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lunes, 20 de septiembre de 2010

Libros de risa

¿Es la literatura de humor un género menor? ¿Hacer reír a través de la lectura goza de prestigio? La seriedad y el humor no son incompatibles. Desde esa armonía se pueden decir las cosas más importantes de la vida. Bilbao acogerá un encuentro internacional en torno a este tema. Babelia ha pedido a escritores, cineastas, cómicos y músicos que repasen esa relación

Ilustración de Manel Fontdevila.fuente: elpais.com

No es fácil establecer una frontera entre las obras literarias consideradas serias y aquellas que provocan la carcajada. Cada una cumple su papel, pero cuando seriedad y humor se juntan se convierten en aliados perfectos. La literatura siempre ha demostrado esa armonía, y en lengua española ya lo hizo Miguel de Cervantes con Don Quijote. De libros para reír se hablará en Bilbao en la Primera Semana Internacional de Literatura de Humor y Humor Gráfico. Como antesala, una serie de escritores, cineastas y cómicos repasan la biografía de esa relación entre literatura y humor y recomiendan algunos de sus libros preferidos de todos los tiempos desde la crónica, la novela o la biografía. Las opiniones se acompañan de algunas recomendaciones de lecturas de libros que nos han hecho reír en los últimos dos años.

Daniel Samper Pizano

Humor y literatura... Pero, ¿acaso es que hay mucha literatura sin humor? Desde Homero hasta John Irving y desde Cervantes hasta García Márquez, pasando por Aristófanes, Petronio, Chaucer, Juan Ruiz, Boccaccio, Shakespeare, Quevedo, Rabelais, Sterne, Balzac, Gógol, Wilde, Twain y Borges -sin mencionar Las mil y una noches y mil y un autores más- acudieron al humor para construir su literatura. Sería interminable la lista de escritores a quienes debo sonrisas y risas. Pero nombraré solo a dos: Giovanni Guareschi (1908-1968), autor de El pequeño mundo de don Camilo, y el que considero ya un clásico: el Negro, de Roberto Fontanarrosa (1944-2007).

Daniel Samper (Bogotá, Colombia, 1945) es escritor. Su último libro es Para papá (Espasa), escrito con Jorge Maronna.

Juan Bas

Probablemente la literatura de humor no goza hoy, ni lo ha hecho nunca, de buena salud. Y se valora como narrativa menor por la crítica especializada. Quizá se deba a que se trata de un género difícil en el que es más complicado que en otros conseguir un buen resultado literario. Se publican una mayoría de libros humorísticos mediocres que se limitan a meter los chistes y gags con calzador. El humor en literatura creo que es otra cosa: una manera propia de mirada y de narrar que debe de formar parte del argumento, las tramas y los personajes. Un buen ejemplo, el Quijote. Dos novelas de humor que aprecio: El buscón, de Quevedo, y Ulises, de James Joyce.

Juan Bas (Bilbao, 1959) es escritor. Su último libro es La resaca del amor (Temas de Hoy).

Mayra Santos-Febres

Me desternillo de la risa cada vez que leo algunos ensayos de Chesterton o releo los pasajes del Diario de Adán y Eva de Mark Twain. No lo puedo evitar. En el Diario, Twain traspone la parodia como mera inversión de la realidad. Ilustra el profundo absurdo que es la existencia humana, el hecho de que estamos aquí, nos creemos "reyes de la creación" y en realidad no entendemos un pepino de lo que es la vida; ni hoy, ni mañana ni nunca la entenderemos, ni siquiera entendimos lo que fue en el nacimiento de los tiempos. Que esta vaina está brutal, hermano, y que nadie sabe nada, ni nos llegan las instrucciones de uso. Volviendo a Chesterton, en el ensayo El humor cockney, el humorista inglés dice que solo los humildes pueden reírse de sí mismos, porque el humor es el reconocimiento de las limitaciones propias y de lo efímero que es el tránsito humano por la vida. Y, en Movimiento perpetuo (otro rarísimo texto de uno de mis escritores favoritos, el guatemalteco Augusto Monterroso) se argumenta que las dos máscaras del tímido son la melancolía y el sentido del humor. Y que el ser humano está perdido si se las quitan las dos. En realidad, creo que el humor literario es una subversión y una operación moral. Subvierte los órdenes del mundo y tira al piso las jerarquías que se apoyan en el poder incontestable, es decir, en el miedo.

