sábado, 10 de marzo de 2012

Minicuentos 25


Cuento en blanco

Héctor Zabala

En cierto concurso, un cuentista colocó al ensobrar sólo una hoja en blanco. Pese al error, igual obtuvo el segundo premio.

Sin embargo fue injusto: la hoja en blanco no resultaba tan mala como el cuento ganador.

La última aventura

Jairo Aníbal Niño

Tarzán se dio cuenta de que su despotismo y crueldad habían engendrado una insurrección en su contra,

y trató desesperadamente de buscar la orilla del mar para huir a Inglaterra.

Cuando se acercaba con pasos de angustia a la Costa de los Esclavos, sintió que lo estaban degollando, y

antes de perecer, vio iluminada por el esplendoroso sol del Golfo de Guinea, la cara en tecnicolor de un mandril sublevado.

La mosca que soñaba que era un águila.

Augusto Monterroso

Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las grandes alturas o en los espacios libres, ni mucho menos.
Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a poner las sienes en la almohada.

La pierna dormida

Enrique Anderson Imbert

Esa mañana, al despertarse, Félix se miró las piernas, abiertas sobre la cama, y, ya dispuesto a levantarse, se dijo: "¿y si dejara la izquierda aquí?" Meditó un instante. "No, imposible; si echo la derecha al suelo, seguro que va a arrastrar también la izquierda, que lleva pegada. ¡Ea! Hagamos la prueba."
Y todo salió bien. Se fue al baño, saltando en un solo pie, mientras la pierna izquierda siguió dormida sobre las sabanas.

Cuatro paredes

Ana María Shua

Siempre encerrada entre estas cuatro paredes, inventándome mundos para no pensar en esta vida plana, unidimensional, limitada por el fatal rectángulo de la hoja.

Los ojos culpables

Ah'med Ech Chiruani

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba; él respondió:
-Tienes tan bellos ojos que me olvido de adorar a Dios.

Cuando quedó sola, la muchacha se arrancó los ojos. Al verla en ese estado el hombre se afligió y le dijo:
-¿Por qué te has maltratado así? Has disminuido tu valor.

Ella le respondió:
-No quiero que haya nada en mí que te aparte de adorar a Dios.

A la noche, el hombre oyó en sueños una voz que le decía:
-La muchacha disminuyó su valor para ti, pero lo aumentó para nosotros y te la hemos tomado.

Al despertar, encontró cuatro mil denarios bajo la almohada. La muchacha estaba muerta.

Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco

Juan José Arreola

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.

Ventana sobre la palabra

Eduardo Galeano


Magda recorta Palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En cajas rojas guarda las palabras furiosas. En caja verde, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia. A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.

A primera vista

Poli Délano

Verse y amarse fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro.

jueves, 8 de marzo de 2012

8 de Marzo: escritoras y editoras nos dan el día

Clara Janés, Ángeles Caso, Adela Cortina, Marta Rivera de la Cruz, Elena Ramírez, Ana Merino, Laura Freixas y Lolita Bosch reflexionan sobre la discriminación, el sexismo y las trampas del lenguaje
Edward Hopper. Compartimiento c. fuente:elcultural.es

Este jueves, 8 de marzo, vuelve a conmemorarse el Día de la Mujer Trabajadora, que en esta ocasión se presenta especialmente estimulante por el polémico informe de la RAE que estudia los excesos del lenguaje no sexista. El debate, encendido, no oculta sin embargo ni las cifras de las víctimas de la violencia machista, ni el incremento del paro de las trabajadoras (¿qué celebrarán todas las que han perdido su empleo estos años?), ni las desigualdades. Pero, ¿qué piensan ellas, las creadoras y editoras? ¿celebran el día o lo consideran discriminatorio? Ocho mujeres (poetas, filósofas, ensayistas, narradoras, editoras) toman la palabra y responden a estas preguntas.

1. ¿Aún es necesario dedicar un día a la mujer trabajadora? ¿No lo son todos?
2. ¿El ámbito de la cultura es diferente?
3. ¿Alguna vez se ha sentido discriminada, como escritora, docente o editora, por el hecho de ser mujer?
4. ¿Qué opina de la polémica sobre el informe de la RAE sobre los excesos de las guías sobre el lenguaje no sexista?
5. ¿A qué mujer le gustaría ver en la RAE y por qué?


Clara Janés (poeta y traductora)

“Siempre me he sentido discriminada, pero lo importante es seguir”

1. Es necesario, si algo es necesario, porque sigue siendo una lucha de la mujer el poder trabajar valorándose su trabajo según sus méritos.


2. No lo creo. El ámbito cultural es el que conozco más y lo veo muy cerrado, aunque parezca paradójico. Hay mucha mujer machista en él.

3. Siempre me he sentido discriminada y sigo sintiéndolo, pero como decía Rosa Chacel lo importante es seguir.

4. No entro en esa polémica.

5. Yo pienso siempre, siempre, en aquellas que lo merecieron en alta medida y ya es tarde: María Moliner, Rosa Chacel o María Zambrano.

Ángeles Caso (escritora y periodista)

"¡Ojalá pronto sea inútil y desaparezca!"

