martes, 24 de marzo de 2015

Ebook, parada y fonda

El libro digital vive el momento crucial de su expansión  El 12 de marzo de 1455 el futuro papa Pío II escribía al cardenal Juan de Carvajal que había conocido a un "hombre admirable" que fabricaba Biblias "en extremo correctas y elegantes que vuestra eminencia podría leer sin gafas".Se trataba de Johannes Gutenberg 

 
Ilustración: Luis Parejo./elcultural.es
Si la imprenta lo cambió todo y fijó una determinada forma de leer durante siglos, la llegada del ebook -y la piratería- ha revolucionado la industria y amenaza con transformar una vez más la lectura. Tras un rapídisimo crecimiento inicial, la actual situación de stand by abre todo tipo de preguntas sobre el futuro que intentamos resolver con editores, autores, libreros y expertos.
¿Quién compra un smartphone por su cámara? Nadie pero, cuando lo tienes, no paras de hacer fotos. Las cámaras compactas de ayer tenían un tamaño similar al de los móviles actuales y nadie se las llevaba a todas partes. Hoy no tomamos fotos, “grabamos notas visuales”. La tecnología no ha mejorado la fotografía o, si lo ha hecho, no era su intención. Pero sí le ha dado una nueva aplicación. ¿Y el ebook? ¿Nos ha ayudado a leer mejor? ¿O, como la fotografía, ha transformado nuestra manera de leer? Es la tesis que defiende Roberto Casati en Elogio del papel(Ariel). ¿Tendrá algo que ver su alarma con el parón que tantos detectan en la expansión del ebook?

La burbuja del ebook y la resistencia del papel son los temas de moda en los mentideros del sector editorial. A finales del pasado año, el Financial Times informó que en Estados Unidos se habían vendido un 65% menos ereaders (Kindles de Amazon o Nooks de Barnes and Noble) que en 2013. Según la consultora Deloitte, en 2015 el libro impreso representará aún el 80% de las ventas mundiales. El último informe de Nielsen Books, publicado por Publisher Weekly, informaba de que la venta de ebooks en EE.UU. pasó del 23% a principios de 2014 al 21% al final. Y detectaba un moderado incremento del 2'4% (635 millones de unidades) en la venta de libros impresos.

En Reino Unido, donde la penetración del ebook es pareja a la estadounidense, las librerías Foyles y Waterstones anunciaron que las ventas de libros de papel aumentaron en Navidad un 8% y un 5% respectivamente respecto a 2013, lo que llevó a Time a preguntarse si el libro digital había pasado de moda. En Francia, Alemania, Italia o España la porción digital no acaba de despegar del 5%. En nuestro país, el Observatorio de la Lectura y el Libro del Ministerio de Cultura para el periodo 2012-2014 mostraba que de cada cien libros publicados, 74 son en papel y 23 en digital pero sólo 3'70 euros de cada 100 facturados proceden de la venta de ebooks. Sumarían 80',3 millones de euros, el 3'7% del total.

"Los datos indican que la venta de lectores digitales se frena al alcanzar el 25%".
Hablan los editores. Roger Domingo, director editorial del área económica de Planeta, reconoce el estancamiento del libro digital en EE.UU. “Los datos indican que la venta de lectores digitales se frena al alcanzar el 25%. No era viable que el crecimiento se mantuviera al mismo ritmo”. Así, contra las proyecciones entusiastas que en 2007 vaticinaban una inmediata sustitución del papel por el digital, ambos convivirán mucho tiempo. “Habrá lectores que seguirán leyendo sólo en papel, lectores que lo harán, tanto en papel como en digital, y un segmento, quizá más reducido, que sólo leerá en digital. Y, entre estos últimos, cada uno de ellos lo hará con el dispositivo que mejor se adapte sus necesidades. El lector voraz prefiere el kindle u otro dispositivo pensado sólo para leer. En cambio, al lector ocasional disponer de una tableta o un móvil que, además de sus funciones habituales le permite leer, ya le satisface sus necesidades”. Santos Palazzi, director de la división digital de Planeta, explica que el libro electrónico supone el 4'5% de su facturación total, con un crecimiento del 25% respecto al año anterior. El porcentaje promedio sumaría el 12%, con la excepción del género romántico, que supera el 20%.

