sábado, 24 de marzo de 2012

Minicuentos 27


Sueño de conciencia

Jorge Arturo Castañeda

Fueron las tres de la mañana cuando despertó con una angustia inmensa provocada por una pesadilla, tardó poco en incorporarse y sentado sobre la cama, se llevó las manos al rostro como queriendo borrar de su mente aquellas tormentosas imágenes; un cuarto blanco y él flotando al centro, moviendo las manos con desesperación como tratando de alcanzar el techo.

Volteando hacia abajo, un mar de sangre y una serie de escenas que lo aterraban, por la violencia con que se desarrollaban. Cada instante que pasaba, bajaba más y más, la sangre casi lo alcanzaba, las imágenes cobraban vida y su angustia era mayor.

En un instante se encontraba con los guerrilleros en aquella selva espesa, llevando un machete y ropa verde olivo, caminaba y caminaba tras un grupo de los que siempre consideró terroristas y malvivientes, pero el miedo de perderse y quedarse solo en aquel lugar, lo hacía instintivamente seguir a aquel grupo.

Llegaron a un claro y descansaron en la obscuridad, de sorpresa una serie de luces los alumbraban y comenzaron disparos de metralleta, sólo escuchó que uno del grupo le gritaba: ¡Compa, corre y sálvate, estos sardos nos van a matar! Al momento, sus piernas se movieron sin dirección y se alejaba del lugar.

Se encontró en una población desconocida, en una pequeña choza, los habitantes le ofrecieron agua y comida, él platicó lo acontecido en aquel lugar y nuevamente escuchó gritos de desesperación:¡Compañero, huya de aquí con nosotros, vayamos a la selva a refugiarnos!... Corriendo y volviendo la mirada atrás, veía, cómo con lanzallamas, los sardos quemaban a los niños y mujeres, sin piedad, sin miramientos de ninguna índole.

Ya en la selva nuevamente, caminaba y caminaba, al paso encontraba víboras y los mosquitos lo devoraban, su tensión era enorme.

Platicando con los habitantes de aquella choza, le contaban que la causa que perseguía era la mejor, que no importaban las vidas que se perdieran, con tal que desaparecieran aquellos opresores, aquellos asesinos. En el recorrido cayó en una zanja que se abrió a su paso y volvió a flotar ensangrentado en aquel cuarto blanco, se elevó vertiginosamente dando vueltas, hasta estrellarse con el techo y despertó.

Después de las tres de la mañana y al sacudirse la angustia, durmió profundamente.

En la mañana, se dirigió al trabajo con una actitud decidida y firme. Llegó a su oficina y …

¡Buenos días mi general, quiero presentar mi baja!

Sueño

Edmundo Valadés

Sentada ante mí con las piernas entreabiertas, columbro la vía para cumplir mi sueño de cosmonauta: arribar a Venus.

Trabajo asegurado

René Avilés Fabila

Al morir, los arpistas van directamente al Cielo en donde nunca padecen desempleo.


El club de los despectivos

Chaval*

Situado detrás de la estación de Austerlitz, este club reunía socios despectivos. Las reuniones eran los lunes y se desarrollaban en un profundo desprecio. El procedimiento era siempre más o menos el mismo: el Presidente lanzaba una mirada despectiva sobre los socios; éstos lo miraban riendo burlonamente, o le volvían ostentosamente la espalda, o escupían al suelo. El Presidente alzaba los hombros y leía muy rápidamente y sin cuidado un texto trivial que luego arrugaba entre las manos. Estas reuniones no podían durar más de unos minutos a causa de la hostilidad que no cesaba de crecer entre los socios, a quienes sólo un mutuo desprecio les impedía pelearse. La situación no podía durar y, en efecto, sólo duró cuatro años, que no es poca cosa.

*Traducción: José de la Colina

Información

Guillermo Farber

Y ahora, el estado del tiempo: Se espera un brusco ascenso de la temperatura en la meseta central del panorama político, con fuertes nublados en la perspectiva económica y chubascos aislados en el Congreso, la Federación Sindical y los gobiernos estatales. Se recomienda no salir a la calle sin paraguas, credencial del Partido y chaleco contra balas.

Así será el desfile inaugural del Festival Iberoamericano de Teatro

Especial FITB XIII

El evento iniciará en la Plazoleta de la Universidad Tadeo Lozano, bajará por la calle 23 y tomará la séptima de norte a sur hasta la Plaza de Bolívar


Los saltimbanquis, los payasos y todas las delegaciones desfilaran a lo largo de la legendaria Carrera Séptima de Bogotá. foto.fuente:vive.in

Danza, teatro, música, banqueros, clowns, bandas de marcha, comparsas y las delegaciones de los carnavales y fiestas más reconocidas del país, se tomarán la carrera séptima este 24 de marzo.

El evento iniciará en la Plazoleta de la Universidad Tadeo Lozano, bajará por la calle 23 y tomará la séptima de norte a sur hasta la Plaza de Bolívar.

De igual manera, se cerrarán algunas vías, desde la calle 24 hasta la calle 19 por la carrera 4 (desde las 10:00 a.m.). La calle 19 se cerrará desde la 1:00 p.m., La Av. Jiménez cerrará a las 2:00 p.m. y la entrada a la plaza de Bolivar por la Cra 5 con calle 11 también estará cerrada.

Finalmente, al llegar a la Plaza de Bolivar, todos los asistentes podrán disfrutar de un homenaje a Lucho Bermúdez, de la mano de la Big Band Casablanca y Totó La Momposina. La tarima estará ubicada en el Palacio de Justicia, Costado norte de la Plaza y la celebración culminará a las 6 p.m.

