La casa Doyle de Nueva York subastará un lote de 25 cartas que la artista mexicana envió al pintor Josep Bartolí
Frida Kahlo./elperiodico.com La casa de subastas Doyle de Nueva York subastará el próximo lunes un lote de 25 cartas inéditas que la artista mexicana Frida Kahlo envió a su amante Josep Bartolí, un dibujante y pintor catalán exiliado en la Gran Manzana.Fue en esta ciudad donde Bartolí conoció a la conocida artista y donde empezó un apasionado romance, que desvela la correspondencia, desconocida hasta el momento, y que se calcula que alcance un precio de entre $80,000 y $120,000.La mexicana se encontró con Bartolí a través de su hermana Cristina mientras esperaba una complicada operación en la columna vertebral en un hospital de Nueva York, donde la solía visitar el pintor catalán, a quien escribió estas más de cien páginas entre agosto de 1946, cuando tenía 39 años, y noviembre de 1949.La operación fue una de las muchas operaciones quirúrgicas a las que Kahlo se sometió tras un grave accidente de autobús que sufrió cuando tenía 18 años, que le fracturó la columna vertebral y le mantuvo postrada a la cama durante largos periodos de tiempo.Según la biógrafa de Frida Kahlo Hayden Herrera explica en un comunicado, las misivas que se subastarán "lloran con una soledad que rompe el corazón y con la miseria del dolor físico", ya que fueron escritas mientras se recuperaba en México tras esta última operación."Sus cartas a Bartolí hablan sobre sentirse encerrada, aislada e inmóvil. Pero tanto en sus cartas como en sus autorretratos Kahlo nos reta con su mirada desafiante y con su determinación para superar su miseria", dice Herrera.Estas 25 cartas hablan de su enfermedad, de su tempestuosa relación con su marido, Diego Rivera, y de su dificultad para pintar, pero son principalmente declaraciones de amor que inmortalizan el romance entre la mexicana y este artista."Mi Bartolí... No sé cómo escribir cartas de amor -dice una de ellas-. Pero quería decirte que mi entero ser está abierto a ti. Desde que me enamoré de ti todo se ha transformado y está lleno de belleza... El amor es como un aroma, como una corriente, como la lluvia. Sabes, mi cielo, que llueves en mí y yo, como la tierra, te recibo. Mara".Kahlo firmaba sus cartas como "Mara", que sería un diminutivo de "maravillosa", como la llamaba su amante, y ella llamaba a Bartolí con nombre de mujer -"Sonja"- para que Rivera no sospechase de su infidelidad, ya que el pintor mexicano no tenía problemas con las relaciones de su esposa con otras mujeres pero era celoso con los hombres.Aunque estaba profundamente ligada a Diego Rivera, Herrera afirma que las cartas sugieren que la mexicana habría dejado a su marido por Bartolí, quien le daba "un amor que nunca había experimentado", "apasionado, carnal, tierno y maternal".En algunas de las primeras misivas, Kahlo informaba a Bartolí de que había sufrido un retraso en su periodo, que le hacían pensar en un embarazo que desearía si su columna se lo permitiese: "Si o estuviera en la condición en la que estoyy fuese realidad, nada me haría más feliz. ¿Puedes imaginarte un pequeño Bartolí o una Mara?"Bartolí guardó la correspondencia en su domicilio hasta que murió en Nueva York en 1995, y más tarde su familia la vendió al dueño que subasta ahora unos documentos que también contienen recuerdos, como algunos dibujos, flores prensadas o fotografías.
