allá de la descripción de los hechos, Carlin logra un verdadero manual sobre mediación y solución de conflictos. Una historia vibrante, brillantemente escrita, que arranca con el primer encuentro secreto, en la cárcel, de Mandela con Kobie Coetsee, ministro de Justicia de P. W. Botha, en noviembre de 1985, y termina con el triunfo apoteósico de los Springboks en la final de la Copa del Mundo de rugby, en el estadio Ellis Park de Ciudad del Cabo. Este texto fue llevado a la gran pantalla por Clint Eastwood en Invictus.
Mis cuentos africanos
De Nelson Mandela
Siruela

Mandela firma el prólogo de esta compilación de sus 32 cuentos favoritos del folclore africano. Entre sus páginas podemos encontrar la esencia de África y una sorprendente universalidad en aspectos como la humanidad, el respeto a los animales y la aparición de seres fantásticos. Todos los cuentos están ilustrados en color por 16 artistas africanos.
Conversaciones conmigo mismo
De Nelson Mandela
Planeta

En este libro el prólogo corre a cargo del presidente de EE.UU. Barack Obama para dar paso a los pensamientos de Mandela en situaciones como su puesta en libertad tras 27 años de prisión. La Fundación Nelson Mandela descubre toda una vida escrita: cuadernos de notas, borradores de cartas a jefes de Estado, calendarios, diarios y manuscritos en prisión, así como todo tipo de reflexiones. Un importante legado que descubre al hombre detrás de la autobiografía.
El largo camino hacia la libertad
De Nelson Mandela
Aguilar

En este libro descubrimos los primeros pasos de Mandela como estudiante y pasante en Johannesburgo, el lento despertar de su conciencia política, la ruptura de su primer matrimonio, la dolorosa separación de sus hijos, los veintisiete años que estuvo en prisión (repletos de acontecimientos), su libertad y la instauración definitiva en Sudáfrica de una democracia multirracial.

Las zonas turbias de la historia mexicana, según Enrique Serna

El seductor de la patria es el titulo elegido por Velasco para que conozcamos mejor su país. Un viaje por la historia

Portada El seductor de la patria de Enrique Serna./elpais.com
Nadie que no haya visto un México sin máscaras atinará a saber dónde diablos está. De pronto confundimos al narcisismo nacional con una rara suerte de patriotismo que no nos deja vernos al espejo. Y en cuanto a nuestros grandes modelos --"los héroes que nos dieron patria"-- sólo nos queda clara su fotogenia. A menos que uno tenga la fortuna de leer una novela tan regocijante como El seductor de la patria. Su autor, Enrique Serna, narra las zonas turbias de la Historia, y de paso retrata el espíritu nacional, a través de la lengua viperina de nuestro gran villano decimonónico: Antonio López de Santa Anna, mandatario reincidente culpado de "vender" medio territorio nacional a los Estados Unidos. El resultado es un relato cáustico que se lee a carcajadas, ahí donde los héroes aparecen desnudos e indefensos y la Historia no es más que autoparodia: momento de advertir que de entonces a ahora nada ha cambiado. El país es igual, la comedia es la misma y eso nadie lo sabe mejor que Enrique Serna.

Feria de Guadalajara, cruce de caminos de la nueva literatura hispanohablante

La feria de Guadalajara se confirma como un lugar de referencia para los autores emergentes