Será una fiesta con más de 2.000 artistas de delegaciones nacionales que llenarán a Bogotá de música, máscaras, vida y color.

viernes, 23 de marzo de 2012

Leonce y Lena

Especial FITB XIII
El país invitado de honor, Rumania, trae Leonce y Lena del mítico Karl Georg Buchner, muerto a los 24 años
Leonce y Lena, una obra de la Compañía de Teatro Cluj.foto.fuente:revistaarcadia.com, youtube.com

Tragedia y comedia son, sin lugar a dudas, dos palabras que nos tocan a todos los seres humanos. Desde los griegos, que quizá ya lo pensaron todo, la comedia ha ocupado un papel fundamental en la vida de las sociedades, las cuales han visto, gracias al filtro de la risa, reflejados sus más negros instintos y sus más deplorables actitudes. Risa, ironía, sátira, parodia son las distintas caras de una sola idea que gira en torno a la manifestación de un deseo: encontrar, no tan en el fondo, lo patético e inevitable de la condición humana.

En esta décimo tercera versión del Festival, de Rumania, el país invitado, viene la Compañía de Teatro Cluj, con la comedia ya clásica Leonce y Lena. Su autor, Karl Georg Buchner, es un raro talento en la historia del teatro alemán. Su súbita muerte a los veinticuatro años lo cubrió con un manto de leyenda que alimentó la genialidad de su breve y profunda obra. En 1836, a los veintidós, su comedia Leonce y Lena despertó la más especial simpatía en el cada vez mayor y exigente público europeo, a pesar de sus evidentes burlas hacia el poder y hacia el excesivo control que las instituciones ejercen sobre los individuos. El humor negro, súbito y cargado de efectividad es, desde luego, su virtud principal, así como su mayor brillo, de ahí que siga siendo vista y aplaudida en múltiples escenarios y considerada por la crítica como una de las obras más importantes de la dramaturgia alemana junto con obras de Goethe o Schiller.



¿Marcarán las tabletas el fin de las computadoras de escritorio?

Las PC sobrevivirán, pero es probable que se vendan menos: acuerdan los analistas y ejecutivos del sector informático
Kindle Fire, la Tableta PC de Amazon.foto.fuente:Revista Ñ

El director de Apple, Timothy D. Cook, hizo una predicción: llegará el día en que los dispositivos tipo tableta como el iPad de Apple se venderán más que las computadoras personales tradicionales.

Su pronóstico cuenta con el respaldo de un número cada vez mayor de analistas y ejecutivos veteranos del sector informático, para los cuales las tórridas tasas de crecimiento del iPad, sumadas a la competencia con las tabletas de Amazon.com y Microsoft, hacen que el cambio ya no sea cuestión de probabilidad sino de tiempo. Es muy posible que las ventas de tabletas experimenten otro salto durante marzo, a partir del lanzamiento de la versión más reciente del iPad.

El iPad, que cuando fue presentado en 2010 parecía una linda actividad secundaria para Apple, ya representó para la empresa una franquicia de US$ 9.150 millones de facturación en el trimestre de las fiestas; o sea un 20% de los ingresos tode Apple. Los cerca de 15 millones de iPad que Apple vendió en ese período más que duplican la cantidad vendida un año antes. En el otoño, Amazon introdujo el primer competidor creíble del iPad: el Kindle Fire con un costo de 199 dólares.

Este año podrían impulsar el mercado tabletas de una serie de fabricantes de hardware que funciona con Windows 8, un nuevo sistema operativo de Microsoft con pantalla táctil. "Las tabletas están que arden, eso es indudable", dijo Brad Silverberg, capitalista de riesgo en Ignition Partners de Seattle y ex ejecutivo de Microsoft, que se apresuró a agregar que hablaba principalmente del iPad, que domina las ventas actuales.

Las tabletas no han llegado a ese punto todavía. En 2011, las PC se vendieron más que las tabletas por casi seis a uno, según estimaciones de Canalys, una empresa de investigación en tecnología. Hay, no obstante, un cambio significativo respecto de 2010, el primer año del iPad en el mercado, cuando las PC se vendían más que las tabletas por 20 a uno, según Canalys. Durante estos dos últimos años, las ventas de PC fueron bajas, mientras que las de iPad hicieron furor. Kindle Fire y Nook de Barnes & Noble dieron un empujón adicional al mercado en la época de las fiestas.

Apple confía en el mercado de las tabletas. Durante las vacaciones, su iPad generó casi un 40% más de ingresos que su propio negocio de computadoras marca Macinstosh.

"Desde el primer día que se despachó, pensamos ­no sólo yo, muchos en Apple lo pensamos­ que el mercado de la tableta llegaría a ser más grande que el mercado de la PC, y que la cuestión era sólo el tiempo que eso tardaría en producirse", dijo Cook de Apple recientemente en una conferencia de inversores de Goldman Sachs.

Gene Munster, analista de Piper Jaffray, estimó que la predicción de Cook se haría realidad en 2017, pero otros sostienen que las tabletas se impondrán antes.

Por ejemplo, en un mensaje subido a un blog este mes, Horace Dediu, analista de Asymco en Finlandia, presentó una argumentación detallada señalando que las ventas de las tabletas superarán las ventas de PC tradicionales en el otoño de 2013. Sus proyecciones se fundan sobre todo en la hipótesis de que Apple enfrentará una competencia más seria en el mercado de tabletas del Kindle Fire de Amazon, de Windows 8 y de una oleada de otros aparatos que funcionan con Android de Google, un sistema operativo que en los últimos tiempos ha tenido mucho éxito especialmente en el mercado de los teléfonos inteligentes.

Tim Bucher, empresario que ha ocupado altos cargos en Apple, Microsoft y Dell, dijo que las ventas de tabletas superarán "absolutamente" las de PC, una tendencia que, en su opinión, se volverá aún más pronunciada a medida que envejezca una generación más joven que maneja las tabletas.