1. Me temo que todavía es importante que exista un día que sirva de excusa para hablar de toda la desigualdad que aún existe. ¡Ojalá pronto sea inútil y desaparezca!


2. No, en absoluto. Basta con ver por ejemplo la lista de los premios literarios -de editoriales o de instituciones-, en los que las escritoras apenas tenemos presencia. O con saber que, según los datos, la mayor parte de la obra artística que se compra en España está hecha por artistas varones.

3. Sí, cuando algún amigo me ha confesado que nunca lee libros escritos por mujeres. O cuando algún crítico -o crítica- se ha empeñado en decir que mi literatura es sensiblera e incluso "rosa", algo que probablemente jamás habrían dicho si yo tuviera bigote.

4. Creo que algunos de sus razonamientos son atinados. Pero también creo que la Academia podría hacer algunas cosas para terminar con el sexismo -real- en el lenguaje. ¿Es admisible, por ejemplo, que en un diccionario como el DRAE, que está organizado supuestamente en orden alfabético, todas las entradas de nombres y adjetivos estén en masculino, aunque eso subvierta el orden? ¿No debería ir "niña" antes que "niño"?

5. A alguna de esas maravillosas profesoras que lucharon hace muchas décadas por ser respetadas en el ámbito académico. Por ejemplo, Carmen Bobes, catedrática ya jubilada de Literatura comparada en la Universidad de Oviedo.

Adela Cortina (filósofa)

“En España el 8M ya no es necesario”

1. En países en desarrollo sí que sigue siendo necesario, en España, no. Lo que hay que hacer es vigilar que mujeres y varones cobren lo mismo por igual trabajo, compartir el trabajo doméstico y acabar con el maltrato.


2. En el ámbito de la cultura cada mujer tiene que ganarse su crédito, igual que los varones.

3. No, nunca. Por otras razones sí, pero no por esa.

4. Que el lenguaje no es sexista ni deja de serlo. Los géneros gramaticales no se relacionan con el sexo. Que "coche" sea masculino en español y femenino en francés, o que "niño" sea neutro en alemán no dice nada en relación con el sexo.

5. A la que más se lo merezca.

Marta Rivera de la Cruz (escritora y periodista)

“En ningún sector es tan evidente la paridad como en el de la cultura”

1. Desde luego que lo son todos. Pero no me parece mal recordar, siquiera un día al año, que no siempre fue así, y que hubo muchas mujeres que jamás pudieran tener las mismas oportunidades laborales que los hombres.


2. Creo que en ningún sector es tan evidente la paridad como en el de la cultura.

3. Me he encontrado posturas de imbecilidad machista... pero eran personas que demostraban su imbecilidad mucho más allá del hecho de género.

4. Cuando acabé de leer el informe de Ignacio Bosque, le hubiese dado un abrazo. En cuanto a la polémica, muchos de quienes la alimentan están viviendo del cuento polemista desde hace siglos.

5. Se me ocurren siete nombres, y no quiero ofender a seis mujeres no citándolas... Estaba presente el día que ingresó Soledad Puértolas y se me saltaron las lágrimas. Espero que llegue pronto el día en que no tenga que emocionarme al ver entrar en la RAE a una mujer.

Elena Ramírez (editora)

Hay gestos más discriminatorios que el lenguaje

1. Porque sigue habiendo muchas diferencias entre las tasas y condiciones de empleo del hombre y las de la mujer; porque sigue requiriendo un esfuerzo ímprobo conciliar trabajo y familia para la mujer. Los días monográficos son un símbolo, y los símbolos son más importantes que nunca. Tal vez dejará de ser necesario el día que el tema no sea motivo de encuesta.


2. Es posible, en las antiguamente llamadas profesiones liberales hay mayor índice de empleo femenino que en otros campos, pero ¿en qué cargos y en qué condiciones? Las cosas han cambiado muchísimo, pero queda camino por recorrer. En franjas de población sin educación universitaria las diferencias son abismales.

3. Cuando yo comencé en el mundo editorial las mujeres comenzaban como asistentes, los hombres como editores, ese era su peldaño más bajo. Hoy en día hay asistentes editoriales hombres, o más concretamente, un ejército de becarios de ambos sexos. Nunca vi que le pidieran un café en una reunión a un compañero a mi nivel profesional, o que se elogiaran más sus piernas que su competencia. Pero de eso hace tiempo, creo que las cosas hoy, afortunadamente, han cambiado en el mundo editorial.

4. Creo que la propuesta de las guías de lenguaje no sexistas son una muestra de cómo forzar el lenguaje hasta convertirlo en parodia. Hay una clara distinción entre sexo y género en nuestro lenguaje. Por otra parte, todos debemos cuidar la forma de hablar (no sólo en este aspecto, por cierto) para no utilizar expresiones claramente discriminatorias, pero forzar un doble uso del lenguaje, para hombres y para mujeres no tiene sentido. Hay gestos y actitudes cotidianas mucho más discriminatorias, mas fáciles de señalar y solventar y menos controvertidas.

5. Imposible decir una sola, la RAE tiene mucho que hacer en este sentido. Rosa Montero, Elvira Lindo o Ana María Moix son mujeres con una probada trayectoria de creación literaria, enorme sentido común, y un extremadamente hábil manejo del lenguaje.