La risa no respeta a nadie, de ahí su poder y su agudeza.

Mayra Santos-Febres (Carolina, Puerto Rico, 1966) es escritora. Su última obra es Fe en disfraz (Alfaguara).

Andreu Buenafuente

Debo decir, de entrada, que desconfío de los libros que apuntan en sus solapas "la novela tiene un humor corrosivo". Nunca he conseguido estar de acuerdo con el editor o el que escribe eso. ¿Humor? ¿Estamos hablando de ironía, sarcasmo o qué? En los grandes libros (y no tan grandes), siempre hay un personaje, una situación, un enfoque que tiende a desengrasar la tupida maraña literaria de la historia. Pero de ahí a considerarlo humor

...

Dicho esto, el libro que puedo leer veinte veces seguidas y continuar riendo es Sin Noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Redondísimo. No sé cuántos habré regalado. También he reído mucho con los libros biográficos de Aznar, todos los ensayos conspiratorios (¡qué imaginación!), los del Papa y la mayoría de los de autoayuda. Diría que me gustan los de monólogos que publico cada año con mi equipo de guionistas, pero me tildarán de egocéntrico. Llevamos 11 y, de momento, nadie se ha quejado.

Andreu Buenafuente (Reus, Tarragona 1965) es cómico. En la actualidad dirige y presenta el programa Buenafuente en La Sexta.

David Safier

Yo siempre prefiero el humor. Comparemos las obras dramáticas y las humorísticas a lo largo de los años. En el lado del drama tenemos, por ejemplo, a William Shakespeare, Franz Kafka y David Foster Wallace. En el del humor destacamos a Jonathan Swift, Woody Allen y... de nuevo William Shakespeare. Todos estos nombres nos dan una brillante imagen sobre la condición humana, sobre los defectos humanos y qué es lo que de verdad nos hace humanos. Pero en el humor no solo da esa perspectiva, sino que hace reír y eso es un valor adicional. Los llamados intelectuales prefieren las obras dramáticas que excluyen a muchos lectores, porque son bastante complicadas (intenten leer La broma infinita, de Wallace). Y encima le añade el valor de que estos intelectuales se creen parte de una élite, la única capaz de creer que pueden conseguir la brillantez. Sin embargo, yo prefiero reírme antes de pertenecer a una élite.

Como recomendación lectora yo sugiero los magníficos relatos de Woody Allen Without Feathers (Sin plumas) y Side Effects (Perfiles).

David Safier (Bremen, Alemania, 1966) es autor de El maldito carma. En octubre publicará Jesús me quiere.

Jorge Maronna

Es difícil establecer una frontera precisa entre la literatura seria y la humorística. Abundan los libros escritos con humor que no caen en la desprestigiada categoría de "libros de humor". Además de los célebres ejemplos de Cervantes, Rabelais o Voltaire, pienso en los Ejercicios de estilo de Raymond Queneau, Las Cosmicómicas de Italo Calvino y ciertos cuentos de Augusto Monterroso. Si se trata de humoristas propiamente dichos, mis favoritos son Woody Allen, Roberto Fontanarrosa, Daniel Samper Pizano y César Bruto (Carlos Warnes). Y también disfruté mucho con La tournée de Dios, de Enrique Jardiel Poncela; El pequeño Nicolás, de René Goscinny, y Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza.

Jorge Maronna (Bahía Blanca, Argentina, 1948) es integrante del grupo musical Les Luthiers.

José Luis García Sánchez

¿Humor y literatura? Pues no sé. Si es cierto que el humor es la más acabada invención del lenguaje humano, aquello que multiplica el significado de las palabras, que enriquece el tono de las frases, el gran recurso expresivo, el antídoto del dogma, pues ¿qué autor o qué libro elegir? Kafka es puro humor, como lo es Cervantes... Humor es el Arcipreste y Machado, Valle y Voltaire... Y Sade... García Márquez, Chéjov... Serrat y Sabina

...