"Creo que la generación más vieja no engancha la forma de interactuar con los nuevos dispositivos", dijo Bucher, comparando a las personas de más edad con la próxima generación. "No sé cuántos videos hay en YouTube mostrando desde bebés hasta animales interactuando con iPads".

¿Dónde deja este cambio a la PC, la humilde máquina que definió la computación por décadas? Incluso Cook en su reciente discurso dijo que él no predecía la muerte de la industria de la PC, aunque sí dijo que el iPad está absorbiendo algunas ventas de computadoras, sobre todo de PC con Windows más que el mercado mucho más pequeño de Macs. Una categoría de PC en la que esto se da especialmente es la netbook, la computadora notebook barata que ha experimentado una caída abrupta en los embarques en este último par de años.

"Lo que está haciendo el iPad es quitarle al mercado de las PC el crecimiento que habría ido a un segundo o tercer dispositivo", dijo Dediu. "No hay tantos que vayan a abandonar las PC. Van a agregar este dispositivo adicional".

domingo, 18 de marzo de 2012

El cuento del domingo

Andrés Caicedo

Maternidad


A las vacaciones de quinto de bachillerato salimos con un saldo de muertos. "Es una verdadera tragedia terminar un año marcado por triunfo -la construcción de un nuevo pabellón deportivo, por ejemplo- con la desaparición de seis jóvenes que apenas despuntaban la que sería una brillante carrera", se lamentó el padre rector, en el discurso de clausura. Pepito Torres hizo un viaje repentino a Bogotá (faltó a un examen final) y dicen que vino a pie, devorando cuanto hongo mágico encontró a la vera del camino, y al llegar a Cali comenzó a dar escándalo público por la Sexta, lo agarraron dos policías sin avisar a sus papás, lo metieron en la radio patrulla en donde murió como un perro, dándose contra las rejas, exhalando por boca y narices un polvito negro. Manolín Camacho y Alfredo Campos, los inseparables, se volaron del colegio y fueron a pasar un viernes de tarde deportiva en el río Pance, hubo crecida, y a los dos días encontraron sus cuerpos "entrelazados", pero el periódico no explicaba cómo. Tiempo después un campesino encontraría, entre las raíces de un carbonero a la orilla del río, una botella con un manuscrito de Alfredo, redactado compasivamente: "Vemos cómo crece el río. Es increíble. Es como si viniera a cobrar venganza por el pasado esplendoroso que le quitaron las modernas urbanizaciones. Pero ruge, recobra su poder. La idea se nos ha ocurrido a ambos. No seremos víctimas en vano. Mejorarán los tiempos. Cogidos de la mano caminamos hacia el río". Yo nunca pensé‚ que las cosas mejorarían así no más. Un mes antes de exámenes finales Diego A. Castro (Castrico) salió con su hermano mayor, Julián, a la bocana del Océano Pacifico. Le encantaba ese mar de agua, arena, cielo, selva y gentes negras. Ambos habían ganado medallas en intercolegiados, departamentales y nacionales de natación. No fueron a ninguna competencia internacional por el uso de las pepas. Así, podían nadar hasta la línea del horizonte, de allí alcanzar la línea que uno podría divisar si llegara al horizonte, y aún la otra. Pero no esa vez. A las pocas brazadas, Julián le resopló que se sentía muy mal, que se devolvía. Castrico, abstraído en sus movimientos parejos sobre las cresticas de cada ola, le dijo que bueno, y siguió nadando. Al regresar, feliz de su inmensa travesía, lo encontró en la playa, muerto, con el pescuezo inflado. Nadie sabe cómo regresó Castrico a Cali, pero ya se le había atravesado la existencia. Comenzó a buscarle pelea a todo el mundo, en especial a los más amigos de su hermano. Cargó puñal. Viajaba al campo y allá peleaba con machete y ruana envuelta. Lo encerraron en el manicomio y se voló del manicomio reclamando la presencia de su madre. No era más que ella le tuviera al lado su frasco de pepas y Castrico se quedaba calmado, acariciando las flores, jugando con los gatos. Salía a la Sexta una vez cada dos meses, y yo lo veía parado solo, hablando incoherencias sobre todas las mujeres, sonriendo. En la última pepera salió despavorido a buscar pelea, pero murió antes de que se la dieran: quedó como clavado en el suelo, gritó que se le abría el suelo y cayó muerto. Y van cinco. El sexto, Manolín Camacho, es el que más me duele. Mi compañero de pupitre. Solíamos caminar distraídos en los recreos, hablando de paisajes que nos imaginábamos en tres dimensiones de sólo mirar mapas. Nunca había probado ninguna droga, ni en las fiestas bebía. Sólo un sábado. Vaya a saber uno con quién se metió, quién lo invitó, por qué‚ lo vieron recorriendo calles a la velocidad que iba, con la velocidad que iba, con la mirada desencajada, buscando qué, con la piel llena de huecos, insultando ancianas, pateando carros. Murió solo, en un baño cualquiera, esforzándose por vomitar lo que seguro se había tragado inocentemente y ahora le cercenaba el coccis, la próstata, el cerebelo. Le dieron una mezcla de analgésico para caballos y líquido de freno para aviones: "es una lástima, una serie así de muertes sin ningún, sin ningún sentido", decía el padre rector. Y yo, agarrado a mi asiento, con una rabia inmensa, sabía qué‚ sentido había. Nos habían escogido como primeras víctimas de la decadencia de todo, pero yo no iba a llevar del bulto. "Haré‚ mi afirmación de vida", pensaba, y no sonreí ni una sola de las seis veces que me llamaron para recibir diplomas de matemáticas, historia, religión, inglés, geografía y excelencia. Miraba a ese público compuesto por curas, alumnos y padres de familia, y recibía los aplausos con apretón de dientes. "Haré‚ mi afirmación de vida".
"¿Qué te pasaba?", me decían los compañeros, luego. "Como si no te gustara el éxito", y yo, a todos, silencio, y me negué a ir a la fiesta de curso que organizaba Mauricio Gamboa. A mi casa llegué en el carro de mis padres, entre sus cuerpos blandos. Ya me habían felicitado por tanto triunfo, y no se habló de más en el camino. Yo no me aburrí, pues llovió y me distraje imaginando que las gotas en el parabrisas eran gente, personitas con hombros y cabezas bien formadas, y venían las plumillas y chas, las barrían dejando minúsculas porciones de la primera gota, irrecuperable para siempre.
Esa noche soñé con un viaje en tren por entre campos de mangos y trigo, y una muchacha rubia se me acercaba y nos volvíamos uno solo en la alborozada contemplación de esa feliz naturaleza. Luego el tren se metió a un túnel muy negro y desperté, demorándome en identificar como miedo o gozo el sentimiento con que empezaba ese nuevo día.
Antes de almuerzo me llamó el mismo Mauricio a comunicarme que en la fiesta de anoche, una pelada, Patricia Simón, se había pegado la gran desilusionada ante mi ausencia, que era la mejor alumna de quinto del Sagrado Corazón y que quería, que se moría por conocerme. Yo le pregunté que entonces cómo. Él me indicó que en otra fiesta, esa misma noche. Yo accedí.
