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sábado, 17 de noviembre de 2012

Mística del poeta revolucionario

Ernesto Cardenal es quien encarna mejor las dos naturalezas de san Juan de la Cruz: la de poeta y la de religioso. Recibió el Reina Sofía
El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, en su casa de Managua el pasado agosto. /Daniel Mordzinski./elpais.com

Si se mira bien, no hay otro poeta, de entre todos los clásicos castellanos, que haya influido tanto en la literatura contemporánea como san Juan de la Cruz. Pero aún se necesitan más estudios sobre la huella del autor de Noche oscura en obras tan importantes como las de T. S. Eliot, Paul Valéry, Juan Ramón Jiménez, José Ángel A. Valente o Juan Goytisolo, entre otros. Quizá, Ernesto Cardenal es quien encarna mejor las dos naturalezas de san Juan de la Cruz: la de poeta, y la de religioso y místico. Pero también la del enamorado, la del sensual, y la del perseguido político-religioso. La vertiente mística de Cardenal, mucho menos investigada que la de su compromiso religioso y revolucionario, resulta tan excitante e intensa como las imágenes de un encuentro erótico con Dios.
Después de haber recorrido a pie muchas leguas entre Castilla y Andalucía, cimentando la reforma carmelita, san Juan de la Cruz solicitó permiso para emprender el que con toda probabilidad sería su último viaje: fundar el primer convento descalzo en México. Las inquinas de algunos de sus hermanos y la enfermedad le impidieron realizar ese viaje. Agonizando ya en una celda de Úbeda, interrumpió los rezos por su alma y pidió que le leyesen, a cambio, el Cantar de los cantares, a pesar de los problemas que el epitalamio bíblico había causado a quienes osaron traducirlo al castellano del siglo XVI. Pero san Juan de la Cruz era un poeta que reivindicaba su relación erótica con Dios, así que no imagino palabras más apropiadas que estas de los primeros versos del Cantar para antes de morir: “Que me bese con los besos de su boca”.
Aunque el carmelita descalzo no llegó a pisar nunca tierra americana, hoy contamos con la obra de este discípulo aventajado, compatriota de Darío, su “paisano inevitable”, como lo definió Coronel Urtecho. La concesión del premio Reina Sofía de poesía iberoamericana a Ernesto Cardenal coincide este año con la publicación de un estudio esencial de Luce López-Baralt sobre la dimensión mística de la obra del poeta nicaragüense. La especialista en literatura mística ha sido clave para Cardenal, no solo como interlocutora, al estilo de las religiosas y seglares con las que san Juan de la Cruz dialogaba y a las que dedicaba sus versos más encendidos, sino porque López-Baralt le descubrió la enorme influencia de la mística sufí y de las lenguas semíticas en la obra del carmelita, siguiendo los primeros apuntes de Asín Palacios.
López-Baralt se adentra en las consecuencias de lo que le sucedió a Cardenal aquel 2 de junio de 1956. Por decirlo de un modo que quizá resulte demasiado simplista y burdo (siempre fracasaremos al tratar de decir lo indecible): después de aquel día, Cardenal pasa de hacer el amor con las mujeres a hacerlo con Dios. “Yo tuve una cosa con Él, y no es un concepto”, reclama. “Si oyeran lo que digo a veces / se escandalizarían. Que qué blasfemias / Pero vos entendés mis razones. / Y además bromeo. / Y son cosas que los que se aman se dicen en la cama”.
A partir de entonces, el corpus de su obra mística, aunque tiene presencia en casi todos sus escritos, se empieza a gestar en Gethsemani, Ky., y en Salmos, pero se concentra principalmente en Vida en el amor (libro de fragmentos de tipo ensayístico tras su paso por el monasterio trapense de Merton); se eleva más tarde en su monumental Cántico cósmico (en particular en sus últimas cántigas); y es esencialmente en Telescopio de la noche oscura (que iba a ser parte del Cántico, pero se publicó independientemente) donde Cardenal describe en versos sensuales su encuentro radical con Dios, que empezó aquel 2 de junio. En Versos del pluriverso y en El origen de las especies se prolonga su canto místico y su diálogo permanente con los descubrimientos científicos. El interés por la ciencia (que también le vincula a los místicos) para él supone una magia añadida al misterio del Dios del bosón y de los astros. Y también al Dios de las células o el sexo: “Poeta, Dios está en el coño de las mujeres. / Está en todas partes dice el catecismo. / Pero no está lo mismo en todas partes”.
Se ha leído y atendido más al Cardenal del Exteriorismo, al de las influencias de Pound, Salinas o Neruda; al revolucionario de Solentiname, al de la bronca legendaria de Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua cuando lo tuvo delante (el único ministro sandinista arrodillado), o incluso al de los epigramas a sus antiguas amadas, el del “Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido”. Pero me temo que será su obra mística la que pasará el filtro del olvido. Ya es el principal exponente de la literatura mística de Latinoamérica, y eso lo dota de las virtudes duraderas de los clásicos. San Juan de la Cruz, tras un largo viaje de siglos, pisa tierra.
Francisco Javier Sancho Más es periodista, escritor y filólogo. Autor del libro de relatos Si estuvieras aquí (Icaria). Actualmente investiga la influencia de san Juan de la Cruz en autores de nuestro tiempo.
sanchomas@gmail.com