viernes, 10 de abril de 2015
Las cartas de Frida Kahlo y su amante catalán
jueves, 9 de abril de 2015
Samanta Schweblin gana el IV Premio Internacional de Narrativa Breve
La escritora argentina recibe los cincuenta mil euros del galardón por Siete casas vacías
La escritora argentina Samanta Schweblin, fotografiada este miércoles. / Tamara Somoza./elpais.com
Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) quiere comprar tiempo. "Es un poco injusto, pero siento que tengo dos trabajos. Uno para vivir, y otro para poder darme el lujo de escribir, que es el trabajo que quiero", explica. Por eso, cuando se enteró que había ganado el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero –dotado con 50.000 euros–, pensó que se hacía un poco de justicia. Eso después de "saltar en una pata" de la alegría.Siete casas vacías es una compilación de seis cuentos cortos y uno largo que logró llamar la atención del jurado de entre los 856 autores de 32 países que se presentaron al concurso. No sorprende porque Schweblin, aunque nunca había ganado este premio, es conocida por haberse llevado a casa reconocimientos como el primer premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2001, el Premio Casa de las Américas de Cuba en 2008 o el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo de Francia en 2012."Todos son fundamentales", opina, "no solo para el feliz ganador sino para todo el que tenga que ver con el gremio. Por un lado el mercado se beneficia, y por el otro se motivan los participantes, que al final son los mejores lectores, los más ávidos". Al menos así le pasa a ella, que muchas veces logra cerrar un texto gracias a la fecha límite de entrega puesta por los organizadores. Aunque luego la atención de los medios la ponga de los nervios. "Es mucha alegría, claro. Siempre tienes la esperanza de ganar, pero de ahí a realmente conseguirlo hay mucha distancia. Yo vivo como en mi propia cueva, me cuesta ser notada porque soy una persona muy privada", admite por teléfono.Pero le gusta que la lean. Esta vez, su narración se ha centrado en la locura –"la sana, esa que a veces da pistas de lo insensato que es el mundo a nuestro alrededor"–, las casas y sus exteriores, y las relaciones fracasadas. "La tragedia de la crianza de un hijo es un tema que se repite en estas historias. No es que estén interconectadas , pero tienen cosas en común. Y ese tema me interesa porque el proceso de formación implica la transmisión de miedos, de prejuicios. Es inevitable sentir culpa en algún momento".En marzo, su novela Distancia de rescate llegó a las librerías españolas, aunque ya estaba en las argentinas desde septiembre de 2014, y espera que su compilación de cuentos se publique en junio de la mano de la Editorial Páginas de Espuma, que lleva 15 años enfocada en los relatos breves. Mientras tanto ella está en Berlín, adónde llegó en 2013 con una beca de un año y se ha quedado para impartir talleres literarios. "En español, que me parece una cosa insólita", dice entre risas. "Me gusta. Es algo que hacemos mucho los argentinos, talleres literarios en la casa del escritor. Como artesanos. Al final somos una generación de productores. Nuestros abuelos y padres aprendieron leyendo, escuchando. Nosotros, haciendo. Necesitamos aprehender las cosas, en todos los medios. Por eso hace falta cambiar el paradigma de cómo debería difundirse la literatura, ya no nos sirve que nos cuenten nada".
Entre copas y palabras
VÍCTOR NÚÑEZ JAIMEEsta mañana lluviosa, la argentina Samanta Schweblin recibió IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero con la certeza de ofrecerles a los lectores un libro, Siete casas vacías, en donde se refleja “una sana locura que deriva en decisiones extrañas.” Mientras el escritor Rodrigo Fresan, presidente del jurado, leía el acta del fallo realizado el pasado 25 de marzo, la ganadora sonreía sentada en la primera fila de la Sala Octavio Paz de la Casa de América de Madrid. Cuando subió al estrado para leer su discurso de aceptación, miró al público y se disculpó: “no se me da nada bien hablar. Por eso escribo.” Su lectura fue breve y salpicada de recuerdos sobre el vino y la literatura. Antes, sin embargo, se habían referido de manera extensa a ella y a su libro ganador, Siete casas vacías, los miembros del presídium, encabezado por el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor.
Rodrigo Fresán, presidente del jurado, dijo que tarde o temprano este premio tenía que ganarlo alguien de Argentina. “Porque ahí el género rey es el cuento y no la novela. Quizá porque se trata de un país en que, constantemente, empiezan y terminan las cosas y eso es algo que hace muy necesaria a la literatura breve.” El también autor de Vidas de santos definió el libro de su compatriota como “un conjunto de relatos costumbristas, fuertes pero con dosis de amor y ternura, que bien podría estar en aquella antología de cuentos que hizo Rodolfo Walsh, Antología del cuento extraño. Porque Samanta parece una científica cuerda contemplando locos detrás de un microscopio y siempre con un bisturí en la mano.”
Andrés Neuman, también miembro del jurado, se refirió a los finalistas del Premio, entre los que se encuentran el boliviano Edmundo Paz Soldán y el español Alberto Olmos. “Todos merecían ganar por su enorme calidad literaria y porque son grandes exponentes del género. Pero se impuso una argentina que con su libro ha sabido crear un territorio reconocido fácilmente en la geografía literaria: un sitio con un terror implacable, escenario de convivencias vecinales, lleno de un costumbrismo alucinado que nunca consigue despertar de sus propias visiones.”
En su turno, la escritora y traductora Pilar Adón expresó que lo que más le llamó la atención de las obras presentadas a este certamen literario fue que “en todas priman los personajes desubicados, abatidos por sensaciones de pérdida, miedo e insatisfacción por no encontrar su propio espacio, en ambientes aparentemente sencillos, pero con una crueldad soterrada.”
Por su parte, la mexicana Guadalupe Nettel se dispuso a “entregar la corona” (ella ganó el Premio el año pasado). “Me encanta que Samanta sea la ganadora. Ha escrito un libro con el que me he identificado y que no ha dejado de perseguirme durante los últimos días. Es curioso, pero ella, yo y todos los que hacemos cuentos somos, en realidad, unos guerrilleros que no paramos de defender las historias cortas ante los editores y los lectores”, dijo antes de pasar a brindar con copas llenas del vino patrocinador.