Ana Merino (poeta)

“El informe de la RAE es una reflexión necesaria”

1. El día Internacional de la Mujer nos recuerda la necesidad de defender los derechos de la mujer y el esfuerzo global que debemos hacer para que alcancen la igualdad en todo el mundo.


2. Dependerá del país. El contraste entre países es abrumador. En España la democracia facilitó que el espacio cultural femenino se consolidara. Eso ha permitido que las mujeres tengan una importante proyección en el ámbito cultural, no solo como creadoras, también como intermediarias de la producción cultural, destacando como agentes literarios o galeristas en el mundo del arte.

3. No.

4. El informe de la RAE es una reflexión necesaria que dialoga con la realidad y los usos políticos del idioma en España. Toda transformación se consolida a través de sus hablantes. Cualquier imposición suele fracasar porque no cuaja entre la población y creo que es lo que transmite ese informe. Se está polemizando sobre puntualizaciones técnicas de un lingüista que explica por qué la sociedad no puede asimilar recomendaciones no sexistas impuestas. En este caso el español tiene la peculiaridad del género masculino y femenino, y eso ha ocasionado un entramado fascinante de pasiones ideológicas. Tal vez no estoy siendo neutral, por un lado mi padre es académico, y por otro soy una de las grandes defensoras y promotoras del español en Estados Unidos. En mi país de adopción este idioma al expresarse tiene otras connotaciones, otros retos y otras preocupaciones.

5. A toda aquella mujer que esté muy bien cualificada, que tenga ganas de trabajar y quiera dedicarse de lleno a su sillón, cumpliendo con el compromiso que implica formar parte de la RAE. Estoy segura que a esta nueva generación de académicos ya no se les escaparán mujeres como María Moliner.

Laura Freixas (escritora y periodista)

“El ámbito cultural es tan desigual como el que más”

1. La desigualdad de género es un problema sangrante y que se da prácticamente en todos los ámbitos: el trabajo, la política, la economía, la vida cotidiana, el trabajo doméstico, la cultura, los medios de comunicación... Bienvenido sea el 8 de marzo si sirve para que al menos una vez al año, recordemos cuánto queda todavía por hacer para alcanzar una sociedad en la que todo el mundo, sea mujer u hombre, tenga las mismas oportunidades.


2. Contrariamente a lo que suele creerse, el ámbito de la cultura es tan desigual como el que más. Algunos ejemplos: en los catálogos de las principales editoriales, las escritoras representan en torno a un 20 % de los autores publicados; solo un 7 % de las películas españolas de los últimos años son obra de directoras; la mayoría de Premios Nacionales (Cervantes, Velázquez, Nacional de Música, de Narrativa, de Ensayo...) han sido y siguen siendo concedidos a varones en un 90 % de los casos...

3. Pienso que las escritoras, y las intelectuales y artistas en general, estamos discriminadas. No se trata de actos concretos, sino de un favoritismo difuso, pero evidente, hacia los varones, por parte de quienes tienen el poder en el mundo cultural. Se trata también de los prejuicios que distorsionan la recepción de las obras femeninas: éstas son vistas, automática e inconscientemente, como algo marginal, desprovisto de autoridad y de universalidad, algo que sólo puede interesar a las mujeres, mientras que se supone que las obras masculinas nos interesan a todos y encarnan lo humano en general. Véase por ejemplo la tan utilizada expresión “literatura de mujeres, sobre mujeres, para mujeres”, mientras que nadie califica las obras masculinas, incluso las que nos presentan solo o principalmente a personajes masculinos, como "literatura de hombres, sobre hombres, para hombres”.

4. Estoy muy contenta de que por fin haya una polémica abierta, racional, con argumentos -en vez de insultos y descalificaciones- sobre un tema cuya importancia es evidente, como lo demuestran las pasiones que suscita. Y por supuesto estoy a favor del lenguaje no sexista, aunque hay que decidir, y no es fácil, en qué consiste en cada caso, cuál de las distintas opciones posibles es la más adecuada.

5. A Amelia Valcárcel, a Belén Gopegui, a Cristina Peri Rossi, tres mujeres de una inteligencia y un carácter fuera de lo común.


Lolita Bosch (escritora)

“Hay problemas relacionados con la mujer mucho más urgentes que el lenguaje no sexista”

1. Totalmente necesario. Sólo falta sacar un pie fuera de casa y mirar qué hay en otros lugares, revisar los salarios, el trabajo doméstico y familiar, las oportunidades laborales.... En fin, avanzamos pero es tan lento....


2. Creo que un poco el ámbito editorial, no sé si el de la escritura. Hay menos escritoras que escritores, y entre lectores se considera que hay mejores escritores hombres que mujeres. Creo que ocurre por la ignorancia por la que ocurre todo lo que tiene que ver con el machismo, sumado a que las mujeres tenían y tienen un género que aparentemente les es propio y efectivamente es menor: la novela romántica. Como siempre, eso desacredita al grueso del género femenino.