O sea, toda la literatura (buena o mala) es humor (malo o bueno). Quizá no tanto, pero lo que sí es cierto es que todos los libros se pueden leer humorísticamente. Aconsejo al posible lector que se coloque los lentes del humor para leer la Biblia. Incluso la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

¿Y un libro? Los muertos no se tocan, nene. Del más humorista de mis amigos, o del más amigo de mis humoristas, Rafael Azcona.

José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941) es director de cine. Su último trabajo es el documental Por la gracia de Luis. Su próximo estreno será Don Mendo Rock, ¿la venganza?

Rosa Beltrán

Las obras maestras donde el humor campea usualmente parten de una carencia, de una tragedia o una imposibilidad. Almas muertas, de Nikolái Gógol; La metamorfosis, de Kafka; Catch 22, de Joseph Heller; Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.

En ellas el humor es un seguro de vida porque nos recuerda que pese a las desgracias, la vida continúa. No nuestra vida, sino La Vida. Podríamos pensar que esto no nos importa y quizá tendríamos razón. Pero algo es algo.

El humor va ligado a la tragedia y no, como se piensa, a la comedia. Porque tenemos un cuerpo frágil, porque sabemos que hay más reveses que momentos felices es que existe el humor. ¿De qué nos reímos ante el hidalgo de la triste figura azotado por las aspas del molino que confunde con un gigante? ¿De su confusión? O de la con-fusión de circunstancias: un deseo abatido por una realidad que nos es adversa. Es decir, nos reímos de la disparidad entre lo que imaginamos y lo que ocurre, pero solo porque esa disparidad va acompañada de los golpes, de la injusticia y por supuesto, de la triste figura. El humor, como la vida, encierra el misterio más profundo y la mayor paradoja pues para salvarnos a través de la risa antes hay que sufrir. O dicho de otro modo: porque sufrimos, es que podemos salvarnos a través de la risa.

Rosa Beltrán (Ciudad de México, 1960) es escritora. Su última obra es Alta fidelidad (Alfaguara).

Hernán Casciari

Cuando murió Fontanarrosa, en 2007, logró convertirse en uno de los grandes escritores argentinos junto a Cortázar, Arlt, Castillo, etcétera. Antes era un excelente humorista gráfico que publicaba viñetas y que, por afición, escribía. Tuvo que dejar de publicar viñetas para ser un escritor de verdad. Tuvo que dejar de hacerse el gracioso para que sus novelas y sus cuentos traspasaran las fronteras intelectuales. A Borges y a Cela les pasó lo contrario: sus muchos libros nos impidieron comprender que eran, principalmente, grandísimos humoristas. Mis libros de humor preferidos son las obras completas de Borges, de Cela y de Fontanarrosa.

Hernán Casciari (Buenos Aires, Argentina, 1971) es escritor. Su última obra es El nuevo paraíso de los tontos (Plaza & Janés).

Shalom Auslander

Si uno va a escribir un libro de "humor", lo primero que tiene que hacer es estar seguro de que no es una diversión tópica. Si es así, no lo podemos llamar "humor", que es al menos algo respetable; lo podemos denominar "divertido" que no es para nada respetable. Si eres judío serás llamado cool; si eres británico "ingenioso" y si eres negro no te llamarán nada porque ningún blanco lo leerá. Si uno intenta de manera decidida y hace algo completamente aburrido, entonces lo llamarán "humor intelectual" y así ganarás un premio, hablarán de ti en la prensa, pero nadie de ningún color te leerá. El libro más divertido de todos los tiempos es, en mi opinión, Candide, de Voltaire, que para muchos críticos no es un gran libro porque solo tiene 150 páginas. Lo que es por supuesto jodidamente hilarante.

Shalom Auslander (Nueva York, Estados Unidos, 1970) es escritor. Su última obra es Lamentaciones de un prepucio (Blackie Books).

