martes, 19 de mayo de 2015

La palabra como pensamiento

Tres universidades publican la obra completa de Danilo Cruz Vélez

Danilo Cruz Vélez, escritor y filósofo colombiano./eltiempo.com

Rubén Sierra Mejía, recopilador y editor de la obra de  Danilo Cruz Vélez. /Mario Rivera y Diana Trujillo./eltiempo.com

Si los grandes pensamientos llegan en las patas de una paloma, los grandes pensadores llegan sin hacer ruido y se marchan así, sigilosamente. Danilo Cruz es nuestro primer pensador, el que nos puso a pensar al nivel de la modernidad. “Es nuestro representante por excelencia en el contexto latino”, exclama Rubén Sierra, el editor de su obra completa, que acaba de aparecer en 7 volúmenes, lujosamente editada por las universidades donde hizo su nombre y su carrera docente.
Rubén Sierra cuenta con afecto la vida y obra de Danilo Cruz. Nacido en un pueblo perdido de Caldas, Filadelfia, en 1920, Danilo pertenece a una generación de ruptura. Ruptura con la pacata tradición feudal dominada por la escolástica. Su generación irrumpió en los cincuenta para renovar la poesía con Aurelio Arturo, Charry Lara, pero también la plástica con Obregón y la escultura con Negret y la historia con Jaramillo Uribe.
Fue la misma generación de Mito, la de Gaitán Durán y Cote Lamus, la que abrió las puertas a las letras modernas y a la llamada modernidad filosófica y literaria. Danilo se inició en las primeras letras con profesores de pueblo como Rogelio Escobar y Guillermo Arcila, mentores de lecturas filosóficas, como las de Bergson y luego Ortega y Gasset, de libros de historia y poesía como los de Thomas Mann y Romain Rolland. De Riosucio y Popayán pasó a Manizales y de allí a la capital donde habría de arribar en 1939 para empezar estudios de Derecho que pronto abandonó para dedicarse a lo suyo: la tarea de pensar.
Escritor de artículos para EL TIEMPO en los cuarenta y temprano docente en la Facultad de Filosofía de la U. Nacional, junto a Cayetano Betancur y Rafael Carrillo, el filósofo sin título fue destituido por el régimen de Laureano Gómez por difundir ideas contrarias al pensamiento católico dominado por monseñor Carrasquilla e introducir filósofos protestantes como Hegel.
Emigra gracias a ello a Alemania, donde conoce al pensador que había de cambiar su meditación: Martin Heidegger. Al final de esa década retorna a su patria para incorporarse a la U. de los Andes, lugar final de su magisterio hasta 1972 cuando decide retirarse de la cátedra “para no estorbar su trabajo filosófico”.
En esa década publica su trabajo más enjundioso: 'La filosofía sin supuestos', libro sobre la fenomenología de Husserl y el paso a Heidegger, sin duda el más logrado de sus escritos y el de mayor repercusión en nuestro continente. Luego vendrían sus 'Aproximaciones a la Filosofía', y en la década siguiente 'El mito del rey filósofo', y en los noventa su 'Tabula rasa' y 'El misterio del lenguaje'.
En estos Danilo encuentra sus temas y autores favoritos. El gran tema de la cultura y el hombre como un animal simbólico; el tema de los prejuicios en el pensar, los llamados idola de la caverna y de la plaza pública y, finalmente, el tema que quiso hasta el final: el nihilismo.
“Parece, dice Sierra, que trabajaba un libro sobre ese problema hasta su final, cuyo manuscrito nunca se ha encontrado”. De la mano de Nietzsche, Danilo pensaba el nihilismo en sus dos formas: teórica y prácticamente. “El nihilismo teórico se presenta cuando todo ente nos parece nada; y el nihilismo práctico cuando las normas que rigen nuestro comportamiento pierden su validez, y no sabemos cómo debemos obrar”. Aquí encuentra que solo se puede superar el nihilismo en la práctica, o en la transvaloración de los valores, tema que lo lleva a la filosofía de la praxis.