Elena Poniatowska, rodeada de jóvenes en la Feria de Guadalajara. / Saúl Ruiz./elpais.com
En su día libre, Elena Poniatowska se fue a trabajar a sus 81 años. Bajó deprisa las largas escaleras del hotel (“Adiós, doña Elenita”), cruzó la avenida (“Es un orgullo para nosotros”), entró en la Feria (“La quiero mucho”), subió las escaleras eléctricas (un hombre mayor que bajaba al lado le lanzó un beso con la mano),  atravesó unos 50 metros de expositores (“Una foto, por favor”, “¡Que Dios la guarde así de bien muchos años!”), subió las escaleras sin reducir el paso (“Mírala, es ella: ¡La amamos Elenita!”), entró en el Salón Juan José Arreola sin haber dejado de sonreír un minuto a toda esa gente que la saludaba a su paso como si fuera Frida Kahlo resucitada, se puso al día con su amiga Mayra Montero y se sentó en la sexta fila armada de una libreta anillada y un bolígrafo Bic negro, para escuchar a los cinco escritores latinoamericanos jóvenes y no tan jóvenes, pero emergentes y poco conocidos, entre el gran público mexicano y alrededores. Por la mañana, en el desayuno, la nueva premio Cervantes de Literatura que, salvo una entrevista a primerísima hora, tenía el día para ella, se enteró de que todos los días a las cinco de la tarde se reunían allí cuatro o cinco autores a “descubrir” y no quiso perdérselo por nada del mundo.
Cuando ellos la vieron tampoco se lo creían. Poniatowska, sentada muy juiciosa en medio de unas 90 personas, la mayoría estudiantes, atenta a lo que iban a decir los cinco escritores y el moderador, otro nuevo valor. Así es que lo primero que hizo el mexicano Rogelio Guedea fue dar la noticia y decir que era un honor tenerla allí. Los que no la habían visto o reconocido movieron sus cabezas buscándola. Recibía, de manera superlativa, todo ese afecto, respeto y admiración que la mayoría de mexicanos y latinoamericanos suelen expresar a los escritores y artistas en general.
La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) se ha convertido en un escaparate, en una gran ventana, por donde pasan muchos escritores, esta vez unos 600: también los llamados autores de marca (este año, desde Vargas Llosa hasta el israelí David Grossman, pasando por Colm Tóibín, Joël Dicker, Yves Bonnefoy o Alessandro Baricco, y latinoamericanos como Fernando Vallejo). Pero, sobre todo, la vocación de la feria desde el comienzo, cuenta su directora Marisol Schulz, ha sido la de dar a conocer a los escritores latinoamericanos admirados en sus países, pero apenas publicados, o ni eso, en los otros.
Hasta Poniatowska se apuntó a un encuentro de talento emergente
Es la muestra de una riqueza creativa que reconocen editores como Jorge Herralde, de Anagrama, para quien “estas diversas literaturas son más vivas y estimulantes que la española”. La FIL ha logrado convertirse en punto de referencia o símbolo de estatus, coinciden Javier Cortes, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, y las editoras Ofelia Grande, de Siruela, y Marcela González Durán, de Alfaguara México, que sirve de anfitriona y representante de las 19 sedes del sello en el continente.
Después de 27 ediciones, la FIL es más que un punto de encuentro de creadores. Es un cruce de caminos desde donde toman un nuevo rumbo e impulso el destino de los autores procedentes de 19 países de habla hispana en América, más España y Brasil. Durante nueve días la feria se convierte en un vivero de escritores que les dará un empujoncito a sus carreras o por lo menos darlos a conocer, mientras aumenta la presencia de agentes y editores de medio mundo que vienen a otear el panorama.
Hay que perder la virginidad
de escritor aquí”, dice Wendy Guerra
Sobre todo, desde hace tres años, cuando la FIL celebró su cuarto de siglo con una sección que llamó: Los 25 secretos mejor guardados de América Latina. Que no era otra cosa que 25 escritores cuyo talento no había sobrepasado sus fronteras nacionales. El año pasado esa idea se transformó en Latinoamérica viva que en esta ocasión ha convocado a 34 autores de 12 países. Y ante cinco de los cuales, Elena Poniatowska estaba tomando nota de lo que dijeran. Con su letra pegada, grande, iba apuntando sus nombres y las ideas que más le llamaban la atención de la brasileña Lucrecia Zappi, el peruano Alexis Iparraguirre, el venezolano Norberto José Olivar, y dos más conocidas, como la cubana-puertorriqueña Mayra Montero y la argentina María Teresa Andruetto, premio Hans Christian Andersen 2012.
Un día, algunos serán como esos escritores que esta semana no paran de dar entrevistas o moderar mesas redondas y que hace pocos años ocupaban sus sitios. Ahí están Edmundo Paz Soldán, Guadalupe Nettel o Wendy Guerra, quien dice riendo: “Hay que perder la virginidad literaria en Guadalajara porque es una manera nueva de darse a conocer y perder el miedo”. Entre los 34 que les ha tocado este año están también el peruano Jeremías Gamboa y la argentina Inés Garland que reconocen que apenas habían oído hablar unos de otros; tuvieron que practicar el verbo googlear.
“Yo tampoco los conocía. Qué bueno estar aquí oyéndolos”, añadía Elena Poniatowska sin dejar de aplaudir el final de la mesa redonda. Cogió su bolsito negro, guardó su libreta de notas y se puso de pie. “¿Me permite que me tomen una foto con usted?”, le pide un estudiante, y ella sonríe a la vez que se pone un poco más derecha mientras los demás estudiantes la rodean de murmullos.