Matices del humor

Carcajadas en la literatura

El humor propio

martes, 14 de septiembre de 2010

Lectores que no comprenden

Un grupo de lingüistas analizó los problemas para comprender textos en diversos grupos sociales. Una razón es la falta de escritura manual, explican

DIFICULTADES. Lo que no se comprende no se archiva.foto.fuente: Revista Ñ

Lo que está en el texto es la mitad de lo que hay que entender, la otra mitad la tiene que poner el lector", explica Liliana Cubo de Severino, investigadora del Conicet y coordinadora del equipo de lingüística de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) que confeccionó el libro Leo pero no comprendo, una guía práctica sobre estrategias de comprensión lectora "La coherencia de un texto no está en el texto mismo sino en la mente del lector. Es el que lee quien agrega la información y conclusiones tácitas, el que completa el sentido del texto con sus conocimientos previos", asegura Cubo al referirse al libro publicado por la editorial cordobesa Comunicarte, donde participan una docena de académicas.

Lo particular de este libro es que parte de un modelo científico cognitivo que estas estudiosas cruzaron con las últimas líneas de la lingüística, delineando un modelo inédito para evaluar la comprensión lectora, "una prueba diagnóstica que permite distinguir desde el primer día dónde está la dificultad de comprensión y seguir en detalle el proceso de aprendizaje de cada alumno con fórmulas didácticas claras y directas", afirma la catedrática tucumana.

Mientras lo escribieron, hace ya una década, hicieron el esfuerzo de no pensar que iba dirigido a lingüistas para lograr un objeto de divulgación científica. De ahí la anécdota que Cubo trae a la mano: en un congreso de lingüística, cuatro profesores sanjuaninos le comentaron que, para abordar al lingüista holandés Teun van Dijk, antes habían leído este libro. Sobre Van Dijk este grupo trabajó y generó una relectura de su teoría.

La comprensión de textos involucra procesos cognitivos donde lo importante es que el lector logre crear una representación mental y guardarla en la memoria: "los textos expresan significados o se refieren a hechos, elementos y relaciones en el mundo a partir de una representación semántica y proposicional determinada por el que escribe, para que siga el lector", recita con paciencia.

El punto es que, para hacerlo, el lector tiene que poder procesar, primero, formas gramaticales a la par que las palabras y su significado, "porque mientras no pueda hacer esas dos operaciones a la vez no podrá entender el significado del texto ni global ni parcialmente", remarca la académica.

Y si el lector no puede llegar a un significado general, no podrá guardar el texto en su memoria, porque la memoria solamente almacena información semántica o de sentido y no palabras o formas gramaticales "per se", "por eso muchos leen y no comprenden", sintetiza. ¿Qué pasa en ese momento en la mente del lector?: "el lenguaje es un convenio y la gramática lo que hace es dar instrucciones al cerebro para que abra un archivo. Es como el 'enter' de la computadora".

"Si se lee 'fuimos al restorán.

El mozo trajo el menú', cuando se agrega gramática e información se provoca la apertura del archivo restorán y se busca en el guión la palabra 'mozo'".

"Ese guión es una construcción, lo creamos con hechos que se repiten mucho o muy similares, es decir que la información se hace rutina y conformamos el hábito, ganando agilidad y habilidad en la comprensión del texto", señala la académica.

Esa dificultad en la comprensión puede responder a diversas causas, puede pasar que el lector esté en problemas a la hora de decodificar palabras u oraciones, algo común en los primeros años de aprendizaje, cuando se concentran con exceso en reconocer las letras y los fonemas y pierden la cuestión del significado.

Otra cuestión bastante general tiene que ver con problemas de atención, cuando se busca información para darle sentido al texto en conocimientos previos irrelevantes o en la falta de éstos.

Aquí es cuando entra en juego la culturalidad de los lectores. Las razones por las que los alumnos no alcanzan grados de comprensión acordes a su nivel educacional varían según los grupos poblacionales. Cubo recuerda que en dos pruebas piloto en el séptimo grado de una escuela rural mendocina descubrieron que el problema era que esos adolescentes casi no manejaban el lenguaje escrito en sus casas.