3. Yo trato de no permitir que nadie me haga sentir discriminada, por nada. Me irrita y me defiendo.... Normalmente no llega ni siquiera a la necesidad de defenderse. Pero claro que sé que muchas veces me invitan a cubrir cupo. Entonces, rechazo la invitación.

4. El lenguaje no sexista es muy incómodo, eso sí lo acepto. Soy feminista y no lo uso ya que a veces raya lo ridículo. Pero es cierto que asumir un género que no nos es propio es extraño y conflictivo. Sin embargo hay problemas relacionados con la mujer mucho más urgentes. El lenguaje es elástico y está vivo.

5. A mí la RAE nunca me ha interesado en absoluto. En todo caso, confiaría más en un parlamento de artistas que en uno que se empeña en llamar “mexicanismo” a una expresión que usan 112 millones de personas. No comparto su solemnidad, su colonialismo ni su pasión por la gramática.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Por qué la lengua levanta pasiones

La polémica por el texto de Bosque muestra la volatilidad de las cuestiones en torno al idioma
El uso del lenguaje contiene sexismo y discriminación de género. Polémica de nunca acabar...foto.fuente:elpais.com

Pasión. Mucha pasión. Eso es lo que más ha ido incorporando la lengua castellana o española a su ADN y al de sus hablantes a la hora de referirse a ella. Ese es el verdadero hilo que la recorre a lo largo de sus mil años con quienes la utilizan y a quienes sirve; por eso se han generado batallas, escaramuzas y emboscadas que no dejan impasible a nadie.

En los últimos quince años, los temas en torno a la lengua han puesto a hablar a todo el mundo hispanohablante en veinte países. El arco lo inaugura aquella frase de "Jubilemos la ortografía", pronunciada por Gabriel García Márquez en la inauguración del I Congreso de la Lengua en Zacatecas (México), y lo cierra por ahora el informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, elaborado por el académico Ignacio Bosque y aprobado por 26 miembros de número de la Real Academia. ¿Pero por qué despiertan tanta pasión los temas relacionados con la lengua? "Tal vez sea una reacción de autorreconocimiento inconsciente de la conciencia de nosotros mismos como grupo, una reacción a priori a la conciencia", improvisa Álvaro Pombo, escritor y académico.

El debate actual que ha desatado el análisis sobre el lenguaje no sexista fue precedido por el que originó la nueva edición de la Ortografía del año pasado. Entre otras cosas se propuso un solo nombre para cada letra, y ahí se encendió la mecha: que la i griega pasará a llamarse ye, mientras la uve unificaría las llamadas be baja y be corta. Al final valen las dos.

"Es que el lenguaje es lo único que tenemos todos, lo que tiene cada uno para seguir hablando, comunicarse, expresarse. El lenguaje es lo más democrático que existe", reflexiona Javier Marías, escritor y académico que en muchas ocasiones se ha referido a este tema incluso en sus libros. Por todo eso, agrega Marías, "lo sentimos como algo irrenunciable y no aceptamos manipulaciones ni dirigismos de ninguna índole ni procedencia. Ni de la Academia ni de instituciones ajenas. Los cambios que vengan serán acordes con su evolución natural. El dirigismo en la lengua no tendrá éxito porque cualquier imposición en ella la vemos como una intromisión intolerable en nuestro habla y en nuestro pensamiento; como un atentado a nuestra verdadera libertad".

La intromisión en la lengua la vemos como un atentado a la libertad

Javier Marías

En 2000, la RAE tachó de entrometidas a las academias catalana, gallega y vasca cuando incluyó en el libro de Ortografía una serie de topónimos con una grafía "inadecuada". Mientras en 2010 la presión hizo que la RAE diera marcha atrás y no modificara la definición del término "nacionalidad", vinculando nacionaliad con la "condición de pertenencia a un Estado".

"¿Por qué nos apasionan o nos hieren las cuestiones léxicas, gráficas (me refiero a las tildes y acentos) o terminológicas?", se pregunta el sociólogo y escritor Enrique Gil Calvo. Y explica: "Puede ser debido a que nos identificamos con nuestros nombres, a que hacemos una cuestión de identidad personal de lo que solo es una herramienta nominal. La nuestra parece ser todavía una sociedad estamental, nobiliaria, incluso señorial, en la que nos identificamos con los nombres que designan nuestra identidad. Y si nos cambian las palabras o los signos, nos sentimos desposeídos, degradados o hasta ultrajados. Por eso reaccionamos con dignidad ofendida".

La RAE vista con microscopio

lunes, 5 de marzo de 2012

García Márquez cumple 85 años, vividos para contarlos

Y, para celebrarlo, su libro más emblemático, Cien años de soledad, estará ese mismo día en formato digital, otra fantasía para los seguidores de Macondo
Gabriel García Márquez, el mago que hipnotizó al mundo con sus historias desde un pueblecito del Caribe llamado Macondo, cumple mañana, martes, 85 años. foto:archivo.fuente:lainformacion.com

García Márquez, el mago, el nobel colombiano que hipnotizó al mundo con sus historias desde un pueblecito del Caribe, cumple mañana, martes, 85 años. Y, para celebrarlo, su libro más emblemático, "Cien años de soledad", estará ese mismo día en formato digital, otra fantasía para los de Macondo.