Eduardo Mendoza recibe el premio al mejor libro europeo por "Riña de gatos"

El jurado rinde tributo a los fundadores de cinco grandes diarios, entre ellos El País

El escritor Eduardo Mendoza. /Álvaro García./elpais.com
La historia de Anthony Whitelands, un inglés que en vísperas de la Guerra Civil descubre un cuadro que atribuye a Velázquez, le ha valido a Eduardo Mendoza el Premio del Libro Europeo. Es la primera vez que este galardón creado en 2007 para promover la cultura europea recae en un español. El jurado, presidido por el filósofo francés Bernard Henri-Lévy, ha rendido también homenaje a cinco fundadores o directores de periódicos por su compromiso con la democracia y la construcción europea.
Mendoza, galardonado por su novela Riña de gatos. Madrid 1936, echó mano de su experiencia como intérprete y recordó la frase de Umberto Eco según la cual la auténtica lengua de Europa es la traducción. “Hoy recibo este premio gracias a que mi novela ha sido traducida a otras lenguas”, dijo en francés en el Parlamento Europeo. En la categoría de ensayo fue galardonado Arnaud Leparmentier, editorialista de Le Monde y excorresponsal en Bruselas, por su obra Esos franceses, enterradores del euro, en la que responsabiliza a los líderes de su país de muchos de los problemas de la moneda única.
Los participantes en el acto de ayer destacaron la necesidad de impulsar una identidad europea y señalaron algunos de los problemas que acechan al proyecto común. El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, alertó de los riesgos que corre la idea que ha proporcionado uno de los mayores éxitos a Europa. “Estamos pidiendo sacrificios para salvar a los bancos. La crisis no se va a resolver solo cuando mejoren las cifras económicas”, dijo el candidato socialista a la presidencia de la Comisión, que antes de dedicarse a la política fue librero.
El premio que acaban de recibir Mendoza y Leparmentier, dotado con 10.000 euros, ya recayó antes en autores como Luuk van Middelaar, Roberto Saviano, Tony Judt o Guy Verhofstadt. Esta es la séptima edición del galardón creado por la Asociación Espíritu de Europa, cuyo presidente de honor es el expresidente de la Comisión Jacques Delors.
La importancia de unos medios de comunicación que articulen el debate europeo ocupó gran parte del debate. El jurado destacó la labor de cinco fundadores y / o directores de grandes publicaciones: Juan Luis Cebrián, de EL PAÍS; Jean Daniel, del francés Le Nouvel Observateur; Adam Michnik, del polaco Gazeta Wyborcza; Eugenio Scalfari, del italiano La Repubblica; y Yvon Toussaint, del belga Le Soir. Henri-Lévy lanzó un encendido elogio a los cinco hombres que han encarnado los cinco medios de comunicación que dirigieron. “Todos ellos son europeos convencidos y consecuentes. Defienden la cultura de sus países, pero no el soberanismo. No habrá rastro de nacionalismo en ellos”, añadió el filósofo.