Al llegar, no vi más que caras pálidas, poca amistosidad, puertas cerradas, prevención, horrible humo. Muy poca gente bailaba la música Rock que yo jamás aprendí y que hace medio año ponía frenético a todo el mundo. Me alegró ver que los invitados se recostaban en las paredes y nada más oían, con el ánimo ido. Yo me paré en toda la mitad de la pista para no dar aires de vencido, hasta que del fondo, de bien al fondo de esa casa vino a mí una muchacha vestida de rosado y rubia, y haciendo mágico todo el trayecto hacia mí mientras sonreía. Se presentó: "Patricia Simón", muy tímida me dió la mano, yo se la apreté exageradamente para intimidarla aún más. "Eres muy inteligente", fue lo primero que me dijo cuando la conduje al patio, puesto que con el volumen de la música no podía oír sus lánguidas palabras de alabanza y devoción por mis conocimientos del Imperio Romano, de la Cordillera Occidental Colombiana, del Misterio de la Transubstanciación. Se respiraba mejor en ese patio acosado por el color azul de la noche que perdía a cuantos jóvenes más allá de nosotros, acorralando -lo supe- a los que buscaban refugio en esa casa. Yo me sentí libre de la noche, de su muerte, superior a su extravío. Con mucha cautela le comenté a Patricia mis temores sobre la feroz época, y ella como si fuera su forma peculiar de explicarme que los compartía, me relató un sueño. Soñó que alguien muy amado le regalaba un pastel de fresas -su bocado predilecto- y al irlo a morder no había fresas sino gillettes, alfileres, etcétera, que se le incrustaron en las encías y le reemplazon los dientes, de tal manera que quedó con alfileres en lugar de dientes. "Extraño", pensé, mirándola, pues sus dientes eran grandes, muy sanos, de encías duras. Ella alzaba la cabeza para mirar a mí o al cielo. Era pequeña, pero fuerte, de buenas espaldas y caderas, ojos azules y largas cejas. "Buena raza", pensé, y luego "Edelrasse", observando que tendría mínimo cuatro dedos de frente, rosada la piel. Resolví "Le haré un hijo a esta mujer".
El tiempo pasó en el sentido que quiso nuestro amor. De esa fiesta salimos cogidos de la mano, y empezamos a vernos todos los días, y yo le fui llenando la cabeza de cucarachas como Nietzsche y Rousseau, y por miles de argumentos la fui llevando a una conclusión sencilla: que la única manera de salvarnos sería trascendiendo en algo. Un día me salió con que le provocaría escribir versos, pero yo le espanté la idea como si fuese un enjambre de moscas: "La poesía es una profesión decadente", y ella me creyó. Y le ponía cara de moribundo siempre que la miraba a los ojos, y ella apuesto que pensaba: "Lo que haría para hacerte feliz", y en los cines me le pegaba mucho o suspiraba cada vez que había un pasaje de maternidad , y ella salía conmovida toda, aún sin decirme nada pero ya pensando en la idea de que la única manera de trascender sería quedando preñada y pariendo un hijo.
Lo que la decidió fue precisamente la muerte de Ignacio Moreira, que tuvo una discusión con sus papás, subió corriendo las escaleras y se dio un tiro en la cabeza. Ella vivía al frente, conocía a Ignacio desde chiquito, oyó el disparo, el chapoteo: estuve, pues, de buenas.
Conseguí que me prestaran la finca de la Carretera al Mar, lugar que yo había escogido para que se diera la concepción. Con nosotros subieron varios amigos, pero casi nunca nos mezclábamos. Los días amanecían oscuros y la niebla bajaba temprano, y ella se llenaba de añoranzas y de melancolías, lo que, curiosamente, no le producía impavidez sino movimiento. Caminábamos horas, acercándonos cada vez más al filo de las montañas. Ella resistía el empinadísimo camino sin una queja.
Mi día vino claro, de visibilidad profunda. Nos levantamos con el sol y empezamos a subir, dispuestos a llegar esta vez hasta la cumbre. Los guayabos y los lecheros viraban en múltiples tonos verdes a cada paso que ganábamos, y los pájaros cantaban "pichajué-pichajué", y todo eso me llegaba como puro presagio y signo de fertilidad. Hacia las dos de la tarde salvamos la última pendiente de piedras blancas y tuvimos, repentinísimamente, una enloquecedora visión del mar, a miles y miles de kilometros. El frío de la montaña y el ardor que se contemplaba allá en el mar la llevó a abrazarme, y yo le respondí mejor que nunca. Descubrí sus senos con valentía, chupé su pelo, rasgué con su sangre el pasto yaraguá, pude sentir cómo sus complicadas entrañas se abrían para darle paso, cabina y fermento a mi espermatozoide sano y cabezón que daría con los años, testimonio de mi existencia. No creo que ella gozó.
Nos casamos al escondido, toque muy aristocrático para familias como la suya y la mía. Fuimos el matrimonio más joven de la sociedad caleña y salimos mucho en el periódico y la gente nos miraba y nos hicieron muchas fiestas y nosotros respondíamos a todas con actitud calladita y mayor, reflexionando siempre. Con alegría entramos a sexto de bachillerato, comparando y acariciando nuestros libros de texto. A los pocos meses engordó muchísimo y le vinieron los vómitos, así que no pudo volver al colegio y perdió sexto. Yo solamente falté a clase un día: el día en que después de cuatro horas de terquedad y mucho sufrimiento, dejó salir a mi hijo. Nació en un día lluvioso. No nos pusimos de acuerdo con el nombre, pero prevaleció mi opinión: lo llamé Augusto, que hace pensar en porte distinguido y en conciencia de victoria, siempre. Fui toda una celebridad en el colegio, padre a los 16 años. Ella no quiso hacer gimnasia y le quedó una barriga arrugada muy fea, y los senos se le hincharon como brevas y después se le cayeron. Recuerdo madrugadas en las que yo abría el ojo sólo para hallarme en la física gloria, despertado por el llanto de Augusto, y volteaba a mirarla a ella, despierta desde hace muchas horas con la mirada perdida en el cielorraso, negándose siempre a contestarme en qué era que pensaba. Yo no insistí. Yo había previsto eso. No cuidó bien a nuestro hijo. No quiso tampoco volver al colegio. Le perdió interés a todo, se pasaba los días sin asearse ni asear la casa, mal sentada en una silla, presa de un vacío que supongo debe ser normal después de que uno ha estado lleno y redondo como una naranja ombligona. Yo no la toqué más. Ella tampoco se hubiera dejado. Al fin, un día salió de la casa, y se demoró en regresar. Hizo amistades nuevas, jóvenes más viejos que ella, y seguía saliendo. Pero falta no me hacía. Yo cumplía puntualmente con mis deberes escolares. Me levantaba temprano, le daba el tetero al niño, cambiaba pañales, barría, trapeba. Al volver del colegio me la pasaba horas dejando que Augusto me apretara el dedo índice y contemplándole su pipí, lo único que sacó igualito a mí, porque todo lo demás, ojos, pelo y frente eran de ella.
Cuando regresaba, nunca conversábamos. Se tiraba por ahí, sin dormir, o a oír música. Supe que estaba metiendo droga. Me importó un comino. Consegí una hipodérmica desechable, con mi amigo Gómez un gramo de la mejor cocaína y una noche la esperé. Llegó muy tarde, cayéndose de la borrachera, bajando de todas las trabas. Yo la recibí, le sobé su cabecita hasta que se quedó dormida en mi pecho. Preparé la cocaína, tomé uno de sus brazos, cuando lo estiré y palpé sus buenas venas abrió los ojos y me miró, perpleja. Yo le sonreí. Creo que le inyecté medio gramo, en empujaditas leves. Ella hizo caras y risitas y yo sentí celos: nunca se portó así con mis orgasmos. Luego se levantó y comenzó a saltar por toda la casa, puso el estéreo a todo volumen y a mí no me importó que despertara a Augusto. Yo reí con ella.
Hace días que no la veo. Se fue a paseo creo que a San Agustín, con una manada de gringos. Espero que no vuelva, que se muera o que reciba allá su merecido. Yo he terminado sexto con todos los honores, leo Comics y espero con mi hijo una mejor época.