"Lo que entendían sin inconvenientes de forma oral no lo comprendían al leer un texto. Ocurre que cuando te hablan te hacés la película de lo que te cuentan, eso mismo hay que hacer frente a un texto, pero ellos no tenían ese hábito para la lectura".

Otra comprobación: "la dificultad se acrecienta cuando los textos no están adaptados al medio cultural del alumno, de estarlo, no hay problemas porque pueden acceder a sus conocimientos previos. Todos los maestros y profesores lo saben, pero a veces tienen que trabajar con textos que vienen de afuera", señala.

El punto es el siguiente: "esas inferencias se hacen a partir del conocimiento previo que se acumula a lo largo de la vida y se supone que la memoria de las personas que viven en la misma comunidad en una misma época deben tener conocimientos similares". Contrario a la fantasía común, los medios gráficos derivados de nuevas tecnologías (blogs, msn, twitter), dice Cubo, juegan a favor de ese procesador perceptual y lingüístico del lector en formación, "la lectura de textos cortos y abreviados incentiva el proceso".

"La tecnología facilita sin ninguna duda la comprensión de textos, todo lo que sea utilizar el lenguaje escrito lo hace ­asegura.

Hay que leer esos textos con los mismos mecanismos que cualquier otro, hallar la intención (algo que a veces ni los universitarios logran, el tema de la lectura crítica) y resumir para, en pocas palabras, decir lo esencial." Entonces, "si el fenómeno de la psicolingüística es complejo, en pocas palabras la respuesta está en contar con sentido común y un conocimiento científico del sistema cognitivo y las estrategias necesarias de comprensión de lectura", resume Cubo, pragmática.

martes, 13 de julio de 2010

La lectura social

La función destacados populares del Kindle y el nuevo libro de Nicholas Carr disparan reflexiones necesarias en tiempos de digitalización

LLANOS. En The Shallows (que podría traducirse como el llano, lo superficial), Carr sostiene que la lectura superficial, el linqueado y la hiperconexión están socavando la concentración profunda que define desde hace siglos a la cultura del libro.foto.fuente: Revista Ñ

"Los libros combaten la soledad" observa David Foster Wallace a poco de comenzar Although of Course You End Up Becoming Yourself (Si bien, por supuesto, uno termina por convertirse en uno mismo), la extensa entrevista de David Lipsky que se publicó hace poco como libro.

Si se lee el libro en el Kindle, hay una línea punteada debajo de la frase. Amazon llama "destacados populares" a ese nuevo elemento que permite que otros lectores destaquen el pasaje en sus Kindles.

Si bien el usuario puede eliminar el nuevo elemento, sin duda los "destacados populares" alarmarán a Nicholas Carr, cuyo nuevo libro, The Shallows (que podría traducirse como el llano, lo superficial), sostiene que la lectura superficial, el linqueado y la hiperconexión de nuestra actividad en la pantalla están socavando la concentración profunda que define desde hace siglos a la cultura del libro.

Con los "destacados populares" habrá una multitud de lectores que dará vuelta las páginas junto con nosotros. Antes de que pase mucho tiempo, es probable que podamos encontrarnos con otros lectores y compartir relatos con ellos. En cuanto a combatir la soledad, David Foster Wallace sólo ve la mitad.

El argumento de Carr es que esas distracciones tienen un precio muy alto, y la publicación de su libro coincide con artículos que informan sobre estudios científicos que demuestran que el multitasking perjudica nuestra concentración.

En su honor, hay que decir que Carr acepta el argumento de la eficiencia. Lo que le preocupa es qué pasa con el pensamiento de alto nivel cuando la cultura migra de la página a la pantalla.

Carr sostiene que la "mente literaria, lineal" que ha sido "el centro del arte, la ciencia y la sociedad" amenaza con convertirse en la mente "de ayer", y con graves consecuencias. También en ese punto considero que la preocupación es exagerada.

Aparentemente, las primeras víctimas de ese pensamiento "superficial" habrían aparecido en el mundo de la tecnología, cuyos integrantes son los que han pasado más tiempo en el espacio hiperconectado de la pantalla. Sin embargo, la sofisticación y los matices de los comentarios de los medios han experimentado un gran aumento en los últimos quince años. Las herramientas intelectuales para la evaluación de los medios, que alguna vez fueron patrimonio de críticos profesionales y académicos, ahora son mucho más accesibles a las masas.