Y es que, además, se cumplen 45 años de la publicación de "Cien años de soledad", la obra que nació en Macondo, ese territorio fabulado por uno de los mejores escritores del mundo en torno a la saga de los Buendía, en un Caribe lleno de supersticiones, fantasmas, angustias y alucinaciones, donde todo puede ocurrir bajo la lluvia y donde nada es imposible.

"Cien años de soledad" -traducida a casi todas las lenguas del mundo y que García Márquez considera su obra "mítica" pero no la más importante, porque ese honor se lo reserva a "El amor en los tiempos del cólera"- estará en la web, por 5,99 euros (7,8 dólares), en la editorial digital Leer-e (www.leer.es) en colaboración con Ramdom House Mondadori, que tiene los derechos en papel.

Y todo ello gracias al convenio al que llegó Leer-e con la agente Carmen Balcells, quien también ha hecho posible que Isabel Allende estuviera desde la semana pasada en formato digital en la colección "Palabras Mayores", según fuentes de la citada editorial, que dirige Ignacio Latasa.

La portada del libro electrónico de "Cien años de soledad" es una especie de fetiche para los seguidores del escritor, ya que recupera la misma imagen de la cubierta de la primera edición del libro en papel, un barco en medio de la selva.

Nacido en Aracataca, en la costa caribe de Colombia, el 6 de marzo de 1927, Gabriel García Marquez "Gabo" vive en México desde hace décadas y lleva tiempo sin escribir, tras haber padecido una grave enfermedad.

Pero, desde su primera novela, "La hojarasca", publicada en 1955 -antes había escrito cuentos y algunos los publicó en El Espectador-, hasta su última y breve novela, "Memoria de mis putas tristes", de 2004, e incluso ese librito que salió en 2010 con sus textos escritos para leerlos en público: "Yo no vengo a decir un discurso", lo que García Márquez ha conseguido es hacer a la gente más feliz, gozar con la música de sus palabras en medio de un mundo hostil y gris.

Con "El coronel no tiene quien le escriba", "Los funerales de la Mamá grande", "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada", "El otoño del patriarca", "Crónica de una muerte anunciada", "Del amor y otros demonios", "Noticia de un secuestro" o el primer volumen de sus memorias, "Vivir para contarla", García Márquez ha hipnotizado a sus lectores desde la primera página y no los ha dejado marchar.

Una escritura de mago porque, como ha explicado en muchas ocasiones, "la escritura es un acto hipnótico"; el escritor dice que debe conseguir que el lector no despierte, algo que lleva mucha carpintería detrás, como él reconoce.

Alimentado en sus primeros tiempos por Hemingway y Faulkner y por el resto de los escritores del sur de Estados Unidos, en los que vio mucha concomitancia con su pueblo bananero de Aracataca, el autor de "Relato de un náufrago" encontró en su infancia y en toda su vida el mejor material para su literatura.

La cultura popular, las mujeres de las que siempre estuvo rodeado desde pequeño y las historias de sus abuelos -García Márquez se crió con los maternos (Tranquilina y el coronel Márquez Mejía) hasta los ocho años, cuando conoció a su madre, Luisa Santiaga- han alimentado el corazón de este poeta de la prosa que dice escribe para que le quieran un poquito más.

Algo que verdaderamente ha conseguido al traspasar todas las fronteras con su verbo torrencial con sabor a trópico y a música y su declarado compromiso político y social. Siempre ha sido un gran mediador, aunque algunos no le perdonen (entre ellos Mario Vargas Llosa, además de por otros desencuentros personales) su relación con Fidel Castro.

Pero es que, como explica la biografía sobre García Márquez y autorizada por él escrita por el británico Gerald Martín, "Gabo no es un lacayo de los políticos, pero la amistad para él es sagrada, como la lealtad y la coherencia".

La celebración del cumpleaños de García Márquez no terminará mañana, porque este año está lleno de conmemoraciones pues también se cumplen 30 años de que la Academia sueca le entregara el Premio Nobel.

domingo, 4 de marzo de 2012

El cuento del domingo


Juan José Arreola

Una reputación


La cortesía no es mi fuerte. En los autobuses suelo disimular esta carencia con la lectura o el abatimiento. Pero hoy me levanté de mi asiento automáticamente, ante una mujer que estaba de pie, con un vago aspecto de ángel anunciador.

La dama beneficiada por ese rasgo involuntario lo agradeció con palabras tan efusivas, que atrajeron la atención de dos o tres pasajeros. Poco después se desocupó el asiento inmediato, y al ofrecérmelo con leve y significativo ademán, el ángel tuvo un hermoso gesto de alivio. Me senté allí con la esperanza de que viajaríamos sin desazón alguna.

Pero ese día me estaba destinado, misteriosamente. Subió al autobús otra mujer, sin alas aparentes. Una buena ocasión se presentaba para poner las cosas en su sitio; pero no fue aprovechada por mí. Naturalmente, yo podía permanecer sentado, destruyendo así el germen de una falsa reputación. Sin embargo, débil y sintiéndome ya comprometido con mi compañera, me apresuré a levantarme, ofreciendo con reverencia el asiento a la recién llegada. Tal parece que nadie le había hecho en toda su vida un homenaje parecido: llevó las cosas al extremo con sus turbadas palabras de reconocimiento.