Los internautas preguntan a Joël Dicker

El joven escritor suizo ha protagonizado el fenómeno literario del año con su obra de novela negra La verdad sobre el caso de Harry Quebert

Joël Dicker autor de La verdad sobre el caso de Harry Quebert./elpais.com

Cascarrabias

¿Es posible ser un escritor suizo? Los creadores nacidos en la Confederación Helvética se convierten en todo menos en suizo. Creo que Durremant fue el único que permaneció en su país de origen.
Creo que es my posible ser un autor suizo y hay muchos, por ejemplo Jacques Chessex a quien admiro, pero definitivamente el tamaño del país no le permite a los autores suizos qe escribe Suiza ser conocidos pero ahora es importante recordar que Europa esta abierta y creo que mi generación es una generacioón de viajeros. Lo que puede explicar que muchos autores suizos estén escribiendo sobre otos lugares.
 

luis

¿Podrias contarnos de forma breve cual ha sido el proceso que te ha llevado a la publicacion de esta novela? ¿La rechazaron en alguna editorial?, ¿Por que? ¿Que recomendarias a un joven escritor que empieza?
Este es el sexto libro que escribo y antes que este 5 libros fueron rechazados por los editores. Para mí encontrar un editor fue un proceso difícil y me llevó tiempo. Creo que lo que hice mal al principio de este proceso fue enviar mis manuscritos de manera anónima, creo que todo escritor joven debe saber que cada casa editorial recibe muchos manuscritos y es muy difícil paa ellos decidir cuál leer. Lo que recomendaría según mi experiencia sería construir una red , tal vez asistir a ferias del libro para conocer editores en persona y entablar uan relación
 

Rebeca

¿Es difícil para un joven escritor hacerse un hueco en un sector editorial que se tambalea?
Es verdad que la situación de los libros es difícil en estos momentos, pero este no debe ser un motivo para no escribir y no buscar ser publicado. Por el contrario creo que nuestra generación debe luchar por aquello que considera importante. No debemos ser fatalistas, debemos escribir y debemos animar a la gente a leer. Y es nuestra responsabilidad hacer que le gente se emocione cno los libros como lo hacemos con los programas de televisión. Es cierto que la industria del libro está en una ala situación pero por qué no tratar de arreglarla
 

Rebeca

Cuando todos los niños querían ser médicos, astronautas o aventureros, ¿usted siempre tuvo clara esa vocación literaria?
De niño yo también quise ser astronauta, bombero y jugador de fútbol y escritor también. Ahora soy un escritor y me da mucho gusto pero todavía quisiera poder llegar a ser astronauta o futbolista
 

Atanacio_Igna

I have 2 questions: Which authors most influenced your work? What did you learn when you were writing your books that you could share with young writers? Thanks a lot!! And Congratulations!! greetings
Diría que Romain Gary, Marguerite Duras, darse el tiempo para escribir. Creo que con los otros libros, los que fueron rechazados fueron escritos my de prisa. Con este libro me di tiempo para dejarlo descansar por algunos días y luego retomar el trabajo y también aprendi a sacar del libro todo aquello que no es necesario. Al principio sentía que quitar cosas era como ir hacia atrás pero en realidad el libro resulta mejor cuando quitas las partes malas. Así que cada cosa que sacas es como un gran paso hacia adelante.
 

Elena

¿Qué estas leyendo en estos momentos? Un saludo!
Caos calmo de Sandro Veronesi.
 

Candy

¿Se considera usted un escritor 'tramposo' por la cantidad de cabos sueltos que arroja en su última novela? ¿Cree que esta técnica puede irritar al lector, o por el contrario, le empujará a seguir leyendo su novela?
Es una buena pregunta porque nunca pensé en el lector cuando escribía el libro.Cuando lo empecé a escribir todas mis novelas anteriores habían sido rechazadas por los editores así que mientras escribía el libro yo estaba concentrado en disfrutarlo más que en pensar en los lectores. La verdad es que lo disfrute tato que no quería que terminara la historia y seguía añadiendo suspenso y giros argumentales. Entiendo perfectamente que esto irrite a algunos lectores y al leer la prueba antes de la publicación me pregunté si debía sacar algo, y decidí que no para ser fiel a lo quería en realidad y no convertir la historia en algo artificial.
 