Sí, en la actualidad nos concentramos un poco menos debido al estímulo eléctrico de la pantalla. Sí, leemos algo menos de narraciones y argumentaciones extensas que hace cincuenta años. Esos son los costos, sin duda. ¿Pero cuál es la contrapartida? Leemos más texto y escribimos con más frecuencia que en el apogeo de la televisión.

Estamos algo menos concentrados y mucho más conectados. Es un cambio del que todos deberíamos alegrarnos.

lunes, 12 de julio de 2010

Autopublicar un e-book

"En cinco años se venderá más contenido digital que físico."

Autopublicar en e-book, salvación para los autores inéditos.foto.archivo.fuente:adnCultura

Hay quienes creen que el pronóstico de Steve Haber, presidente de la división editorial digital de Sony, es conservador: en su primera semana, el último volumen de la trilogía Millennium vendió 125.000 e-books y unos 300.000 libros físicos, es decir, más del 25 por ciento del total de unidades se vendió en formato digital. Y si bien es cierto que el crecimiento de ese mercado estará impulsado por la oferta de las grandes editoriales, hay otro fenómeno que alimenta el mercado digital: el de la autopublicación.

En el mercado editorial las ediciones de autor siempre ocuparon un lugar marginal. El mundo on-line, en cambio, ofrece a los escritores inéditos herramientas y oportunidades para publicar sus libros electrónicos y ponerlos a disposición de una inmensa audiencia potencial.

Además de los programas de autopublicación que ofrecen Amazon para su Kindle (CreateSpace) o Apple para su iPad o Iphone (iTunes Connect), en la Red pueden encontrarse muchos sitios con propuestas para la autoedición digital. El más conocido es Lulu, que permite no sólo publicar una versión on-line, sino además (mediante un pago) encargar impresiones o distribuirlas a través de Amazon o Google Books. Blurb, CafePress o Smashwords son otras plataforma de edición y distribución de e-books, y en casi todas ellas se cobra un porcentaje de las ventas que suele ir del 15 al 30 por ciento.

En Argentina hace unos meses nació Liibook, una plataformas on-line para publicar y comprar libros electrónicos que ya cuenta con más de 2000 obras de los diversos géneros (poesía, ensayo, cuento y novela). "Es una comunidad de personas interesadas en escribir y leer -explica Federico Roma, su creador-, incluye herramientas para comentar las obras y el 100 por ciento de lo que se vende queda en mano de los autores."

La autopublicación digital está creando una marea de contenido al margen de la industria editorial tradicional. Y si el mundo de los e-books replica la experiencia de la música on-line, entonces nos espera una explosión de la oferta de autores independientes que irán tras su nicho de lectores.

miércoles, 7 de julio de 2010

Por qué resistirse al encanto de los clubes de lectura

"Entonces, si leer –en este sentido de invasión placentera– es una experiencia sexual, el club de lectura sería el equivalente a un vestuario de colegio. Es el lugar en el que nos reunimos para intercambiar y comparar notas después del acto"
foto:archivo.fuente:elmalpensante.com

Leer es posiblemente la segunda actividad humana más íntima y, al igual que con la primera actividad humana más íntima, hay personas que tratarán de convencerlo de que es mejor hacerlo en grupo. Estos grupos se llaman clubes de lectura. Pertenezco a uno. Tal vez usted también. En caso de que sea así, le diré por qué los dos hemos cometido un terrible error.