También el IVA

Carmen Ospina, directora de Desarrollo Digital de Penguin Random House, señala que el lento crecimiento español obedece a peculiaridades propias. “Los mercados anglosajones que impulsaron la digitalización han tardado en llegar y crear marca, el IVA de los ebooks es mucho más alto que el del libro en papel, y luego está la crisis y, especialmente, la piratería, que como indica el último Observatorio, le cuesta a la industria un 12% de su valor con unas 335 millones de descargas ilegales en el último año”. En PRH las ventas digitales varían según los títulos, explica Ospina, pero ya algunas novedades potentes rondarían entre el 10 y el 12% y en géneros concretos, como la novela romántica, han llegado a vender más digital que papel.


Ofelia Grande, de Siruela, coincide en que si en EE.UU. el ebook ha ralentizado su expansión es porque había crecido mucho más que en España. Pero aquí “veníamos de cifras tan pequeñas que aún nos queda mucho camino por recorrer”. Si a principios de 2014 sus ventas digitales suponían el 5% ahora reportan el 10%, y Siruela ofrece ya más de 400 títulos en ese formato, un tercio del total. “Estamos creciendo, no sólo porque vendamos más digital, sino porque todavía estamos incorporando títulos, hay catálogos enormes, nuestros, y de casi todos los editores, que todavía no están disponibles en ebook y sólo la incorporación de nuevos títulos ya hace crecer el mercado”.

"El libro digital no sólo no ha alcanzado las cifras esperadas, sino que va bajando estrepitosamente"
No es de la misma opinión Sandra Ollo, editora de Acantilado: “Los datos de los que disponemos, que provienen de nuestra experiencia, del intercambio de ideas con el gremio de editores y de los diferentes artículos aparecidos en la prensa nacional e internacional, nos indican que, en efecto, el libro digital no sólo no ha alcanzado (al menos en España) las cifras esperadas, sino que va bajando estrepitosamente”. Acantilado coloca un 3-4% de sus títulos en formato digital y uno de sus distintivos es que no lo hace por Amazon -“sus condiciones nos parecían profundamente injustas y dañinas para nuestros libros”- sino desde su propia web.

En beneficio de autores y editores

Amazon es el gigante que todas las miradas buscan. Koro Castellano, directora de Kindle España, recuerda que lanzaron su dispositivo en nuestro país hace tres años con 22.000 títulos y ahora ofrecen más de 100.000. “La oferta crece exponencialmente y esta es una condición sine qua non para que crezca el mercado del ebook. No es cierto que las ventas digitales se estén estancando. Al contrario, están creciendo. Hemos vendido millones de lectores en todo el mundo y la respuesta ha sido increíblemente buena. Muy especialmente en España. Los últimos datos de la FGEE, de hecho, muestran que el libro digital es el único segmento que crece (+8,3%)”.


Apunta Koro Castellano que presentar el debate como una polarización entre libro digital y en papel es un error, pues lo importante no es el formato sino la lectura. “En Amazon disponemos de datos que indican que la transición hacia lo digital no ha ido en detrimento del libro en papel sino que lo que ha hecho es incrementar el volumen total del mercado en beneficio de autores y editores. Es decir, se lee más. Por ejemplo, tenemos comprobado que los dueños de un kindle compran cuatro veces más libros, ya sea en digital o papel. Hoy, para leer en digital no hace falta tener un kindle. Cada vez hay más usuarios que compran y leen libros desde su móvil, lo que nos indica que la lectura sincronizada entre dispositivos y multiplataforma ofrece, de nuevo, en primer lugar, mayor comodidad a los lectores y, en segundo, nuevas oportunidades a la industria para (re)conquistar nuevas audiencias”.
¿Pero cuáles son los números de Amazon? Su resistencia a mostrar datos de ventas es buien conocida. Según Javier Celaya, socio-fundador de Dosdoce.com, el observatorio señero que analiza las nuevas tecnologías del sector cultural, la multinacional detenta en España “entre el 35 y el 50% del mercado digital y ha sido la gran abanderadadel fenómeno de la autopublicación: cuatro de cada 10 ebooks vendidos en su portal son autopublicados”.

Jugársela en amazon



Para escritores con ganas de jugársela en digital, Amazon ha sido una bendición. La aventura de León Arsenal, fruto de la circunstancia y la necesidad, logró un éxito notable tras mucho bregar. “En nuestro país, cuando un libro cumple su ciclo comercial, desaparece. Como llevo más de diez años en el circuito profesional, me encontré con varios de esos libros y comencé a moverlos por mi cuenta en Amazon. Hablo de dos libros, El espejo de Salomón y Los lugares secretos. Y me permitió experimentar con una idea que tenía desde hacía tiempo: si queremos vender, tenemos que apuntar al mercado global hispanohablante y no a nuestro país. Puse precios muy bajos, buscando ganar lectores y críticas favorables y, una vez logrado, empezar a ganar dinero. Ha sido un trabajo de promoción de tres años, pero ha dado sus frutos. La media de venta de cada uno de esos libros es de más de 200 ejemplares al mes, y, en cuanto a los ingresos, cualquiera puede ver los porcentajes y los precios, y calcular. Es un cambio total de paradigma”.