El bicho de Kafka cumple un siglo
Se celebra el centenario de la edición de La metamorfosis. Nuevas versiones llegan estos días a las librerías
Ilustración de Antonio Santos para La metamorfosis, de Kafka, en la edición de Nórdica Libros./elpais.com
El 22 de noviembre de 1912 Max Brod, el amigo íntimo que desobedeció la orden de Franz Kafka de quemar todos sus escritos cuando hubiera muerto, le escribió a Felice Bauer, la entonces novia del escritor. Intentó explicarle que el autor pasaba una mala época y que sus padres no eran conscientes de que para un ser excepcional como él “son necesarias condiciones igualmente excepcionales con objeto de que su delicada espiritualidad no se marchite”.Ese ser excepcional, frágil, tremendamente nervioso, y básica y fundamentalmente obsesionado con la escritura, redactó entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912 una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Se publicó unos años después, en 1915, así que toca celebrar un siglo de vida de aquella singular historia que se inicia cuando el viajante de comercio Gregor Samsa, “tras despertar de un sueño intranquilo”, descubrió que se había transformado en “un monstruoso bicho”. La editorial Nórdica ha aprovechado la ocasión para estrenar una nueva traducción, de Isabel Hernández, en un volumen que ha ilustrado Antonio Santos, con prólogo de Juan José Millás y que ha optado por titular La metamorfosis. Navona se ha decantado en cambio por La transformación, y de llevar la narración del alemán al español se ha ocupado Xandru Fernández.Kafka (1883-1924) había conocido a Felice en agosto de 1912 y en septiembre le escribió la primera carta. El 1 de noviembre ya le dejaba perfectamente claro cuál era su mayor obsesión: “Mi vida, en el fondo, consiste y ha consistido siempre en intentos de escribir, en su mayoría fracasados. Pero el no escribir me hacía estar por los suelos, para ser barrido”. Por entonces estaba trabajando en una novela, que Brod publicaría con el título de América. Pero se había atascado. Como a Felice le daba cumplida cuenta de todo lo que le ocurría, el 17 de ese mismo mes le anunció que se le había ocurrido un cuento que lo llevaba asediando desde “lo más hondo” de sí mismo.Lo sorprendente de esta singular historia es la naturalidad con la que Gregor se toma su transformación. Las cosas han cambiado, parece que no lo entienden cuando se dirige a sus padres y a su hermana, va a llegar tarde al trabajo, no sabe muy bien todavía cómo va a bajar de la cama para ponerse en marcha, tiene un molesto dolor en el costado y cuando lo toca con una de sus patas siente escalofríos. Pero, en fin, Gregor es consciente de que algo tendrá que hacer, y se aplica a ello.“También al héroe de mi cuento le han ido hoy las cosas excesivamente mal”, le contó Kafka a Felice en una carta del 23 de noviembre de aquel año. Le acababa de advertir que el cuento le daría “un miedo espeluznante”. El 24 insiste: “Mi amor, pero qué extremadamente repulsiva es la historia que acabo de apartar a un lado para recuperarme pensando en ti. Ha avanzado ya hasta un poco más de la mitad, y en conjunto no estoy descontento de ella, pero en cuanto a nauseabunda, lo es de un modo ilimitado, y cosas como esas, te das cuenta, provienen del mismo corazón en el que tú habitas y toleras como morada”.Un asunto nauseabundo que produce un miedo espeluznante. Kafka seguramente tenía razón cuando hablaba así de su pieza, pero lo paradójico del asunto, como ocurre con casi todo en su obra, es que el relato está también atravesado por un sutil humor y que habrá algunos a los que, más que miedo, lo que les inspira el viajante de comercio convertido en escarabajo es una tremenda ternura, simpatía, complicidad incluso. ¿De qué habla, en realidad, este cuento?El responsable de la edición de las obras completas de Kafka en español, Jordi Llovet, ha escrito que hay algo esencial en su arte narrativo: “El sentido literal de un relato no es más que un armazón que sugiere, sino fuerza, una actividad interpretativa; y esa actividad no es sólo laberíntica, sino interminable”. Tiene razón, al mismo tiempo que se va leyendo la narración, van surgiendo hipótesis muy diferentes sobre el sentido de lo que cuenta. Hay, pues, muchas interpretaciones posibles. Y todas, además, perfectamente discutibles. Nabokov se enfadaba con aquellos que decían que el bicho era “muy apropiado para caracterizar el sentimiento de inutilidad frente al padre”: “Me interesan las chinches, no las chinchorrerías; así que rechazo esta clase de disparates”.Eso sí, Kafka velaba constantemente por todos los detalles. Cuando el relato iba a publicarse en 1915, y supo que llevaría alguna ilustración, escribió de inmediato a los editores: “Resulta que se me ha ocurrido, dado de que Starke será realmente el ilustrador, que quizá esté en su deseo querer dibujar el mismísimo insecto. ¡Esto no, por favor! El insecto mismo no debe ser dibujado. Ni tan solo debe ser mostrado desde lejos...”. Conviene decir que en las ilustraciones de Antonio Santos del nuevo libro de Nórdica, el bicho no aparece por ninguna parte.