En teoría, hay muchas razones para recomendar estos clubes. Fomentan la lectura. Enriquecen a los autores que, como usted seguramente ha leído, por estos días no andan enriqueciéndose mucho que digamos. Promueven la socialización, por lo general cara a cara, otra actividad valiosa y en peligro de extinción. Los clubes de lectura públicos –como el de Oprah en Estados Unidos– se han convertido en un potente motor económico para la industria editorial. Y el club de lectura sigue siendo atractivo para quienes, como yo, anhelan largas discusiones sobre sonetos en cafés llenos de humo, o que ocasionalmente extrañan el vientre de un salón de clases en donde, como estudiantes entusiastas, nos convencieron de que en cada novela no leída estaba el poder de dar forma a nuestras vidas.
Entonces no es ninguna sorpresa que el interés colectivo por los clubes de lectura haya crecido, incluso cuando el interés por la lectura ha disminuido. Este año el Globe y el Mail, dos periódicos canadienses que como otros diarios también han reducido su cobertura de libros, lanzaron una columna acerca de clubes de lectura titulada –tristemente– Clubland. La palabra "clubland" usualmente se asocia con discotecas y en este caso con lograr, a las patadas, que los clubes de lectura parezcan sexis y divertidos, ustedes saben: como bailar. Es casi la misma forma, también a las patadas, en la cual los clubes de lectura están diseñados para hacer que la lectura parezca sexi y divertida.
Como ya dije, hago parte de un club de lectura. Tiene otros cuatro miembros, todos son personas a las que respeto y entre todos cubrimos un amplio espectro de gustos literarios. Nuestras selecciones van desde El malogrado de Thomas Bernhard hasta Dinero de Martin Amis y Tiburón blanco de Peter Benchley. Y como todo club de lectura hacemos nuestras cositas de club. Acordamos los horarios. Nos reunimos. Tomamos vino. Comemos queso. Y hablamos del libro elegido durante algunos minutos obligatorios antes de continuar con la parte del club que, creo, la mayoría de nosotros realmente espera: cuando dejamos de hablar del libro.
Usted podrá decir que su club es distinto, que le ha abierto los ojos a autores nuevos y exóticos, que tiene debates maravillosos, endulzados por el vino, que le enriquecen el alma y se extienden hasta altas hora de la noche. Puede ser. No lo dudo ni lo cuestiono. Pero sugiero que esta fascinación por los clubes de lectura –crearlos, vincularse, hablar sobre ellos– es opuesta al disfrute de la lectura y está completamente a tono con nuestra convicción moderna de que no vale la pena hacer nada que no pueda ser compartido inmediatamente.
Tal vez sea válido cuando colgamos en Facebook fotos de las vacaciones o twitteamos todos los detalles del desayuno o montamos en YouTube el video del fiestón de matrimonio. Ahora, amo un buen fiestón de matrimonio. Pero sugerir que la experiencia de leer La casa de la alegría –una selección muy bien recibida por mi club de lectura– mejora tan pronto se habla de haber leído La casa de la alegría es afirmar que leer La casa de la alegría es una experiencia que puede, y necesita, ser mejorada. Y creo que cualquiera que haya leído un libro y lo haya disfrutado entiende que eso sencillamente no es cierto. Si usted leyera Moby Dick mientras navega solo por el mundo no lo disfrutaría menos. De hecho, creo que lo disfrutaría más.
Entonces volvemos a lo íntimo de la lectura. Piense en algo, incluso tan tonto y modesto como este artículo: estoy en su cabeza en este momento. Usted, muy amablemente, me ha dejado entrar a la esfera privada de su conciencia, aunque sea por unos minutos. Es como un giro a esa remota película de terror y niñeras: ¡la voz viene de dentro de su cabeza! Esta experiencia es muy diferente de la que se tiene con cualquier otro tipo de arte. No importa qué tanto disfrute de una pintura o se regocije con una sinfonía, no existe la sensación de que el pintor se ha apoderado de sus ojos o el compositor de sus oídos. El escritor, en cambio, sí se apodera de sus pensamientos. (¡Hola! ¡Hola! Yo lo estoy haciendo decir esto.) ¿Nunca ha sentido que después de leer a un escritor con cierta cadencia musical, sus pensamientos imitan esos ritmos durante días? La experiencia de leer imita de un modo tan cercano el proceso de la conciencia que adquiere un nivel único de intimidad artística. El arte realmente bueno permea la barrera de la conciencia, el acto de leer la disuelve completamente. Literalmente pasa dentro de usted. ¿Qué tal eso para hablar de intimidad?
Entonces, si leer –en este sentido de invasión placentera– es una experiencia sexual, el club de lectura sería el equivalente a un vestuario de colegio. Es el lugar en el que nos reunimos para intercambiar y comparar notas después del acto. Tratamos torpemente de contar los hechos pero no podemos evitar restarles importancia y quitar valor a la experiencia misma que nos hemos reunido a celebrar. Claro, puede ser una forma divertida de relajarse una noche después del trabajo, pero no se puede comparar con el acto mismo. (Y eso sin mencionar la emoción floja y de tercera mano que suscita leer acerca de gente que habla acerca de leer, como en la columna Clubland del Globe.) Y, como aprendemos todos finalmente, algunas experiencias son mejores cuando uno no va por ahí parloteando al respecto después. ¿Fue bueno para usted? Entonces eso debería ser más que suficiente.