Esta vez no fueron ya dos ni tres las personas que aprobaron sonrientes mi cortesía. Por lo menos la mitad del pasaje puso los ojos en mí, como diciendo: "He aquí un caballero". Tuve la idea de abandonar el vehículo, pero la deseché inmediatamente, sometiéndome con honradez a la situación, alimentando la esperanza de que las cosas se detuvieran allí.

Dos calles adelante bajó un pasajero. Desde el otro extremo del autobús, una señora me designó para ocupar el asiento vacío. Lo hizo sólo con una mirada, pero tan imperiosa, que detuvo el ademán de un individuo que se me adelantaba; y tan suave, que yo atravesé el camino con paso vacilante para ocupar en aquel asiento un sitio de honor. Algunos viajeros masculinos que iban de pie sonrieron con desprecio. Yo adiviné su envidia, sus celos, su resentimiento, y me sentí un poco angustiado. Las señoras, en cambio, parecían protegerme con su efusiva aprobación silenciosa.

Una nueva prueba, mucho más importante que las anteriores, me aguardaba en la esquina siguiente: subió al camión una señora con dos niños pequeños. Un angelito en brazos y otro que apenas caminaba. Obedeciendo la orden unánime, me levanté inmediatamente y fui al encuentro de aquel grupo conmovedor. La señora venía complicada con dos o tres paquetes; tuvo que correr media cuadra por lo menos, y no lograba abrir su gran bolso de mano. La ayudé eficazmente en todo lo posible; la desembaracé de nenes y envoltorios, gestioné con el chofer la exención de pago para los niños, y la señora quedó instalada finalmente en mi asiento, que la custodia femenina había conservado libre de intrusos. Guardé la manita del niño mayor entre las mías.

Mis compromisos para con el pasaje habían aumentado de manera decisiva. Todos esperaban de mí cualquier cosa. Yo personificaba en aquellos momentos los ideales femeninos de caballerosidad y de protección a los débiles. La responsabilidad oprimía mi cuerpo como una coraza agobiante, y yo echaba de menos una buena tizona en el costado. Porque no dejaban de ocurrírseme cosas graves. Por ejemplo, si un pasajero se propasaba con alguna dama, cosa nada rara en los autobuses, yo debía amonestar al agresor y aun entrar en combate con él. En todo caso, las señoras parecían completamente seguras de mis reacciones de Bayardo. Me sentí al borde del drama.

En esto llegamos a la esquina en que debía bajarme. Divisé mi casa como una tierra prometida. Pero no descendí incapaz de moverme, la arrancada del autobús me dio una idea de lo que debe ser una aventura trasatlántica. Pude recobrarme rápidamente; yo no podía desertar así como así, defraudando a las que en mí habían depositado su seguridad, confiándome un puesto de mando. Además, debo confesar que me sentí cohibido ante la idea de que mi descenso pusiera en libertad impulsos hasta entonces contenidos. Si por un lado yo tenía asegurada la mayoría femenina, no estaba muy tranquilo acerca de mi reputación entre los hombres. Al bajarme, bien podría estallar a mis espaldas la ovación o la rechifla. Y no quise correr tal riesgo. ¿Y si aprovechando mi ausencia un resentido daba rienda suelta a su bajeza? Decidí quedarme y bajar el último, en la terminal, hasta que todos estuvieran a salvo.

Las señoras fueron bajando una a una en sus esquinas respectivas, con toda felicidad. El chofer ¡santo Dios! acercaba el vehículo junto a la acera, lo detenía completamente y esperaba a que las damas pusieran sus dos pies en tierra firme. En el último momento, vi en cada rostro un gesto de simpatía, algo así como el esbozo de una despedida cariñosa. La señora de los niños bajó finalmente, auxiliada por mí, no sin regalarme un par de besos infantiles que todavía gravitan en mi corazón, como un remordimiento.

Descendí en una esquina desolada, casi montaraz, sin pompa ni ceremonia. En mi espíritu había grandes reservas de heroísmo sin empleo, mientras el autobús se alejaba vacío de aquella asamblea dispersa y fortuita que consagró mi reputación de caballero.

Juan José Arreola Zúñiga (Zapotlán el Grande —hoy Ciudad Guzmán—, Jalisco; 21 de septiembre de 1918 - Guadalajara, Jalisco; 3 de diciembre de 2001) fue un escritor, académico y editor mexicano.

Juan José Arreola fue el cuarto hijo de Felipe Arreola y Victoria Zúñiga. Entre 1926 y 1929 se educó en su pueblo natal. En 1930 empezó a trabajar como encuadernador y luego se dedicó a sobrevivir ejerciendo toda clase de trabajos. "He sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran." En 1934 escribió sus tres primeros textos. En 1937 va a vivira la ciudad de México, D.F. y se inscribió en la Escuela Teatral de Bellas Artes.