Ernesto Cardenal, consagrado


jueves, 3 de mayo de 2012

Ernesto Cardenal gana el Reina Sofía de Poesía

Este galardón, dotado con 42.100 euros, celebra su XXI edición y está considerado uno de los más importantes de este género

El poeta Ernesto Cardenal.foto:Claudio Álvarez.fuente:elpais.com
 El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal ha ganado este mediodía el Premio Reina Sofía de Poesía, uno de los más prestigiosos del género en el mundo iberoamericano. Escultor, traductor, creador de fuertes compromisos políticos y religiosos, fue ministro de Cultura durante la Revolución Sandinista, en 1983, y sacerdote. El galardón está dotado con 42.100 euros y celebraba su XXI edición.
"Tengo libertad para todo menos para decir lo que pienso en público", declaró a este periódico Cardenal en 2009. Desde 1994, cuando se distanció del Frente Sandinista de Liberación, ha sido sometido al cerco político en su país, gobernado por el exlíder guerrillero Daniel Ortega, al que el poeta llegó a acusar de “ladrón”.
Uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación, Cardenal y también ha visto censuradas sus ideas por parte de la jerarquía católica, muy beligerante con este movimiento cristiano de signo proletario.
El jurado que ha distinguido a Cardenal, cuyo veredicto se ha dado a conocer en el Palacio Real, ha estado formado entre otros por, entre otros, por José Manuel Blecua (director de la RAE), los escritores António Lobo Antunes, Soledad Puértolas, José Manuel Caballero Bonald, Luis Antonio de Villena, Jaime Siles y Luis Alberto de Cuenca.
"No era justo que por motivos extraliterarios alguien tan significativo en la poesía del siglo XX se quedara fuera" de la nómina de ganadores de este premio, ha declarado Luis Antonio de Villena.
Para Jaime Siles "a este premio le faltaba el nombre de Ernestro Cardenal, un gran poeta, con una obra muy amplia, además de uno de los grandes traductores de los clásicos".
"Lo he tratado bastante. Es un tipo particular, silencioso, en su mundo. Es de los poetas más compartidos y leídos. El primero bajo una gran influencia de Catulo, de los clásicos latinos y de los aforismos. Es el poeta que he leído con más gusto. Se parece a Walt Whitman. Hizo mucho por la poesía en Centroamérica cuando fue ministro de Cultura. Justo al contrario de lo que ocurre en este país, donde se cree que la cultura es un rastrojo", ha señalado por vía telefónica el escritor y poeta Benjamín Prado.
“¡Cuánto me alegro! Se lo merece por su persona y por su poesía. Además de ser un gran poeta, sus traducciones de Catulo son maravillosas”, indica el editor Chus Visor, que rememora el episodio en el que Cardenal se arrodilló en 1983 ante el Papa en su visita a Nicaragua para protestar por la posición del Vaticano ante la Revolución Sandinista y las actividades de la Contra.
“En otras ocasiones la política juega a favor para los premios, en este caso jugó en su contra. Me da mucha pena cómo han pasado de largo por delante de Cardenal tantos Cervantes y tantos Reina Sofía”.
De sus obras, Visor destaca Lo salmos , Oración por Marilyn Monroe, El estrecho dudoso, y El oráculo sobre Managua.
A lo largo de su carrera Cardenal ha sido distinguido entre otros con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2009 y con su elección, en 2010, como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
En la nómina de ganadores del Reina Sofía se cuentan entre otros el chileno Gonzalo Rojas (1992) el madrileño José Hierro (1995) el asturiano Ángel González (1996) el uruguayo Mario Benedetti (1999) el catalán Pere Gimferrer (2000) O el argentino Juan Gelman (2005) el valenciano Francisco Brines (2010) o la cubana Fina García.

Biografía

Cardenal nació en Granada, Nicaragua, el 20 de enero de 1925, donde pasó su primera infancia. Realizó el bachillerato en el Colegio Centroamérica de los Jesuitas en Granada. Más tarde, en México, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma, en esta época publicó sus primeros poemas. Completó sus estudios en la Universidad de Columbia (Nueva York) donde se doctoró. Entre 1949 y 1950 se dedicó a viajar por Europa. En esta época se inició en otra de sus pasiones artísticas: la escultura.
En 1952 fundó una pequeña editorial de poesía, El hilo azul. En 1954 participó en un movimiento armado que intentó asaltar el Palacio Presidencial y que fue conocido en Nicaragua como La Rebelión de Abril. Es en 1957 cuando su vida da un giro total al decidir hacerse monje trapense e ingresar en el Monasterio de Nuestra Señora de Gethsemani, en Kentucky, EE UU donde Thomas Merton se convirtió en su maestro, consejero espiritual y amigo. Ingresó más tarde en el Monasterio Benedictino de Cuernavaca, México, donde permaneció dos años.
Su labor poética se materializó en esta época, dando cuenta de sus experiencias místicas, en Gethsemani Ky y Vida en el amor. En 1961 continuó sus estudios de Teología en un seminario católico en la Ceja, Colombia. Desde allí publicó las obras Salmos y Oración por Marilyn Monroe.
 

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido

Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti nadie te amará
como te amaba yo.
Muchachas que algún día
leaís emocionadas estos versos
Y soñéis con un poeta
Sabed que yo los hice
para una como vosotras
y que fue en vano.