¿‘La transformación’ o ‘La metamorfosis’?
Franz Kafka tituló su narración Die Verwandlung, cuya traducción literal es La transformación. Era un tipo extremadamente meticuloso, obsesivo incluso, con la utilización de las palabras, le interesaba su precisión y que dijeran exactamente lo que dicen. Así que no utilizó el término Metamorphose, que también existe en alemán y que acota el significado más general de “transformación” al referirlo específicamente al cambio que se produce cuando los seres humanos se convierten en animales, plantas, manantiales, etcétera.“Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La transformación, y nunca supe por qué a todos les dio por ponerle La metamorfosis”, explicó Jorge Luis Borges en una entrevista publicada en EL PAÍS el 3 de julio de 1983. “Es un disparate. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán. Cuando trabajé con la obra, el editor insistió en dejarla así porque ya se había hecho famosa y se la vinculaba a Kafka”.En el tercer volumen de las obras completas de Kafka que ha publicado Galaxia Gutenberg, se explica en las notas que el título procede seguramente de una precoz traducción (anónima) que se hizo de la narración en 1925 en Revista de Occidente. Fue ahí donde se tituló La metamorfosis. Sigue todavía teniendo fortuna.
Un sueño eterno, JORGE LUIS BORGES
La invención de Morel: Bioy Casares en la rueda del devenir
La invención de Morel es una celebración de la literatura, con su capacidad de seducir e inventar mundos paralelos
La obra de Borges ha eclipsado a la de Bioy Casares. Ambos han escrito conjuntamente algunos libros memorables, como Seis problemas para Isidro Parodi (1942), Crónicas de Bustos Domecq (1967) y Nuevas crónicas de Bustos Domecq (1977), pero la fama agasaja a Borges y descuida a Bioy Casares. Paradójicamente, los dos recibieron el Premio Cervantes, pese a su compartido furor anticervantino. Al recoger el galardón, Borges señaló: “El destino del escritor es extraño” y, con su fina ironía británica, añadió enseguida: “Todos los destinos lo son”. En vida, Bioy Casares comentó que la posteridad no le parecía un lugar particularmente atractivo y que se conformaba con el reconocimiento de un puñado de lectores. No ser objeto de un culto unánime tiene sus ventajas. Los grandes autores soportan peor el paso del tiempo, pues casi siempre aparece un crítico o un colega que intenta rebajar sus méritos. Por ejemplo, Borges nunca se cansó de señalar las imperfecciones del Quijote. Admitía que el clásico más conspicuo del Siglo de Oro había logrado ciertas “magias parciales”, pero apuntaba que esos méritos no podían competir con los hallazgos de las piezas de Shakespeare, bendecidas por la gracia de un genio superlativo. Bioy Casares es un clásico, sí, pero pertenece a la categoría de los “raros”, si bien su biografía carece del misterio de un Lautréamont o el fatalismo de un Novalis.Escritor precoz, repudió sus primeras obras. Se dice que recorrió las librerías de Buenos Aires, buscando los ejemplares, con la intención de adquirirlos y destruirlos. Algo semejante se ha contado de Juan Ramón Jiménez, que saltó del Modernismo a la poesía pura y esencial. Es imposible verificar esos rumores, pero su circulación corrobora la exigencia estética de ambos escritores, que no anhelaban el éxito, sino la palabra exacta. Bioy Casares considera que La invención de Morel representa su primer logro; para muchos, constituye su obra maestra. Publicada en 1940, su espíritu recuerda a las vanguardias históricas, que concebían la literatura como un juego infinito. Al mismo tiempo, reivindica el relato clásico, que exige orden, precisión y armonía. En su célebre prólogo, Borges se burla de la novela psicológica (Henry James, Marcel Proust) y la novela espiritual o metafísica (Dostoievski, Joyce), que han movilizado complejos recursos narrativos para convertir lo improbable y el tedio en materia estética. “Hay páginas, hay capítulos de Marcel Proust que son inaceptables como invenciones: a los que, sin saberlo, nos resignamos como a lo insípido y ocioso de cada día”. Los rusos, aficionados a los grandes dilemas morales y a las incongruencias de los afectos, “han demostrado hasta el hastío que nadie es imposible: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, personas que se adoran hasta el punto de separarse para siempre, delatores por fervor o por humildad…”.En La invención de Morel se combina la parodia filosófica y la intriga policiaca. No es un secreto que Isidro Parodi, el detective inventado por Borges y Bioy Casares, emplea la deducción para resolver los casos. A fin