Mensaje de despedida

Gracias por darse el tiempo de hacerme estas preguntas tan interesantes. Y por su apoyo que me emociona

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Alfaguara empieza la celebración de sus 50 años de viajes literarios

La editorial elige la Feria del Libro de Guadalajara para el primer brindis con lectores y autores Vargas Llosa, Xavier Velasco, Joël Dicker y Sergio Ramírez contaron su periplo hasta llegar al sello

Portada de Rayuela, de Julio Cortázar./elpais.com
No se sabe a ciencia cierta si hubo más risas, aplausos o silencios emotivos. Y todo por un doble viaje literario en el que se embarcó Alfaguara ayer para celebrar sus 50 años en octubre de 2014. Lo cierto es que en el auditorio que lleva el nombre de uno de los escritores hispanohablantes fundamentales del siglo XX, Juan Rulfo, empezaron los festejos ante centenares de personas que asisten a la 27ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).
Un comienzo de viaje festivo encabezado por cuatro escritores cuya ruta hasta llegar a la editorial es distinta y representativa de muchos de los más de dos mil autores, con unos cinco mil títulos, que ha editado el sello en toda su vida. Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Xavier Velasco y Joël Dicker desanduvieron su pasado literario, con sus cuitas y sueños a bordo, antes de recalar en una de las editoriales más importantes del último medio siglo en el ámbito iberoamericano.
Sus voces llevaron al auditorio hacia adelante y hacia atrás, o mejor, como en un tiempo borgeano que cae como un haz de luz, y todo fuera presente eterno, instante, simultáneo. Aplausos, risas (con alguna carcajada) y silencios de la gente ante sus historias e historietas; ¿o acaso eran los argumentos de sus nuevas novelas que bajo el techo rulfiano lo trastocó todo?
No en vano, cuando Sergio Ramírez terminó de contar su periplo con destino Alfaguara en medio de risas, Juan Cruz, editor histórico del sello y corresponsable junto a su equipo de la fuerza de su espíritu iberoamericano y global, como moderador del acto, le apostilló burlón al autor nicaragüense: “Has conseguido hacer creer a toda la gente que lo que has contado fue verdad”.
Una hora antes Vargas Llosa había empezado el viaje, la sesión en la que los cuatro narradores rindieron homenaje al arte de contar y compartir historias con los amigos. Su cuento es el cuento de alguien que no quiere casarse y descasarse porque sí. Y se resume en tres episodios: empezó confesando un affaire de joven (con una pequeña editorial donde amaban a los cuentos), luego, en la adultez de los años 60, le propusieron matrimonio y aceptó feliz, y vivió como en un sueño (en Seix Barral con Carlos Barral), hasta que la luz del día lo fue despertado del sueño y decidió divorciarse (Barral había muerto, la editorial había cambiado de manos y el amor no era el mismo); pero como él es de los del amor amor, ya le había echado el ojo a su siguiente conquista, solo que esta vez iba a ser él mismo quien se declarara (era el año 1997 y al frente de Alfaguara estaba Juan Cruz). Lo hizo, asegura Vargas Llosa, porque “buscaba una editorial verdaderamente literaria, que publicara no solo la mejor literatura sino que también mantuviera una relación cercana y profesional y de consejera con los autores. Y Alfaguara quería publicar lo mejor que se escribía en español. Tenía vocación de llegar a todos los confines de nuestra lengua. Así es que me enamoré. Y rápidamente nos entendimos”.

