martes, 17 de marzo de 2015

El nuevo misterio de J.K. Rowling

La Vanguardia ofrece en primicia el primer capitulo de El gusano de seda, la última novela negra de la creadora de Harry Potter

Portada del nuevo libro de Robert Galbraith (alias de J.K. Rowling), El gusano de seda. lavanguardia.com

J.K. Rowling. alias de Robert Galbraith, escribe El gusano de seda.

El próximo miércoles 18 de marzo se pone a la venta El gusano de seda (Salamandra/Proa), la nueva novela de Robert Galbraith, protagonizada por el detective Cormoran Strike, que esta vez se ocupa, junto a su ayudante Robin Ellacott, de la desaparición del escritor Owen Quine, con las intromisiones de la prensa en la vida personal como telón de fondo.
Galbraith es, en realidad, el seudónimo que utiliza J.K. Rowling para escribir novelas negras, una vez superada la etapa de Harry Potter.

Si bien al principio firmó Una vacante imprevista (2012) con su nombre real, en el 2013 publicó El canto del cuco ya como Galbraith, intentando que su identidad real permaneciera en secreto.

Fracasó en su empeño pero, sin embargo, sigue exigiendo a sus editores que mantengan esa firma ficticia, como distintivo de género, a la manera de lo que hace John Banville con su alter ego Benjamin Black.

La Vanguardia ofrece hoy en primicia el primer capítulo de esta obra, traducida al castellano por Gemma Rovira Ortega.

Todo sobre el detective de J.K. Rowling 

La autora de Harry Potter se esconde tras seudónimo para firmar para firmar el ciclo de Cormoran Strike. Llega su segunda aventura 
La superventas británica J.K. Rowling publicó El canto del cuco (Espasa, 2013) bajo el pseudónimo de Robert Galbraith para huir de la presión mediática y desmarcarse de la etiqueta de libro juvenil que se ganó con el éxito de su personaje Harry Potter. Ahora Salamandra y Ed. 62 publican El gusano de seda, la segunda entrega del detective Cormoran Strike.

¿Quién es Cormoran Strike?
Es un detective privado de 36 años. "Cien kilos de humanidad desaliñada", de cabello rizado y duro, nariz de boxeador.

¿Cuál es su seña particular?
Existe una leyenda, frente a la costa de Cornualles (al sudoeste de Inglaterra) -el único lugar de su infancia del que Cormoran siente nostalgia-, de un gigante que aterrorizaba a medio mundo hasta que cayó en la trampa y se hundió en un profundo pozo. Cormoran también cayó en donde no debía. Exmiembro de la policía militar. luchó en Afganistán y allí perdió media pierna, por lo que cada noche se quita la prótesis y, muy frecuentemente, si hace un sobreesfuerzo o, como en esta novela, es perseguido por las calles de Londres por una loca con una navaja, puede sufrir un resbalón, lesionarse la rodilla y andar cojo varios días.

¿Quiénes son sus padres?
Su madre fue una groupie. Cormoran es el resultado de una fugaz relación entre ella -Leda- y un celebridad veterana del rock de la generación de Robert Plant. Jonny Rokeby tuvo que reconocer a Cormoran, pero sólo lo ha visto en dos ocasiones. Tampoco este detective se siente muy orgulloso de ser hijo de ese loco que casi estrangula a su bajista. Cuando Cormoran tenía nueve años, su madre lo justificó así: "A Jonny nunca le sentó bien el speed". La fama y la celebridad disgustan a Cormoran. Mucho más esa prensa amarilla que lo catapultó a la fama por ser hijo de Jonny Rokeby, y porque resolvió la misteriosa muerte de una famosa supermodelo, que cayó de su balcón en el elegante barrio de Mayfair. Eso fue en el primer caso y primera novela, El canto del cuco.

¿Tiene hermanos?
La madre de Cormoran tuvo otra hija, la pequeña y regordeta Lucy, con un músico menos famoso y menos chiflado que Jonny. Lucy se ha casado con un tipo formal. Para Cormoran son dos aburridos orgullosos de vivir en un barrio residencial y empecinados en encontrarle novia. A sus sobrinos les regala pistolas de juguete y uniformes de camuflaje, principalmente para molestar a su cuñado.

Cormoran tiene otro hermanastro por parte de su padre. Jonny Rokeby sí reconoció a Alexander, un chico nueve años menor que tuvo la vida que al detective se le negó: lujos, viajes, internado en Suiza y coches deportivos. A veces se encuentran y, como en esta novela, Al se muestra deseoso -y algo culpable- de ayudar a este hermanastro que arrastra deudas, así que le abre la puerta a circuitos exclusivos.

