sábado, 5 de marzo de 2022

El premio Bulwer Lytton

  No sé si habrán oído hablar de The Bulwer Lytton Fiction Contest, donde se premia anualmente la peor frase para comenzar una novela, en honor de la legendaria «Era de noche y sin embargo llovía»

Ilustración/internet/elespectador. com


El premio se concede en diversas categorías (aventuras, policiales, de ciencia ficción, literatura juvenil e infantil, “normales”, etc.) y si acaso no lo conocieran pueden rastrearlo, si saben inglés, a través de este enlace: http://www.bulwer-lytton.com/

Fisgoneando un poco con el apoyo logístico de mi buena amiga Miss Hortensia Google, pude enterarme de que el año 2021 la ganadora del premio principal fue la siguiente:

«Un lujurioso amanecer se exhibió sobre una mar flatulenta, desgarrando el corpiño de obsidiana de la noche con sus rapaces dedos de oro, exponiendo así sus oscuros pechos a la mirada ociosa del amanecer». ¡Toma del frasco, Carrasco!

Pero para mi gusto las hubo mejores, por ejemplo ésta: «Mientras Blancanieves, la más bella de todas, corre hacia el bosque para escapar de ser asesinada por su malvada madrastra, está a punto de ser la más desafortunada de todas, porque ahora queda atrapada en una casa en miniatura como seudo–madre de siete niños hombres».

O bien esta otra: «Victor Frankenstein admiraba su obra maestra extendida sobre la losa del laboratorio; era casi humano. De acuerdo, sin conciencia o conciencia social, y no demasiado brillante, pero un poco de cirugía plástica para ocultar las cicatrices y los pernos, tal vez un bronceado con spray y un peinado, ¡y este tipo podría presentarse a presidente!» [¿Tendría en mente el autor de esta frase a the fake ex president?]

Pero sin duda alguna para mí, las mejores fueron dos obras de un concursante de apellido helénico, Greg Homer, domiciliado en Costa Rica. La primera: «Los padres neandertales Hru–Vak y Chee no se alegraron demasiado cuando su hija mayor Fa–al trajo a casa a uno de esos muchachos Homo sapiens recién llegados, pero al cabo de un tiempo se acostumbraron a su falta de prognatismo, a su postura erguida y a su capacidad para resolver problemas».

Y la segunda: «Cuando le pedí a nuestro guía del safari, Guy Pommeroy, novato en el oficio, que identificara de dónde provenían aquellos rugidos, me respondió (y estas fueron sus últimas palabras): "Me parece que es alguien con un caso muy grave de bronquitis; lo comprobaré y volveré enseguida"».

Lo cierto es que munido de tales conocimientos, quisiera presentarme a la próxima convocatoria, en la categoría Libros Infantiles, con la siguiente frase: «Acabo de cumplir nueve meses, llevo fuera de mamá tanto tiempo como estuve dentro de ella, creo que es hora de decirle: “Tenemos que hablar”». ¿Cómo lo ven?