Luis Andrés Caicedo Estela. Escritor colombiano nacido en Cali, (29 de septiembre de 1951 – 4 de marzo de 1977) ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida. A pesar de su prematura muerte, su obra es considerada como una de las más originales de la literatura colombiana. Caicedo lideró diferentes movimientos culturales en la ciudad vallecaucana como el grupo literario los Dialogantes, el Cineclub de Cali y la revista Ojo al Cine. En 1970 ganó el I Concurso Literario de Cuento de Caracas con su obra "Los dientes de caperucita", lo que le abriría las puertas a un reconocimiento intelectual. En su obra ¡Que viva la música! es en donde asegura que vivir más de 25 años era una vergüenza, lo que es visto por muchos como la razón principal de su suicidio el 4 de marzo de 1977 cuando tenía tan sólo 25 años de edad.

La obra de Caicedo hace relevancia a la sociedad urbana y sus problemas sociales, principalmente con respecto al mundo actual. Contrario a la escuela literaria del realismo mágico, la obra de Caicedo se inspira completamente en la realidad social, lo que ha hecho que algunos estudiosos le den la importancia como alternativa en Latinoamérica a figuras prominentes como la de Gabriel García Márquez. Especialmente el periodista, escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet sigue la obra de Caicedo, al cual llama " el primer enemigo de Macondo".4 A pesar de su fama en Colombia, Caicedo es poco conocido en América Latina, seguramente debido a su temprana muerte. Sin embargo, la permanente organización de su producción literaria y la influencia que tiene en nuevas generaciones de escritores como Rafael Chaparro, Efraím Medina, Octavio Escobar Giraldo y Ricardo Abdahllah, hacen que cada vez más cobre gran valor el aporte literario del "escritor con cara de estrella del pop", como lo llama el chileno Alberto Fuguet.