de cuentas, no puede hacer otra cosa, pues cumple una larga condena de prisión por un delito que no ha cometido. Isidro Parodi sigue los pasos de Auguste Dupin, el famoso detective de Edgar Allan Poe. Sus razonamientos preludian los métodos de Sherlock Holmes y Hércules Poirot, pero con más aliento poético. En La invención de Morel, el protagonista no es un detective, pero consigue explicar unos hechos asombrosos mediante el análisis racional. Sólo sabemos que es un escritor venezolano y que ha huido de la cárcel. Condenado a reclusión perpetua, no parece un criminal común. ¿Se trata de un perseguido político? ¿Está sano o es un loco, atrapado por delirios paranoides? Está claro que es romántico y sentimental, pues se enamora locamente de Faustine, una mujer con una belleza morena, casi gitana, y un francés con acento sudamericano. Bioy Casares reconoció que se había inspirado en Louise Brooks, la femme fatale de La caja de Pandora (George Wilhelm Pabst, 1929). Brooks fue uno de los espíritus más libres del Hollywood de los años 30 y creó un tipo de mujer, con su peculiar peinado, sus faldas cortas y sus cigarrillos con boquilla. El fugitivo se obsesiona con Faustine y experimenta celos. Sospecha que es promiscua y se pregunta si es la amante de Morel, un científico con barba que casi nunca se separa de su lado.La súbita aparición de Morel y sus acompañantes en la isla altera la rutina del fugitivo, obligándole a abandonar un recinto con apariencia de museo y a refugiarse en los pantanos. No entiende la presencia de esos extraños, con aspecto de turistas, pues el vendedor de alfombras italiano que le reveló la existencia del lugar le advirtió que sufría el azote de una terrible y contagiosa enfermedad. La trama policiaca se transforma en pantomima filosófica cuando empiezan a producirse acontecimientos inexplicables, como la aparición de dos soles y dos lunas. El fugitivo descubre las notas del doctor Morel, una versión moderna del doctor Moreau de H. G. Wells (La isla del doctor Moreau, 1896). Morel ha fabricado una máquina capaz de inmortalizar una secuencia de tiempo. No se trata de la codiciada inmortalidad del cuerpo y la mente, sino de estados de conciencia durante un breve período. Al igual que Moreau, Morel prescinde de las consideraciones éticas, pues no le mueve el anhelo de saber, sino el amor, el deseo. No le importa matar a Faustine, si puede escenificar un idilio inexistente, creando un bucle temporal infinito. Es una iniciativa especialmente temeraria, pues exige fingir unas emociones que nunca existieron, ya que ella nunca se sintió atraída por él. El fugitivo copiará el ardid de Morel, pero en unas circunstancias menos propicias, pues sólo puede cortejar a una proyección de Faustine, no a la mujer de carne y hueso, destruida por la radiación de la máquina.A semejanza de Borges, Bioy Casares sólo se interesa por la dimensión lúdica y estética de la filosofía, no por sus grandes preguntas. A veces se habla del pensamiento filosófico de Borges, pero éste nunca existió. Borges no era un filósofo. De hecho, su conocimiento de la materia era limitado. Sus incursiones en la Crítica de la Razón Pura desembocaron en estrepitosos fracasos. Sólo pudo avanzar unas páginas. El estilo de Kant le pareció frío como un silogismo y oscuro como una capilla. Por el contrario, Bioy Casares llegó hasta el final, pero su tenacidad no le sirvió de gran cosa, pues la obra le aburrió y le dejó indiferente. El profesor de la universidad de Königsberg buscaba un fundamento para el saber y la moral. Borges y Bioy Casares eran unos escépticos incurables, que nunca se plantearon hallar una certeza indubitable. La inteligencia nunca puede librarse de la servidumbre del carácter, que determina nuestras fobias y pasiones. La invención de Morel aborda la idea del eterno retorno de lo mismo, pero no lo hace desde una perspectiva cósmica o ética, sino desde el artificio y el ingenio. No pretende impugnar el concepto lineal del tiempo y, menos aún, recuperar la doctrina estoica del amor fati, según la cual nada acontece por azar y, por tanto, no hay que lamentar ningún aspecto del pasado. Bioy Casares no es Nietzsche, proclamando que debemos amar el dolor. Su ligereza no resta valor a su novela. Al margen de su perfección formal, ya señalada por Borges, La invención de Morel es una celebración de la literatura, con su capacidad de seducir e inventar mundos paralelos, dilatando los límites de la realidad. Al releerla, es inevitable preguntarse si la creación literaria no es la máquina de Morel, extendiendo un barniz de eternidad sobre nuestros sueños.