¿Qué opinan los expertos? Es uno de los fenómenos más interesantes de la llegada del ebook a nuestro país: la forja de una potente y apasionada comunidad de debate sobre las posibilidades del medio que ha dejado huella en la blogosfera y las redes sociales. Auditores, especialistas o trabajadores históricos de la industria editorial que analizan con pelos y señales -y rebaten en muchas ocasiones- cada informe, manejan extensas fuentes de datos, organizan congresos y son, en definitiva, los que mejor pulsan lo que ocurre.

Como el citado Javier Celaya, a quien localizamos en Austin (Texas) donde participa en el mega evento anual SXSW, que analiza el impacto de las nuevas tecnologías en la cultura. Y niega la mayor: “No es cierto que haya un parón. Tras la primera y acelerada fase, habitual en cualquier proceso de transformación digital, el libro electrónico seguiría creciendo anualmente, pero ya a ritmos de un solo dígito: 8%”.

No hay cifras reales

Celaya no se acaba de creer las cifras oficiales que afirman que las ventas del libro digital en España no superan el 4%. Pero aún dándolas por buenas, ¿qué ocurre? “En vez de preocuparse por analizar, más allá de la piratería, los verdaderos motivos del escaso crecimiento de las ventas digitales, se respira en el sector editorial una sensación de satisfacción por una supuesta guerra ganada contra lo digital con declaraciones como ‘el libro en papel se resiste a ser sustituido por el electrónico'. Lo único que cae en picado en nuestro país, un 40% en una década, es la venta de libros en papel. ¿De verdad nos creemos que tras la salida de esta maldita crisis los lectores volverán a comprar papel? Si los editores quieren recuperar los 900 millones de euros en facturación perdidos, deberán asumir que las principales vías de crecimiento vendrán de los contenidos digitales”.

"Mientras los editores vean el ebook como un mal necesario, este mercado avanzará lentamente"
Arantxa Mellado es consultora editorial, especializada en el mercado digital en español y en la venta de libros en papel y digital a través de Internet, fundadora de The Spanish Digital Link y de DataLibri. También lleva las riendas del blog Actualidad Editorial. Mellado afirma, tajante: “No es que las cifras sobre la producción y ventas de libros digitales no estén claras, es que no hay cifras reales. En España, las estadísticas sobre producción de ebooks que se publican cada año recogen los datos aportados por la Agencia Española del ISBN y por los editores encuestados. Así pues, no existen los ebooks sin ISBN ni los publicados por editoriales no agremiadas y por autores autoeditados. Y no son cuatro gatos sino todo lo contrario. Hoy en día, cualquiera, ditor o no, puede poner a la venta sus libros en las grandes librerías online -Amazon, iBookstore de Apple, Casa del Libro- sin intermediarios. En mi opinión, el gran freno del ebook en España es que los editores no acaban de creer en él. Y mientras traten al ebook como un mal necesario, que da más trabajo que ingresos, este mercado avanzará lentamente”.

Los caminos de la lectura

El consultor Manuel Gil, que escribe el blog de referencia Antinomias del libro, cree que ha tenido lugar “una guerra entre los vendedores de cacharrería y los editores tradicionales. Mientras los primeros han generado una presión muy fuerte, lo que ahora se observa es un contraataque de la edición tradicional de papel. No era lógico pensar en una sustitución del papel en un abrir y cerrar de ojos y una migración digital masiva, pero tampoco es razonable la actitud numantina de la edición de papel, generando barreras a la edición digital”. Por otro, el surgimiento de las tabletas ha sofocado la popularización del lector de tinta digital tipo Kindle (el más vendido). “Es obvio que los ereaders son mejores para leer, pero si pensamos en las nuevas formas de lectura a las que vamos, las tabletas serán invencibles, y los primeros quedarán para consumidores muy concretos”. Manuel Gil cree que en el futuro los libros digitales seguirán subiendo solo que “serán muy diferentes a lo que conocemos”.