Hijo de Carlos Alberto Caicedo y Nellie Estela, Andrés fue el menor de cuatro hijos, y el único varón. En 1958 nació su hermano Francisco José, quien moriría tres años más tarde. Para esa fecha, Andrés estudiaba en el Colegio del Pilar, institución a la cual ingresó luego de su paso por el Colegio Pío XII: "un gran establecimiento de franciscanos", comentaría algunos años más tarde. A raíz de su mal comportamiento en la escuela –el mismo Caicedo cuenta que mentía desaforadamente a sus amigos, inventando una fama y fortuna que no tenía, lo que le acarreó varios problemas- es transferido en 1964 a otra institución educativa, el Colegio Calasanz, en la ciudad de Medellín; ese mismo año escribiría su primer cuento, titulado El Silencio. Su vida académica luego de regresar nuevamente a Cali siguió igual de turbulenta e intermitente: del Colegio Calasanz pasó al Colegio San Juan Berchmans (institución que marcaría mucho su universo literario), de donde fue expulsado, y de ahí al San Luis en 1966, lugar del que también lo expulsaron por mala conducta; finalmente, se graduaría como bachiller del Colegio Camacho Perea, en 1968.

A la par de su gusto por la literatura, Andrés mostraba un gran interés por el teatro y el cine. En 1966 escribiría su primera obra de teatro, titulada Las curiosas conciencias; de ese mismo año data su relato Infección. Un año más tarde dirige la obra La cantante calva, de Eugène Ionesco, y escribe las piezas El fin de las vacaciones, Recibiendo al nuevo alumno, El Mar, Los imbéciles también son testigos, y La piel del otro héroe; con esta última obra ganaría el Primer Festival de Teatro Estudiantil de Cali. En 1968 ingresa al Departamento de Teatro de la Universidad del Valle -institución que abandonaría en 1971-; un año más tarde ingresa como actor al Teatro Experimental de Cali, donde conoce a Enrique Buenaventura.

1969 viene a ser el año más prolífico de Andrés Caicedo. Su inicio en el ejercicio de la crítica cinematográfica en los diarios El País, Occidente y El Pueblo viene a coincidir con varios premios literarios: su relato Berenice es premiado en el concurso de cuento de la Universidad del Valle, mientras que Los dientes de Caperucita ocupa el segundo puesto en el Concurso Latinoamericano de Cuento, organizado por la revista venezolana Imagen. Adapta y dirige otra obra de Eugène Ionesco: Las Sillas. Escribe los relatos Por eso yo regreso a mi ciudad, Vacíos, Los mensajeros, Besacalles, De arriba a abajo de izquierda a derecha, El espectador, Felices amistades y Lulita, ¿que no quiere abrir la puerta?.

Su gusto por el cine lo lleva a fundar en 1971, junto a sus amigos Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero, Carlos Mayolo y Luis Ospina, el Cine-Club de Cali, inicialmente en una casa o comuna llamada Ciudad Solar, propiedad de Guerrero. El cine-club se trasladó luego a la sala del TEC, luego al Teatro Alameda y finalmente al Teatro San Fernando. El Cine-Club de Cali atrajo a una gran diversidad de personas entre las que se encontraban estudiantes, intelectuales y cinéfilos, quienes veían, interpretaban y criticaban aquello que Andrés, el director del Cine-Club, deseaba que viesen.

En 1970 adapta y dirige La noche de los asesinos, de José Triana; en ese mismo año escribe el relato Antígona. Un año más tarde escribe los relatos Patricialinda, Calibanismo, Destinitos fatales, Angelita y Miguel Ángel y El atravesado; escribe además los ensayos Los héroes al principio, sobre la obra de Mario Vargas Llosa La ciudad y los perros, y El Mar, acerca de la obra de Harold Pinter.

Con su amigo Carlos Mayolo intenta llevar al cine, sin éxito, su guion de Angelita y Miguel Ángel, en 1972. Ese mismo año escribe el guion Un hombre bueno es difícil de encontrar, y los relatos El pretendiente y El tiempo de la ciénaga, este último premiado por el concurso nacional de cuento de la Universidad Externado de Colombia.

En 1973, Andrés viaja a Los Ángeles y luego a Nueva York con la ilusión de venderle a Roger Corman cuatro guiones de largometraje que había escrito, y que su hermana había traducido afanosamente; su empresa no tuvo éxito y Corman nunca llegó a tener los guiones en sus manos. "[…] es un medio muy difícil y enmarañado, y la parte que está metida en Hollywood no se anima a colaborar por miedo a la competencia […]", escribiría a su madre en una carta, a propósito de su fracaso. En este país Andrés empezaría a escribir la que es considerada por la crítica su mejor novela ¡Que viva la música! (la única novela que logró terminar), e inicia la redacción de un diario que pretendía convertir en novela, titulado Pronto: memorias de una Cinesífilis; además, tuvo la oportunidad de entrevistar al director de cine Sergio Leone. Su estancia en los Estados Unidos fue el periodo de su vida en el que más cine vio.

Maternidad, cuento escrito en 1974, sería considerado por él mismo como su mejor obra. En ese mismo año aparece el primer número de Ojo al cine, revista especializada que se convertiría en la más importante de Colombia. También viaja nuevamente a los Estados Unidos, esta vez para asistir a la Muestra Internacional de Cine. Un año después Ediciones Pirata de Calidad publica su relato El atravesado, gracias al apoyo económico de su madre, logrando cierto éxito a nivel local. El libro donde describe parte de su vida titulado "El Atravesado" cuenta la historia de su niñez, y el por qué de su carácter imponente.

Fiel a su idea de que vivir más de 25 años es una insensatez, Andrés intenta suicidarse dos veces en 1976; pese a esto escribe dos cuentos más: Pronto y Noche sin fortuna, y aparecen los números 3, 4 y 5 de la revista Ojo al cine. Entrega a Colcultura el manuscrito final de ¡Que viva la música!, del cual alcanzaría a recibir un ejemplar editado el cuatro de marzo de 1977; ese mismo día ingiere intencionalmente 60 pastillas de secobarbital, acto que acaba con su vida.