Portada de 'Claraboya', de José Saramago.
El viaje de Vargas Llosa hasta llegar a Alfaguara coincide en ese tiempo que cae como un haz de luz en el viaje de la historia de la editorial. Sus vidas literarias nacen casi a la vez. Cuando Vargas Llosa empieza su relación con Seix Barral en Barcelona en 1962, al ganar el Biblioteca Breve con La ciudad y los perros, la idea de crear un sello en Madrid ya rondaba por ahí hasta que se concreta dos años más tarde con el nacimiento de Alfaguara, creada por el constructor Jesús Huarte y bajo la dirección de Camilo José Cela y sus hermanos Juan Carlos y Jorge Cela Trulock. Viaje al Pirineo de Lérida, de Cela, fue el primer título de la nueva editorial ("y tal vez sin quererlo ese gesto acabó por definir todo un programa editorial de viaje entre los países del español", dice Pilar Reyes, su editora). Un año más tarde nace el Pre­mio Alfaguara de Novela que distingue por primera vez Las corrupciones, de Jesús Torbado; y el segundo la ganaría Manuel Vicent con Pascua y naranjas. En los 70 Camilo José Cela se va desvinculando (en el 73 se suspende el premio) hasta que en 1975 la editorial toma un nuevo rumbo bajo la dirección de Jaime Salinas, hijo del poeta Pedro Salinas. Se imprime un carácter más universal al sello y se encarga el diseño de las portadas a Enric Satué. Es el creador de una imagen de libros que la gente recuerda y conserva por su exquisitez marcada por los colores azul y gris. En 1980, Alfaguara entró a formar parte del Grupo Santillana (del Grupo Prisa, editor de EL PAÍS). En los años siguientes, y hasta hoy, fue dirigida por José María Guelbenzu, Luis Suñén, Guillermo Schavelzon, Juan Cruz, Amaya Elezcano y Pilar Reyes. Es en 1993, bajo la dirección de Cruz, cuando se lanza el proyecto de Alfaguara Global, con la edición simultánea en España y América Latina de Cuando ya no importe, la última novela que escribiría Juan Carlos Onetti.

'Corazón tan blanco', de Javier Marías.
Es por esos años cuando Vargas Llosa, deseoso de un nuevo amor, le echa el ojo. Y en 1997 se comprometen, hasta el sol de hoy. La sesión de cuentos vívidos siguió con la magia embaucadora de Velasco y su periplo por submundos y crisis de fe en sí mismo hasta que obtiene el premio Alfaguara; luego el joven Dicker, una de las revelaciones literarias del año a nivel internacional, dijo que terminó aquí por la empatía o buenas vibraciones que le dio el sello que considera como una familia; y cerró con Sergio Ramírez, ganador junto a Eliseo Alberto y su Caracol Beach, del primer premio Alfaguara en su segunda etapa, iniciada en 1998 por la novela Margarita, está linda la mar.
Un viaje de recuerdos, risas y emociones en los que estuvieron también presentes en las intervenciones y brindis grandes ausencias como las de Carlos Fuentes, Jesús de Polanco, Jaime Salinas, Javier Pradera o Isabel Polanco quien, como recordó Juan Luis Cebrián, académico y presidente del Grupo Prisa, dueño de la editorial, un par de horas más tarde en el brindis de los festejos, ella comprendió que Alfaguara no era solo España o de España, sino que su vocación era iberoamericana, la de borrar las fronteras físicas con Latinoamérica gracias al idioma común y hermanarse definitivamente con el portugués. Eso ya fue en un caserón o mansión de corte colonial rodeados de escritores de casi todos los países iberoamericanos, de editores de todos lados y de agentes literarios que cada vez más pasan por la FIL para charlar con sellos como Alfaguara porque saben que su red de 22 sedes en sendos países iberoamericanos funciona como un vivero de futuros grandes nombres. De una editorial que, según Pilar Reyes, busca ser de autor y no de libros. Y siempre, como recordó Cebrián, en su brindis mayor, en agradecimiento y en honor de los lectores, el destino final hacia donde se dirige este viaje literario.

¿Es posible leer un libro en una feria del libro?

Gente apurada, mirando el móvil o sentada exhausta. En el gran mercado de la literatura, pararse a leer es una extravagancia

Jaime Gutiérrez, en uno de los espacios de lectura de la FIL. / Saúl Ruiz./elpais.com
 