Cinco novelas negras que hay que leer en 2015
El género se reinventa en el siglo XXI y seleccionamos los mejores títulos de la temporada. Desapariciones, asesinatos y detectives que llegan a pequeños pueblos con grandes secretos. Estas son las historias black que debes tener en tu biblioteca
Irène, de Pierre Lemaitre (Alfaguara)
Pocos escritores tienen en su salón el Premio Goncourt y el de Novela Negra Europea. Pierre Lemaitre, el nuevo superstar de las letras francesas, regresa después del éxito de Vestido de novia con otra incursión en el terror psicológico. La historia de un detective atrapado en el caso de un asesino en serie que imita crímenes históricos. The Times ha dicho de él que es el nuevo Stieg Larsson. Nosotras creemos que es (aún) mejor. Te gustará si te gusta: Seven y, en general, los asesinos que encuentran inspiración en el arte, la religión y la historia.Una revelación brutal, de Louis Penny (Salamandra Black)
Un pueblo con habitantes excéntricos de nombre Three Pines (¿alguien más ha pensado en Twin Peaks?) es el escenario elegido por la escritora Louis Penny para su última novela: el nuevo caso del detective Armand Gamache. El punto de partida nos encanta (un cadáver en una tienda de antigüedades). Y si necesitas otra razón para para leerla, aquí va la definitiva. Sus dos novelas anteriores alcanzaron los primeros puestos en el santo grial de las listas: la de best sellers de The New York Times. Te gustará si te gusta: Twin Peaks , Fargo y los detectives que no se ajustan a los tópicos.La Golondrina Negra, de Sissel-Jo Gazan (Alfaguara)
Si el nombre de Sissel-Jo Gazan no te suena, debes saber que su primer libro, Las alas del dinosaurio, fue nombrado Mejor Novela Negra Danesa de la Década y una de las más interesantes del género según The Wall Street Journal. Su segundo trabajo, un thriller científico ambientado en una universidad, es la gran apuesta de primavera de la editorial Alfaguara. Atención, spoiler: un profesor es encontrado muerto tras un viaje a África, donde descubre algo que no debe sobre una gran farmacéutica. Te gustará si te gusta: La trama clásica y bien atada de El jardinero fiel, de John le Carré.Persona, de Erik Axl Sund (Reservoir Books)
La psicoterapeuta Sofia Zetterlund y la detective Kihlberg se enfrentan a un criminal en serie en las calles de Estocolmo. Pacientes extraños, niños difíciles, amor y locura. Todos estos ingredientes están en Persona, la primera parte de la trilogía-fenómeno Los rostros de Victoria Bergman que a) también llega de la fría Suecia y b) se suma a la lista de los éxitos de 2015 (sus derechos se han vendido a 38 países.) Tras la firma Erik Axl Sund se esconden dos autores que logran el milagro de escribir en pareja: el músico y artista Jerker Eriksson y el bibliotecario de prisiones Håkan Axlan der Sundquist.
Te gustará si te gusta: La serie Prison Break, cuya season finale celebra ahora su sexto aniversario. Su productor se encargará de convertir la trilogía sueca en una serie para los estudios Hollywood Tomorrow.El domador de leones, de Camilla Läckberg (Maeva)
La sombra de Stieg Larsson es alargada y los países nórdicos no dejan de producir títulos noir superventas. Camilla Läckberg es la escritora que ha llegado de la helada suecia para fundir las listas (15 millones de lectores en Europa). El domador de leones es lo nuevo de su famosísima saga Los crímenes de Fjällbacka (ciudad en la que nació). Esta vez, los detectives Erica y Patrick intentan saber por qué una chica aparece deambulando en una carretera después de que se esfumara cuatro meses atrás. Cualquier parecido con The Killing es pura coincidencia. Te gustará si te gusta: La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker y la oscura The Killing.