¿Dónde vive?
Ironías del destino, en la calle que fue templo del punk y el rock: su despacho y su pequeño piso en la planta de arriba (un ático mal aislado) están en Denmark Street, la estrecha calle de tiendas de instrumentos que sale de otra famosa, de librerías, Charing Cross (y que inspiró una obra teatral y una película). La oscura puerta metálica de Cormoran está junto al 12 Bar Café. Allí cerca, en el 6, los Sex Pistols grabaron sus primeras maquetas. En los estudios de esa calle grabaron los Rolling Stones, Emerson, Lake and Palmer y otros grupos posteriormente célebres.

¿Cómo vive?
Cormoran es un tipo ordenado: su cama siempre está hecha, la cocina limpia (esto último nada difícil, puesto que abusa del take away). En su despacho tiene un sofá negro que -según él- sólo con su corpachón emite odiosos ruidos parecidos a ventosidades cuando se desploma encima.

¿Cómo es su vida sentimental?
Atormentada y desastrosa, con "dieciséis años de locura y tortura con éxtasis esporádicos" que ahora parecen haber llegado a su fin. Su amigo de infancia afirma que Cormoran siempre atrae a "piradas del copón". Y aunque Charlotte no aparece en esta novela, su figura -bellísima- es una sombra poderosa (y peligrosa) que, además, también aparece en las revistas satinadas para contarle al mundo -pero en particular a Cormoran- su felicidad por su inminente boda con un ex: un vizconde alcohólico. Charlotte le envía a Cormoran mensajes-dardos en forma de declaraciones a la prensa. Y él los lee preguntándose si ella ya no se acuerda de cuando tuvo que rescatarla de un psiquiátrico, o cuando quiso tirarse de un tejado.

¿Tiene amigos?

Dave Polworth es un gran amigo. Cuando eran chavales, en la playa de Cornualles, Dave, desoyendo las advertencias, se dedicó a provocar a los tiburones por lo que tiene una notoria marca en el brazo. Ahora no duda en poner en peligro su aburrida y rutinaria vida matrimonial para socorrer a Cormoran.

Timothy Antins lo persigue con su eterna gratitud y sus lacrimógenos homenajes, en compañía de su hipócrita esposa. En Afganistán, Cormoran tuvo la intuición de que estaban a punto de saltar por los aires y, un segundo antes, tiró a Timothy a la parte trasera del coche. Por eso el hijo de Timothy es su ahijado, a quien le ha regalado un tambor para que no deje dormir a sus padres.

¿Trabaja solo?
No. Robin Ellacot es y será decisiva en su trabajo y en su vida. Robin aparece en su despacho una mañana, por un puesto de secretaria. Es guapa, escultural y tiene madera de detective. En esta novela Robin hace lo posible para que su novio Mattew y su jefe hagan buenas migas. Pero es imposible. Mattew es formal y -aunque procura no abrir la boca- Cormoran opina que es un tonto que no merece una chica como Robin.

¿Qué lo distingue de otros famosos detectives británicos?
Cormoran no es ni alcohólico ni culto, como Morse (de Colin Dexter), ni aristócrata como Thomas Linley (de la autora Elisabeth George). Posee una gran capacidad de concentración y observación. Sus orígenes están en la admiración de su creadora por Margerie Allingham y Agatha Christie (de quien Rowling destaca su humor). Su gran figura avanza en un clásico whodunit (¿quién es el asesino?) en un mundo cerrado. "Harry Potter también es un whodunit", declaró Rowling. En su debut -El canto del cuco-, y cuando no se sabía quién era Galbraith, el libro recibió una más que discreta acogida. Hace poco tiempo, la editora de ficción de Orion declaró a The Independent haber rechazado aquel manuscrito, que le había parecido "bien escrito pero demasiado lento".

Pero Cormoran sigue andando y, aunque cojee, lo hace muy bien. Nace de un legítimo deseo de Rowling: "Quería probarme a mí misma". Es su inmersión en el mundo real, en las leyes de estos muggles que analiza en detalle. Rowling tiene amigos veteranos, y quiere mostrar qué significa vivir con una minusvalía. Cormoran se cae en las heladas calles de Londres y blasfema en los atascos. Pero al fin va más rápido que el lector y, tal vez por haber crecido entre gente atípica, y porque su creadora ha visto mucho del mundo celebrity, parece ir en busca de la sencillez. Lee la prensa estirado en la cama, bebe té fuerte y mira la nieve que cae al otro lado de la ventana. Cansado de entrevistarse con egos intolerables -un escritor malicioso, una agente irascible y despótica, una bloguera que se cree un alma sublime- exclama: "¡Hay que ver lo que le gusta comer a estos del mundillo editorial!".