En 1948, gracias a Antonio Alatorre, encontró trabajo en el Fondo de Cultura Económica como corrector y autor de solapas. Obtuvo una beca en El Colegio de México gracias a la intervención de Alfonso Reyes. Su primer libro de cuentos Varia invención, apareció en 1949, editado por el FCE. Para 1950 comenzó a colaborar en la colección "Los Presentes" y recibió una beca de la Fundación Rockefeller.

En 1952 apareció la que muchos consideran su primera gran obra Confabulario. En 1955 recibió el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes. En 1963, año en que recibió el Premio Xavier Villaurrutia, salió a la luz pública otra de sus grandes obras, la novela La feria.1 En 1964 dirigió la colección "El Unicornio" y comenzó a enseñar en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1969 recibió un reconocimiento de parte del grupo cultural "José Clemente Orozco" de Ciudad Guzmán. En 1972 se publicó Bestiario, que completaba la serie empezada en 1958 con Punta de plata. En 1977 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo de México en divulgación cultural por su trabajo en Canal 13.2

En 1979 recibió el Premio Nacional en Lingüística y Literatura, en la Ciudad de México.3 Diez años más tarde se le dio el Premio Jalisco de Letras (1989). En 1992 participó como comentarista de Televisa para los Juegos Olímpicos de Barcelona y ese mismo año recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, que se concede al conjunto de una producción literaria, y se entrega en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En 1995 recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes y en 1998 el premio Ramón López Velarde. En 1999, con motivo de sus ochenta años, el Ayuntamiento de Guadalajara le entregó un reconocimiento y lo nombró hijo preclaro y predilecto en una ceremonia efectuada en el Hospicio Cabañas en Guadalajara.

Víctima de una hidrocefalia que lo aquejó durante sus últimos tres años, muere a los 83 años en su casa en Jalisco; le sobrevivieron su viuda, tres hijos y seis nietos.

Fue muy aficionado al ajedrez. Esta afición lo llevó a invitar a Guadalajara al adolescente Bobby Fischer, entonces campeón de ajedrez de los Estados Unidos y que después sería campeón mundial.

Tuvo una amplia cultura. La obra de Arreola se caracteriza por una inteligencia profunda y lúdica. Juega con los conceptos, con las situaciones, utiliza símbolos, parodia. Ama los textos breves y significativos. Su prosa es de estilo clásico y depurado. En el universo de su obra se rompen las leyes lógicas y naturales. En ello se nota, como en el caso de Borges, un escepticismo fundamental. En cuanto a su formación, escribió: "Soy autodidacto, es cierto. Pero a los doce años y en Zapotlán el Grande leí a Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Papini y Marcel Schwob, junto con medio centenar de otros nombres más y menos ilustres... "


En 2010 obtuvo el premio Daniela Santacruz en el estado de Baja California.

Varia invención (1949). Incluye: Varia invención, La hora de todos (juguete cómico en un acto). México, Fondo de Cultura Económica.

Confabulario (1952). Incluye: Parturient montes, En verdad os digo, El rinoceronte, La migala, El guardagujas, El discípulo, Eva, Plueblerina, Sinesio de Rodas, Monólogo del insumiso, El prodigioso miligramo, Nabónides, El faro, In memoriam, Baltasar Gérard, Baby H. P., Anuncio, De balística, Una mujer amaestrada, Pablo, Parábola del trueque, Un pacto con el diablo, El converso, El silencio de Dios, Los alimentos terrestres, Una reputación, Corrido, Carta a un zapatero que compuso mal unos zapatos. México, Fondo de Cultura Económica.

La feria (1963). México, Joaquín Mortiz.

Palindroma (1971). Incluye: Palindroma: Tres días y un cenicero, Starring all people, Hogares felices, Para entrar al jardín, Botella de Klein, El himen en México. Variaciones sintácticas: Duermevela, Profilaxis, Receta casera, De un viajero, La disyuntiva, Ciclismo, Astronomía, Historia de los dos ¿que soñaron?, Balada, Doxografías. Tercera llamada ¡tercera! o Empezamos sin usted (farsa de circo en un acto). México, Joaquín Mortiz.

Bestiario (1972). Incluye: Bestiario: El rinoceronte, El sapo, El bisonte, Aves de rapiña, El avestruz, Insectiada, El carabao, Felinos, El búho, El oso, El elefante, Topos, Camélidos, La boa, La cebra, La jirafa, La hiena, El hipopótamo, Cérvidos, Las focas, Aves acuáticas, El ajolote, Los monos. Cantos de mal dolor: Loco dolente, Casus conscientiae, Kalenda maya, Homenaje a Johann Jacobi Bachofen, Homenaje a Remedios Varo, La noticia, Navideña, De cetrería, El rey negro, Homenaje a Otto Weininger, Metamorfosis, Cocktail party, La trampa, Caballero desarmado, Post scriptum, Achtung! Lebende Tiere!, La lengua de Cervantes, Balada, Tú y yo, El encuentro, Dama de pensamientos, Teoría de Dulcinea, Epitalamio, Allons voir la rose, Luna de miel, Armisticio, Cláusulas, Gravitación. Prosodia: Informe de Liberia, Telemaquia, Inferno V, De L´Osservatore, Una de dos, Libertad, El último deseo, Elegía, Flor de retórica antigua, Flash, El diamante, El mapa de los objetos perdidos, Loco de amor, La caverna, Los bienes ajenos, Alarma para el año 2000, Interview, El soñado, El asesino, La canción de Peronelle, Autrui, Epitafio, El lay de Aristóteles, El condenado, Apuntes de un rencoroso. Aproximaciones: Una familia de árboles [Jules Renard], El sapo [Jules Renard], Al fondo del país lituano [O. V. de Lubicz Milosz], Declaración [Pierre Jean Jouve], El puerco [Paul Claudel], La tristeza [Pierre Jean Jouve], Vida de una araña real [Henri Michaux], Octubre [Paul Claudel], Disolución [Paul Claudel], La derivación [Paul Claudel], Tristeza en el agua [Paul Claudel], Pensamiento en el mar [Paul Claudel], Libación por el día futuro [Paul Claudel], La tierra vista desde el mar [Paul Claudel], Corimbo de otoño [Francis Thompson].. Inventario (1976).