Si la función de la cultura es construir la morada del hombre en esta Tierra, o sea el lenguaje donde habitan los humanos, el arte es la primera manera como moramos la Tierra. Danilo habla del lenguaje como el misterio más hondo, el que nos habla, el de ese Otro que habla en nosotros. No el mero instrumento que usamos a discreción sino ese secreto fondo del que procede toda metáfora, sea científica, religiosa o poética.
Danilo amaba la palabra y se paladeaba con ella cuando leía en voz alta un poema y encontraba todas sus resonancias y su música en cada verso. Su amor por el idioma lo hizo frecuentar a los grandes poetas de la lengua, desde los clásicos del Siglo de Oro, el de Cervantes y Quevedo, hasta los de la generación del 27, como Cernuda y Guillén, de quien fue amigo personal.
Entre nosotros admiraba a Silva y a sus amigos Carranza y Charry Lara. Danilo era un cultor de la palabra hablada o escrita, “así fuera algo sordo para la música y casi ciego para la plástica”, anota Sierra. Le interesaba conocer los secretos de la lengua en que escribió para dominarla en su escritura y hacer de sus clases un modelo de dicción, claridad y método. No dejaba un solo punto a la improvisación, porque era preso del afán de esclarecimiento, el rasgo más notable de su docencia.
Pero su última pasión, y no por eso la menos importante, era la política, pensada más que actuada. Para ello se ocupó de Platón, Marx y Heidegger. Reconocía en Platón el mito del rey filósofo, o la teoría de la justicia encarnada en el filósofo, supremo hacedor de las ideas; de Marx reconocía el paso de la interpretación del mundo a su transformación; y en Heidegger encontró la decisión, así fuera equivocada, de tomar partido por una nueva ley, la del Führer, la realidad alemana de entonces.
En el fondo Danilo era un liberal clásico que en su tierra admiraba a López, el grande, el de la República liberal, y despreciaba el reaccionario tradicionalismo, cuasifeudal de la república conservadora.
Finalmente el pensador también denostaba del quehacer profesional del político porque “la posesión del poder echa a perder el libre uso de la razón”. Este era su genio y figura. El amante de la soledad y el ideal ascético, el que descreía incluso del matrimonio para filósofos y de todos los halagos del mundanal ruido. Murió en su ley, víctima de una larga y penosa enfermedad. Nos quedan estos 7 tomos de su obra completa y su vida incompleta, para la que tenía planes al menos por 30 años más de trabajo.
Esfuerzo Editorial
La obra completa de Danilo Cruz Vélez tuvo como editor a Rubén Sierra. El proyecto fue un esfuerzo editorial conjunto entre el Centro Editorial de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes y Ediciones Uniandes y la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de Caldas.
Los títulos de las obras son 'Tomo I: Filosofía sin supuestos. De Husserl a Heidegger'; 'Tomo II: De Hegel a Marcuse. Aproximaciones a la filosofía'; 'Tomo III: El mito del rey filósofo'; 'Tomo IV: Tabula rasa'; 'Tomo V: El misterio del lenguaje'; 'Tomo VI: Obra dispersa'.
El editor, Rubén Sierra Mejía, es profesor de la Universidad Nacional desde 1969, ejerció como docente de esa institución más de dos décadas y ha seguido vinculado a esta como editor y coordinador de los estudios del pensamiento colombiano.
Producto de esa cátedra es la edición de sendas obras sobre la historia de las ideas políticas en el país, que arrancan desde el radicalismo liberal del siglo XIX y alcanzan hasta mediados del siglo XX con la restauración conservadora. Ha sido coordinador, además, de dos libros sobre la crisis colombiana y la filosofía.
Al tiempo se publicó el libro 'La época de la crisis', en la colección Séneca de Ediciones Uniandes, conversaciones entre Rubén Sierra y Danilo Cruz Vélez, reeditado como parte del homenaje a la vida y obra.
Estas obras fueron presentadas en la Feria del Libro en abril; en adelante están en las respectivas universidades y librerías.
Ciro Roldán Jaramillo