sábado, 28 de septiembre de 2013

Minicuentos 71




De  animales prodigiosos    y otros seres imaginarios                                                 

El más extraño de los animales prodigiosos
René Avilés Fabila

Dentro de esa jaula de grandes proporciones, pasta tranquilamente una rara especie. Ningún letrero lo anticipa. Algunos expertos en zoología señalan que se trata de un pegaso sin alas, otros más afirman que es un unicornio sin cuerno. La gente sencilla, que se arremolina en el lugar, prefiere decirle caballo.

Psicosis
Gilberto J. Signoret
Corriendo por la calle, montado en su elefante rojo, el enano gritaba con sus dos bocas, haciendo ademanes:
—¡No se asusten, por favor, no se asusten…!

Greguerias
Ramón Gómez de la Serna

—El caballo de circo es un sofá hípico.
—La jirafa es una grúa que come hierba.
—Los dátiles saben a nostalgia.
—Nadie puede estrangular a un acordeón. Supervive a todo apretar.
—Cuando vemos correr a un conejo, parece que se nos ha escapado una zapatilla.


Los peces
José Joaquín Blanco

Muerto, como los peces, bogo entre prismas de aguacristal, entre multitud de anhelos fosilizados en su flujo fingido.
¿Solamente un pez, ahora, al final de los tiempos, en la turbiedad profunda de un océano? ¿Sólo un descendiente de la comunidad marina sin mayor función que el movimiento? Sueño diariamente con el pescador y en mi boca hay ansias vivas. Fluyen recuerdos de mis antepasados, la brisa parece milenaria.
¿Parece? Yo mismo, el que soy, recuerdo haberla escuchado desde siempre. ¿Soy? ¿Un ser sin muerte y sin principio y sin creador?
Sucede que he querido quedarme solo para identificarme y no basta un espejo para sentirse uno pez… Tendré que dejarme conducir por la corriente. ¿No seré yo mismo la corriente?

Perro sabio
Gibran Jalil Gibran
Cierto día pasó un perro sabio cerca de un grupo de gatos.
Al acercarse y ver que estaban muy entretenidos y despreocupados de su presencia, se detuvo.
Al instante, se levantó en medio del grupo un gato grande y grave, el cual miró a todos y dijo: “Hermanos orad; y cuando hayáis rezado un ay otra vez, sin dudar de nada, en verdad lloverán ratas”.
Y el perro, al oír esto, rióse en su corazón y se alejó, diciendo: “¡Ah! Ciegos y locos gatos, ¿acaso no fue escrito y no he sabido yo y mis antepasados antes de mí, que lo que llueve merced a las oraciones, a la fe y a las súplicas, no son ratas, sino huesos?”.

El otro mundo hindú
El Ramayana
Este país de los lagos de dorados lotos. Hay ríos a miles, llenos de hojas de color del zafiro y del lapislázuli. Y los lagos, resplandecientes como el sol de la mañana, están adornados con dorados mantos de rojo loto. Todo el campo está cubierto de joyas y piedras preciosas, con alegres mantos de lotos azules de dorados pétalos. En lugar de la arena, las perlas, las gemas y el oro forman las orillas de los ríos, a lo largo de los cuales se elevan árboles de un oro que brilla como el fuego. Estos árboles dan perpetuamente flores y frutos, despiden una deliciosa fragancia y están llenos de pájaros.

El canario
Luis A. Chávez F.

El hambre y la libertad, son cosas que la mayoría de la gente toma muy a la ligera.
Por ejemplo, ahí está otra vez este güey, que a cambio de un grano de alpiste quiere que saque otro papelito…

De los daños que provoca el alcohol
Juan Armando Epple
Como ocurre con muchos, empezó a beber para olvidar, hasta terminar olvidando por qué bebía tanto. Y como ocurre con algunos (felizmente con pocos) al cabo de un tiempo empezó a ver visiones, visiones que aceptó al principio como una diversión pero que después se transformaron en una pesadilla: eran pequeños seres juguetones que bailaban por horas frente a sus ojos. Hasta que un día, desesperado más allá de la sed, salió corriendo de su cuarto para someterse a la tortura benigna del hospital que le quitaría el vicio.
Cuando regresó a su cuarto, disgustado por los días de encierro pero feliz de sentirse otra vez libre, vio la botella a medio consumir y, en un gesto de repulsión, la estrelló contra la pared.
Entonces los pequeños seres saltaron agresivos buscando su garganta, sedientos de su sed.