Fuente:vogue.es
La librería más antigua del mundo está en Lisboa
La librería preferida por los portugueses
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| La más antigua librería que funciona en el mundo y está en Lisboa./libropatas.com |
La librería más antigua del mundo está en Lisboa, así que no hay excusa para no visitarla: ¡no tienes ni que salir de la Península Ibérica! En realidad, no es que sea la primera librería que haya existido en el mundo entero, pero sí la primera de entre todas las que aún están en funcionamiento, o al menos así lo acredita un cartelito que tienen colgado en una de las paredes y que asegura que en 2010 entraron en el libro Guiness de los Records. La librería Bertrand fue fundada en 1732, así que lleva ya más de dos siglos y media de historia.Aunque a priori no es una tienda que destaque por sus dimensiones o su diseño, sí cuenta con unas preciosas estanterías de madera bien viejas, y es de hecho la librería preferida por los portugueses (según una encuesta de 2013). Se creó en el barrio de Chiado, en la calle Loreto, pero tras el terremoto de Lisboa (en el que se destruyó), se trasladó a su actual emplazamiento, la calle Garret.Desde que nació, de la mano de Pedro Fauré y sus yernos los hermanos Bertrand (también franceses, y de donde viene el nombre) por su interior pasó la mano la mayor parte de los intelectuales lisboetas, y en el siglo XIX se organizaban animadas tertulias en las que participaba, por ejemplo, uno de los autores más famosos de Portugal -y además francófilo confeso-: Eça de Queirós.En la actualidad se ha convertido en una macrocadena, lo que le resta parte del encanto, pero siempre está bien saber que hay librerías que pueden crecer y crecer hasta contar con más de 50 librerías en Portugal e incluso una decena en España. Eso sí, desde 2010 pertenece al grupo Porto Editora, una de las mayores editoriales portuguesas, a través del grupo Bertrand Círculo.Y si estás en Lisboa de ruta librera, que sepas que hay muchos otros establecimientos que vale la pena visitar: Ler Devagar, con sus altísimas estanterías y su bicicleta volante, Fyodor Books, con sus libros de segunda mano o Tell a story, una librería ambulante con literatura portuguesa traducida.
miércoles, 8 de abril de 2015
Escritores en busca de oficio
La crisis pincha la burbuja que hizo creer que se podía vivir de la literatura
El verdadero escritor vive para escribir./lavanguardia.com Un escritor de raza empieza sabiendo que no puede vivir sin escribir. Con el tiempo, sabrá que no podrá vivir de escribir, salvo si dispone de suficiente fortuna familiar, pertenece a la escasísima casta de quienes han logrado un éxito de ventas, tiene otro oficio o pone su pluma al servicio de alguna instancia política. Hubo un tiempo de espejismo, cuando a caballo de los dos últimos siglos los escritores también alimentaron el relato de la burbuja de prosperidad que vivió el país y creyeron que era posible profesionalizarse. Muchos recibieron anticipos generosos y con un poco de maña era fácil acceder a una extensa red de colaboraciones: prólogos, conferencias, seminarios, charlas, artículos, talleres... Ahora, la estructura alimenticia se ha evaporado y la realidad vuelve a ser la de siempre. Aurelio Major, conocedor del sector, ha medido el descalabro: “Si comparamos en el Nielsen las ventas de los doscientos libros más vendidos en España de noviembre del 2008 y de noviembre del 2013, se ve que las ventas han descendido un 48%”. El batacazo es descomunal. Major también ha consultado las cuentas que las editoriales presentan en el registro mercantil. Por mucho que los balances puedan maquillarse, la comparación de las cifras año a año ofrece una tendencia significativa: “De las cuarenta editoriales principales, sólo quince presentan un balance positivo”. Muchas están en quiebra técnica.El autor se siente víctima de una injusticia. Él es quien crea la obra y, paradójicamente, quien menos porcentaje recibe de su creación. El escritor recibe el 10 % del precio del libro, cuando el distribuidor suele quedarse el 53 %. Si se vende, por ejemplo, a 20 euros, al autor le corresponden 2 euros por ejemplar, por lo que el editor, si calcula que venderá 3.000 ejemplares, le pagará un anticipo de 6.000 euros por el trabajo de uno o dos años, como mínimo. Entre los editores hay una jerga de empresa para clasificar a los escritores que, si tienen un poco de sensibilidad, jamás osarían transmitir a sus autores: “Este escritor es de 20.000 ejemplares” o “este es de 300 ejemplares”. Si el salario medio bruto anual de un asalariado a jornada completa en España en el 2013 era de 25.455 euros y si tenemos en cuenta que el precio medio de la narrativa es de 12,68 euros, un novelista necesitaría vender 20.000 ejemplares para alcanzar un sueldo medio. Sin embargo, según el informe del comercio interior del libro, sólo el 1,9% de los 70.000 libros de todo tipo que se publican en España superan... los 5.000 ejemplares.Llegar a esta cifra ya es todo un éxito, así que las cuentas no salen: además el escritor ha de dar de su exigua renta de un 10% a un 15% a su agente literario y otro 19% se va en impuestos. Otra paradoja: el editor considera que debe remunerar profesionalmente