Analizando su muerte, Alberto Fuguet dice:

"Caicedo es el eslabón perdido del boom. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd súper atormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado", dice. 5
El penultimo autor en retomar la línea de Caicedo fue el ibaguereño Manuel Giraldo Magil en su obra 'Conciertos del Desconcierto'. En los años 90, la obra Opio en las nubes, de Rafael Chaparro Madiedo, fue vista como una versión al extremo de varias historias caicedianas; la influencia del autor caleño continúa en nuestros días con escritores como Octavio Escobar Giraldo, en su libro De música lígera, Efraím Medina, quien retoma el humor negro caicediano en apartes de su novela Érase una vez el amor pero tuve que matarlo, y Ricardo Abdahllah, quien en su primer libro de cuentos Noche de Quema incluyó varios relatos caicedianos adaptados a los años noventa. El Teatro matacandelas ha presentado durante diez años la obra 'Angelitos Empantanados', basada en el trabajo del autor.
La mayoría de sus escritos han sido publicados póstumamente. Gracias a la labor editorial de algunos de sus amigos, han salido a la luz libros que recopilan sus cuentos y guiones para teatro, así como sus ensayos críticos sobre cine. Así mismo, han sido publicadas algunas cartas que envió a su madre, hermanas y amigos, las cuales permiten evidenciar sus turbulentos estados emocionales. Algunas de las recopilaciones más conocidas son: Mi Cuerpo es una celda(2008)Bogotá: Norma. El libro negro de Andres Caicedo (2008). Bogotá: Norma. El cuento de mi vida (2007). Bogotá: Norma.Noche sin fortuna / Antígona (2002). Bogotá: Norma.Ojo al cine (1999). Bogotá: Norma. Angelitos empantanados o historias para jovencitos / A propósito de Andrés Caicedo y su obra (1995). Bogotá: Norma. Recibiendo al nuevo alumno (1995). Cali: Editorial de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle. Destinitos fatales (1984). Bogotá: Oveja Negra. Berenice / El atravesado / Maternidad / El Tiempo de la ciénaga (1978). Cali: Editorial Andes. ¡Que viva la música! (1977) Noche sin fortuna (inconclusa) (1976) La estatua del soldadito de plomo (inconclusa) (1967) La Vida de Jose Vicente Diaz Lopez (inconclusa) (1975).
Foto:internet. Semblanza biográfica:Wikipedia. Texto:delcastilloencantado.blogspot.com .

sábado, 17 de marzo de 2012

Minicuentos 26



Vathek

William Beckford of Fonthill


Vathek, noveno Califa de la estirpe de los Abásidas, hijo de Motassem y nieto de Haroún Al-Richid, subió al trono en la flor de la edad. Las considerables cualidades que ya entonces poseía hacían esperar a sus súbditos un reinado largo y feliz. Su aspecto era agradable y majestuoso; más cuando montaba en cólera uno de sus ojos se volvía tan terrible que no podían soportarse sus miradas: el desdichado sobre quien lo fijaba caía de espaldas y a veces expiraba al momento. Así que, temeroso de despoblar sus estados y convertir en desierto su palacio, el príncipe se encolerizaba sólo muy de tarde en tarde.

Era muy dado a las mujeres y a los placeres de la mesa. De generosidad sin límites y libertinaje sin moderación. No creía, como Omar Ben Abdalaziz, que fuera preciso hacerse un infierno de este mundo para ganar en el otro un paraíso.


Todo exceso es malo

José de la Colina


El fantasma amante de los récords se ejercitó en lograr el mayor número de apariciones en el menor tiempo… y cuando logró aparecer sesenta veces por minuto descubrió con terror que se había vuelto un hombre vivo.


Socias

Teresa de Riggen

Un millón al contado. Sí, un millón es lo que te corresponde si arreglamos este asunto; ya has visto que soy buena paga, al firmar por supuesto, según dicen música pagada toca mal son. Como siempre: el tres por ciento para ti, y el otro tres para mí. Tu porcentaje es sagrado. Y conste que me debería tocar uno mayor porque en realidad qué arriesgas, nada. Tu trabajo se reduce a un dedazo y ya está, pero bien a bien la que se fleta con las idas de la Ceca a la Meca soy yo. Nomás cuenta lo que llevamos ganado juntas, un dineral, por eso te tengo una fe que no veas. La verdad, desde que somos socias no sé ni de dónde me caen los clientes. La ventaja que tienes conmigo es que no pongo fecha límite, cuando sea tu santísima voluntad. Sólo aquella vez que era urgente, no me quedó otra que presionarte. Los de la promotora están enojados porque no quiero entrarle con ellos a la venta del fraccionamiento. ¿Crees que me importa? Bueno, ya sabes, un millón y sin andarlo pregonando. No sé para qué son esos desplegados: "Gracias por un favor recibido". Luego sus iniciales, ni siquiera nombre. Y el único que saca beneficio es el periódico. En cambio, lo que yo te doy va directo a los viejitos del asilo, y me quito de andarte prendiendo veladoras, que igual que los desplegados, para nada sirven.


El asesinato de Lincoln

José Emilio Pacheco

El 14 de Abril de 1865, en el teatro Ford de Washington, el presidente Lincoln asistía al estreno de una ficción política llamada The Murder of Abraham Lincoln. El escenario del teatro Ford representaba al teatro Ford con todo y plateas, palcoa, foso de la orquesta, y, desde luego, escenario donde se desarrollaba una ficción política llamada The Murder of Abraham Lincoln.