La Feria del Libro de Guadalajara es una de las más masivas del mundo. Se celebra en una nave dividida entre stands atiborrados de libros y amplios pasillos por los que podrían circular camiones de carga industrial. Es un lugar ruidoso, de constante movimiento de gente. Lo contrario a un sofá de orejeras en el salón de tu casa en una tranquila tarde otoñal. Dadas las condiciones, nos preguntamos: ¿Es posible leer un libro en una feria del libro?
El entusiasta Jaime Gutiérrez es el encargado de la sala de lectura de la feria. Un rinconcito con cojines en el suelo y unas estructuras parecidas a una nave espacial en la que empotrarse para leer. Una familia le dejó a cargo a una señora mayor cansada de andar de aquí para allá. En dos horas la mujer “se echó dos libros”, La Metamorfosis de Kafka y una antología poética de Alí Chumacero, como si se hubiese ventilado un taco de bistec y otro de pastor. “Uno no va a agarrar Harry Potter que es así de gordototote”, contó Gutiérrez y abrió los dedos unos quince centímetros. Su teoría es que el lector de feria los quiere “pequeños, cortos, rápidos, ágiles”.
En una zona de paso entre dos áreas de la nave hay algunos sillones. La gente se sienta y mira a su alrededor. O consulta su celular. O hablan entre sí. Algunos hasta abren un libro y se ponen a leer. Por ejemplo, Emma Torres, de 54 años, que se acababa de comprar un libro de Deepak Chopra titulado Soluciones espirituales. Respuestas a los mayores desafíos de la vida. Torres explicó que se encuentra en un momento de su vida lleno de conflictos y que por eso buscaba soluciones en el libro espiritual de Chopra. Cuando contaba esto, llevaba unos 15 minutos leyendo e iba en la página 17. “Apenas estoy empezando”, dice. “Voy en el nivel de conciencia I”.
Había que volver a caminar otro buen rato para toparse con un lector. Miriam Rodríguez, de 24 años, andaba enfrascada con Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos, de Dan Ariely. Este es el cuarto libro que se va a leer en su vida. El primero fue Bibiana y su mundo, y de los otros dos no se acuerda. Cree que uno de ellos era la Biblia pero no está segura. No se ruboriza de su mala memoria con los libros, decía, porque su presidente, Enrique Peña Nieto, tuvo un lapsus parecido en esta misma feria hace dos años. “La verdad leo muy poco. Es la primera vez que vengo a una exposición de libros. Soy del Estado de Morelos. Sí, ya me propuse leer más libros”.
A su lado estaba sentado José Alberto, un adolescente “bien güero”, leyendo a J. K. Rowling. Quiere ser criminalista y está harto de que le digan que en México trabajo no le va a faltar. Entra gratis porque su hermana es taquillera y le han dado unos pases de cortesía. Devora todos los libros de Nicholas Sparks: Querido John, Diario de una pasión… ha visto las películas pero le gustan más los libros. O sea, estamos ante un clásico. “Mi mamá también lee mucho pero como tiene la vista cansada ya no lee tanto”. Se cree que capaz de acabar cualquier título en un día: “Esto me lo remato hoy”. José Alberto llevaba diez minutos leyendo e iba por la página 16 del libro de bestias fantásticas de Rowling.
Tal vez uno de los sitios más sugerentes para pararse a leer sea el complejo de cajas de madera diseñado como stand de Israel. Allí estaba sentado en un sillón un hombre llamado Pablo Hernández Arizmendi. Leía El ejército iluminado, de David Toscana. Lo acababa de comprar. Llevaba 20 minutos leyendo e iba por la página diez. Explicó que el tema del libro era una invasión ficticia de Estados Unidos por parte de mexicanos. Hernández Arizmendi precisó que se paró a leer porque el día anterior había corrido una maratón y se encontraba agotado.
–¿Es usted maratonista?
El asistente a la feria respondió con ironía.
–Matas a un perro, eres un mataperros. Corres una maratón, eres un maratonista.
Él tenía pensando seguir leyendo un rato, pero una empleada de la feria se acercó con una amigable sonrisa en la cara y le ordenó que se levantase del sillón. “Le pido el favor”, dijo ella, “los necesitamos poner en otro lado”. Pablo Hernández Arizmendi, uno de los pocos lectores in situ de la feria del libro, tuvo que cerrar la novela de la invasión mexicana e irse a otro parte con sus piernas cansadas de sufrido maratoniano.