a todos los que intervienen en la cadena del libro salvo al autor, que no es pagado según su trabajo, sino según el éxito del libro. Como compensación, si al final las ventas son menores que el anticipo recibido, no le pedirá que lo devuelva, aunque esta práctica ha cambiado con la crisis: algunos editores se lo descuentan en el siguiente libro.Los lectores han recortado drásticamente su presupuesto para compra de libros y los precios de venta han bajado, así que los editores pagan menos. Antonio María Ávila, que confecciona las estadísticas de la Federación de Gremios de Editores, añade más desgracias: “Las ayudas a compra de libros para bibliotecas públicas, contemplada en la ley del libro, no es que hayan sido recortadas, es que han sido suprimidas. Eso significa la pérdida de doscientos millones . E igual las ayudas a compra de libros de texto para las familias, que han sido reducidas a 0 euros, es decir, las editoriales han perdido 308 millones”. También han disminuido las ayudas anuales del Ministerio de Cultura a las editoriales. En Catalunya, las ayudas públicas a los libros en catalán sufren recortes similares, aunque la Institució de les Lletres Catalanes ofrece becas directas al escritor y Cedro, que gestiona el dinero recaudado en concepto de préstamo de libros o copia privada, dispone de una asignación social para casos extremos. En Catalunya, Columna pagaba una mensualidad fija a un escritor a cambio de lo que escribiera.En España reina una gran opacidad sobre los ingresos de los escritores o de los editores. Sabemos lo que cobran Stephen King o Ana Gavalda, pero no ningún autor español. En Francia, los estudios calculan que sólo un centenar de autores puede vivir de los derechos de autor de sus libros. Allí funciona la fórmula 8/10/12, es decir, el 8% hasta 10.000 ejemplares, el 10% hasta 20.000 y el 12% más allá. Los grandes ventas llegan al 18%, y los que venden menos de 1.000, a veces, sólo reciben el 6%.¿Cuál es el salario del escritor español, sin contar los trabajos paraliterarios? En el año 2013 se publicaron en España 13.071 obras de literatura, de las que 4.841 fueron novelas contemporáneas, con una tirada media de 4.108 ejemplares. Otro dato: las editoriales facturaron 468 millones por la venta de obras literarias y, según nuestros cálculos, pagaron un máximo de 35 millones al conjunto de autores españoles o a sus herederos en concepto de derechos de autor, una cuarta parte de la cantidad anterior a la crisis.Pau Centellas, presidente de la Asociación de Agentes Literarios, que trabaja en la agencia Silvia Bastos, cree que “la cifra está mal repartida; hay unos pocos que siguen ganando mucho, y la gran mayoría, mucho menos”. Centellas reconoce que había una burbuja y que ahora se ha regresado a la realidad de siempre. “Algunos autores nos han dicho que por lo que les pagan, prefieren guardar su novela en un cajón en espera de que se les valore mejor o han dejado de escribir, y hay otros que para ganar una cantidad que les permita vivir han de multiplicarse tanto en otras tareas que no disponen del tiempo y la tranquilidad necesarios para dedicarse a su obra. El escritor es vocacional”. Y la vocación y la ilusión de ver publicada su obra le lleva a aceptar rebajas en el porcentaje de derechos de autor e incluso a no cobrar anticipo alguno. La Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC) estableció que apenas un poco más del 9% de asociados vive de la escritura y de los trabajos paralelos (colaboraciones en prensa, guiones, etcétera).Bel Olid, presidenta de la AELC, dice que “hay editoriales que no cumplen el modelo de contrato que pactaron con nosotros y nos han llegado quejas de escritores que son alentados por las editoriales para que se presenten a un premio. No lo ganan y el editor les propone coeditar la obra, costeándola entre los dos. Al final, se comprobó que la cifra dada por el editor era más alta de lo que costaba editar el libro. Tuvimos un caso así en la asociación, un escritor-editor, y la asamblea votó expulsarlo”.Por el contrario, el autor suele mantener un recelo con su editor respecto a la venta real de sus libros, al no existir un método irrebatible de demostrarlas (el certificado de imprenta no es considerado fiable. La queja de los traductores es aún mayor: pocas editoriales señalan su autoría y las tarifas se han desplomado. Un gran grupo ha decidido rebajar- las unilateralmente. Bel Olid dice que eso repercute en la calidad de las traducciones. “Esto sólo aca- bará cuando el lector se acostumbre a devolver a la librería un libro mal traducido, como ya hace cuando le venden un objeto en mal estado”.Las cifras
- REPARTO. El autor recibe el 10% del precio del libro, #1;y el distribuidor, el 53%
TIRADA. Sólo el 1,9% de los 70.000 libros editados en España supera los 5.000 ejemplares
DERECHOS. Los editores pagaron en el 2013 alrededor de 35 millones de euros en concepto de derechos #1;al conjunto de los narradores españoles
PROFESIONALES. En Catalunya, no llegan al 10% quienes pueden vivir de la escritura y actividades paraliterarias
13 NOVELAS AL DÍA. En el 2013 se publicaron 4.841 novelas contemporáneas, #1;sin contar novela negra o erótica.
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