Pocas cosas parecen más fascinantes que los caminos insospechados de la lectura, sus mutaciones en marcha. No hace falta citar el manoseado “cambio antropológico”. A diferencia del equipamiento innato del habla, la escritura es una herramienta reciente en la escala temporal de la especie. Al ebook de tinta electrónica se le acusó de desorientar a un lector que no sabía encontrar en él sus referencias como en el papel. Pero si el futuro va más allá, hacia la lectura en dispositivos tipo tableta, si en el metro o en el autobús ya nadie lee un libro y todos andan pegados a las pantallas de sus móviles, ¿qué pasa con la atención? ¿Y con la lectura?

Magda Polo Pujada, profesora de la Universidad de Barcelona y de la Ramon Llull y autora de Creación y gestión de proyectos editoriales en el siglo XXI. Del papel a la era digital cree que algo de mucho valor se esfuma con la digitalización del libro: “Hay dos aspectos que debemos tener en cuenta cuando estamos hablando del libro digital y de aspectos psicológicos asociados a su lectura y uso: el primero, es el que se apunta en esta pregunta que me acaba de formular. Es cierto que un libro digital, cuantos más media tenga asociados a un contenido, más desconcierto crea en el lector. El funcionamiento de nuestra mente y de la percepción del objeto libro por parte de un sujeto requiere un tiempo de asimilación de contenidos y un tiempo de memoria. Las nuevas tecnologías no tienen casi nunca esto en cuenta. Si nos situamos ante una lectura fragmentada, precisa, concreta, no experimentamos tal desconcierto porque nuestra capacidad de raciocinio se contenta con lo escueto, con los vínculos entre diferentes recursos mediales para satisfacer nuestro conocimiento inmediato. El libro enriquecido, tal como se le conoce también al ebook, etc., forma parte de una sociedad voraz que resuelve con el mínimo de tiempo la adquisición de la máxima información. Por otro lado nos enfrentamos también a un además cultural. Nuestra sociedad no ha podido asimilar el cambio del libro impreso al libro tecnológico o digital. Las nuevas tecnologías nos hacen ser conscientes de la obsolescencia de muchos soportes en muy poco tiempo, cuando el papel hace siglos que forma parte de nuestra historia sin grandes cambios. Somos animales de costumbres”.

“Antes de que el mundo digital irrumpiese tampoco era habitual el panorama de un vagón lleno de gente leyendo a Faulkner”, recuerda el escritor Gonzalo Torné. “La lectura que me interesa sólo de manera muy residual se hace en transporte público. Se necesitan una o dos horas al día, en relativa tranquilidad, en casa o en una biblioteca. Y dada la capacidad de distracción que ofrece el mundo siempre ha requerido compromiso y perseverancia. Los teléfonos digitales es posible que estén erosionando la lectura de libros de entretenimiento, fenómeno que afectaría (y mucho) a la industria, pero poco o muy poco a la lectura seria”. Torné, que escribe en El Cultural un artículo semanal sobre las interrelaciones entre literatura y tecnología, admite que para él las ganancias digitales de sus novelas han sido “bajísimas”.

Por su parte, Joaquín Rodríguez, cuyo portal de referencia Los futuros del libro acaba de cumplir una década, recuerda que “la lectura supuestamente tradicional es lineal, sucesiva, acumulativa, reflexiva, silenciosa, porque la textualidad inscrita en las páginas de un libro exige que la leamos de ese modo. Es cierto que esa forma de lectura ha contribuido a que desarrollemos algunas de nuestras capacidades cognitivas de más alto nivel (la inferencia, el pensamiento analítico, la razón científica), pero también lo es que, como reprochaba McLuhan en La Galaxia Gutenberg al inventor de la imprenta, ese tipo de lectura privilegia algunos sentidos sobre otros, mermando la oralidad o el tacto. La lectura digital es naturalmente distinta, porque agrega contenidos audiovisuales, gráficos animados, anotaciones compartidas y discusiones en línea, además de los hipervínculos. Esto no es ni bueno ni malo. Como sugería Maryanne Wolf en La historia y ciencia del cerebro lector, de lo que se trata es de educar cerebros bitextuales, capaces de realizar una inmersión profunda en la lectura sosegada y de seguir las invitaciones más aleatorias e interactivas de los soportes digitales”.

Para tomar impulso

¿Y si el libro digital sólo ha parado para tomar impulso? El erudito inglés Ewan Clayton cierra su reciente y muy ambiciosa Historia de la escritura (Siruela, 2015) con una llamada a todos aquellos que hoy “hilan el hilo dorado de la comunicación escrita para que celebren sus intersecciones, sus caminos paralelos y sus diferencias, y que no cese nunca ese hilado”.