viernes, 23 de abril de 2010

En la lengua se juega la identidad

DÍA DEL IDIOMA
Cuando el lenguaje circula con vida entre docentes y alumnos, se construye una visión del mundo sostenida en la subjetividad de cada uno

ESPERANZA. "Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación", supone Pradelli.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

Por: Angela Pradelli

Hace cinco años, en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Rosario, escuché a un poeta, el escritor nicaragüense Ernesto Cardenal, afirmar respecto a la muerte de las lenguas: "Cuando una lengua desaparece, no son sólo palabras las que se pierden. Cuando se muere una lengua, es una visión del mundo lo que desaparece". Partiendo de Cardenal, podemos llegar también a la otra orilla y preguntarnos: para que la lengua viva en las aulas, ¿qué es lo que se enseña y qué se aprende?

Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos.

Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.

Pero necesitamos las palabras para cargar a cada uno de ellos de cierta significación. El punto y las comas marcan la respiración de nuestras enunciaciones. Cuando los alumnos construyen sus textos, orales o escritos, deciden también, en la compleja red de la sintaxis, dónde acontecerán sus propios silencios. En la construcción de textos los silencios ya no son sólo límites del lenguaje. En el silencio se oye el eco de la palabra que está presente incluso allí, en su ausencia.
El lenguaje tiene reflejos a partir de los cuales se instala en la creación. Los discursos que acontecen en el aula, los discursos de los otros y los propios, laten en la capacidad de su propia invención. Nada queda fuera: los enunciados de los medios, las conversaciones entre amigos y con las parejas, los mensajes de las autoridades de la escuela, la historia, la filosofía, el cine, la matemática, los blogs, el chateo, los muros del Facebook, los mensajes de texto, las canciones.
Nuestros enunciados, personales y también sociales, nuestros discursos amorosos, profesionales, los diálogos entre alumnos y docentes, cualquiera de nuestros discursos opera sobre una gramática compleja y traza un mapa de nuestra subjetividad. En los pliegues más remotos de nuestra intimidad hay elementos sociales y públicos que inciden en ella y la determinan. Es imposible no oír las distintas lenguas que circulan dentro de la misma lengua.


La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras.

La respuesta a qué se enseña y qué se aprende en las clases de lengua la encontramos también en aquel poeta nicaragüense cuando en Rosario habló de la vida de las lenguas. Hacia allí van los aprendizajes, hacia la construcción de una visión del mundo. En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.

Aunque por momentos, o quizás por eso mismo, el lenguaje se ponga imposible y nos haga balbucear a todos con una lengua de trapo. "Tropezamos, dice George Steiner, en ocasiones visceralmente con impalpables pero rígidos muros de lenguaje. El poeta, el pensador, los maestros de la metáfora, hacen arañazos en ese muro. Sin embargo, el mundo, tanto dentro como fuera de nosotros, murmura palabras que no somos capaces de distinguir."

La intensidad de las palabras que se dicen puede ser tan potente como el vigor de las palabras que se callan. Los que hemos hecho de la lectura y de la escritura los ejes de los aprendizajes, construimos las clases sobre estas dos columnas que nos sostienen y nos permiten atravesar con nuestros alumnos los umbrales siempre infinitos que nos internan en el nervio de las palabras, en la ambigüedad, y también en la música, los sonidos y en el silencio.