A punto de terminar la obra, el actor John Wilkis Booth, que hacía el papel de John Wilkis Booth, abrió la puerta del palco a la derecha del proscenio y miró a los actores que impresionaban al presidente, a la señora Lincoln, al Mayor Rathbone y a su novia. John Wilkis Booth sacó una pistola marca Derringer y disparó una bala que él supo de salva. El actor que encarnaba a Lincoln se desplomó herido de muerte. John Wilkis Booth se preguntó quién le había hecho esa broma pesada. Trató de huir. Se interpuso el mayor Rathbone. John Wilkis Booth lo hirió con un puñal y salió del palco.

En el Teatro Ford se produjo una confusión total. El público ya estaba muy desconcertado por la obra tan extraña que habían puesto. Abraham Lincoln aprovechó la oportunidad para desaparecer. Quedó en la historia como el emancipador de los esclavos, el hombre que hizo la guerra para liberar a los negros, no por los intereses comerciales del norte industrial contra el sur agrícola.

Ya casi a fines del siglo XIX Lincoln se reía mucho contando esta historia, oculto y viejísimo en su plantación de Fairfax County, Virginia, muy cerca de Washington. Decía que sólo un gobernante asesinado puede preservar su gloria y que si es posible impugnar su genio político nadie nunca podría —si lo supiera— restarle méritos como dramaturgo y director escénico.


Traducción femenina de Homero

Marco Denevi

Toda la Odisea, con sus viajes, sus naufragios, sus sirenas, sus hierbas mágicas, sus animales míticos, sus palacios misteriosos, sus aventuras y sus desastres es, para Penélope, una inútil y tediosa demora en sus amores con Ulises. Mientras tanto Andrómaca refunfuña: "Que el viejo de Homero cuenta la historia a su manera, Yo daré mi versión. Yo, que la he vivido. Yo, una pobre mujer desdichada. Primero, recuerdo, fue la prohibición de salir de la ciudad. Después tuve que pulir escudos, coser sandalias, fabricar flechas hasta que las manos se me llagaron. Después, vendar heridas que sangraban y supuraban y enterrar a los muertos. Después escasearon los víveres y nos alimentamos de ratas y raíces. Después el ejército enemigo invadió la ciudad y abusó de mí y de mis hijas. Por fin el vencedor me hizo su esclava".

Preparación para la Feria del Libro de Bogotá

Cincuenta escritores brasileños llegarán a la capital colombiana para participar como invitados de honor en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2012, que se celebrará entre el 18 de abril y el 1 de mayo
Feria Internacional del Libro de Bogotá, en su vigésimoquinto aniversario tiene como País invitado al inmenso Brasil. foto:archivo.fuente:revistaarcadia.com

Los organizadores de la feria literaria bogotana, la tercera más relevante de América Latina por detrás de las de Buenos Aires (Argentina) y Guadalajara (México), presentaron a los medios los platos fuertes de la cita, que contará con muchos ingredientes brasileños.

Entre ellos, Nélida Piñón, la ganadora de un premio Príncipe de Asturias, quien participará en el acto de apertura, en el que todavía no está confirmada la presencia de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aunque la embajada de ese país no escatima esfuerzos para garantizar su asistencia.

A lo largo de la cita, desfilarán otros compatriotas de Piñón, como el literato Joao Paulo Cuenca, y una nutrida representación de las nuevas letras brasileñas, con jóvenes talentos como Adriana Lisboa.

"Estamos ante un mercado pujante, todavía desconocido para sus vecinos", dijo el vicepresidente de la Cámara Brasileña del Libro, Bernardo Gurbanov, en alusión al sector literario de su país, que tiene 790 editoriales, 3.500 librerías y mueve unos 2.000 millones de dólares anuales.

Entre los participantes hay escritores de un total de 18 países, con representantes como Jonathan Safran Foer, considerado uno de los jóvenes prodigios estadounidenses y autor del texto que inspiró la película "Tan fuerte, tan cerca".

Asimismo, estarán en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), que este año estrena un nombre más corto y nuevo logo, la escritora estadounidense de origen mexicano Chloe Aridjis, Nicole Krauss (EE.UU.), Ricardo Menéndez Salmón (España), el danés Carsten Jensen, el mexicano Enrique Krauze y un asiduo a la cita, el español Javier Moro.

La laureada colombiana Laura Restrepo regresará a la feria, en la que junto a paisanos como Héctor Abad y Guido Tamayo dialogarán en 25 conversatorios con los invitados internacionales, que no se restringen al mundo de la literatura.

El periodismo es uno de los grandes protagonistas con el homenaje a Guillermo Cano, el director del diario El Espectador que fue asesinado hace 25 años, y la presencia de Gay Talese, pionero del Nuevo Periodismo junto con Tom Wolfe.

El fútbol cobra una relevancia especial también con la presencia de "Tostao" (Eduardo Gonçalves de Andrade), estrella del balompié brasileño en la década de 1970, y un encuentro entre el jugador colombiano Radamel Falcao García, del Atlético de Madrid, con el exdirector deportivo del Real Madrid, Jorge Valdano.

El mundo de la gastronomía contará con la presencia del chef español Ferrán Adriá; la música rendirá un homenaje al fallecido y popular cantante colombiano Joe Arroyo y la memoria histórica reunirá a Félix Reátegui, de la Comisión de la Memoria Histórica de Perú, con el presidente de su homóloga colombiana, Gonzalo Sánchez.

La literatura infantil y juvenil tendrá un lugar primordial con numerosas actividades y la presencia del autor lituano Kestius Kasparavicius ("El país de Jauja" y "Huevos de Pascua").

En la edición de 2012, los organizadores de la feria esperan recibir unos 400.000 visitantes y operaciones por 20 millones de dólares y, sobre todo, mejorar el nivel de lectura anual por habitante, que en Colombia es de 1,6 libros frente a Chile, de 5,4 libros al año.