Confabulario personal (1980). Reunión de textos de varios de sus libros anteriores. México, Bruguera

Foto:Internet. Semblanza biográfica:Wikipedia. Texto: El cuento del día.

sábado, 3 de marzo de 2012

Ciclo: Una imagen necesita más de mil palabras


Literatura y cine colombianos


Cóndores no entierran todos los días

Gustavo Álvarez Gardeazábal



Gustavo Álvarez Gardeazábal narra en esta novela la tragedia de León María Lozano, modesto empleado de una librería, un católico ferviente y un buen ciudadano, quien termina convirtiéndose en asesino como resultado del bipartidismo político. La lucha entre liberales y conservadores en Colombia en 1948, genera el contexto para este drama de un simple hombre que crece hasta alcanzar una posición con mucho poder local como jefe de un grupo de asesinos.

"Tuluá jamás ha podido darse cuenta de cuándo comenzó todo, y aunque ha tenido durante años la extraña sensación de que su martirio va a terminar por fin mañana en la mañana, cuando el reloj de San Bartolomé dé las diez y Agobardo Potes haga quejar por última vez las campanas, hoy ha vuelto a adoptar la misma posición que lo hizo un lugar maldito en donde la vida apenas se palpó en la asistencia a misa de once los domingos y la muerte se midió por las hileras de cruces en el cementerio. Quizás tampoco vaya a tener conciencia exacta de lo que va a vivir, porque lleva tantos días y tantas noches acercándose cada vez más al final que mañana, cuando se produzca oficialmente la muerte de su angustia, volverá a sentir por sus calles, por sus entrañas, el mismo terror que sintió la noche del veintidós de octubre de mil novecientos cuarenta y nueve, al oír los cinco balazos que acabaron con la vida de don Rosendo Zapata y le notificaron que los muertos que habían estado encontrando todas las mañanas en las calles, sin papeles de identificación y sin más seña de tortura que un tiro en la nuca, eran también de Tuluá y no de las montañas y veredas, como inútilmente habían querido mostrarlo. Fue el primer muerto oficial, como el de mañana será el último, y aun cuando muchos han querido mostrarlo como el del comienzo de este transitar incierto de Tuluá, sus gentes saben muy bien que no es así porque la noción de muerte que ha llenado sus casas empezó antes de que el nueve de abril la chusma liberal colgara de las cuerdas del campanario a Martín Mejía, quemara el teatro Ángel, saqueara la ferretería de don Lucio y repartiera en el parque Boyacá las cincuenta y seis cajas de aguardiente que había en el estanco. Martín Mejía fue el único muerto de ese día y el único muerto conservador de muchos meses. Aunque jamás se metió en política y la -única vez que supieron de su conservatismo fue el día que llegó Ospina Pérez y él prestó su carro negro para entrarlo desde Los Chancos hasta el parque; Tuluá no pudo olvidar en ese día que él era quien desde hacia doce años venia vendiéndoles con recargo cereales, abarrotes y paños. Por eso quizás lo colgaron del campanario y le vaciaron íntegramente su cadena de almacenes. Pero si ese nueve de abril, Tuluá sintió terror y vio arder las casas y esquinas que más le significaban en su historia de ciudad antigua, no lo tomó en serio, y una semana después construyó, por colecta, un mausoleo especial para Martín Mejía y contrató arquitectos para que las esquinas tradicionales volvieran a ser lo que habían sido por siglos. De ese viernes nueve de abril, Tuluá no quiso grabarse ningún acto de depravación ni las caras de quienes encabezaban la turba, pero si elogió y convirtió en una leyenda la descabellada acción de León Maria Lozano cuando se opuso, con tres hombres armados con carabinas sin munición, un taco de dinamita que llevaba en la mano y una noción de poder que nunca más la volvió a perder, a que la turba incendiara el colegio de los salesianos e hiciera con los curas lo mismo que en las otras ciudades y poblados hicieron ese día: que los colgaran de sus partes nobles, les echaran candela a sus sotanas o los hiciesen salir desnudos por las calles. León Maria Lozano, vendedor de quesos en la galería, lo impidió. Nadie, ni siquiera él, llegó a saber nunca cómo fue capaz de atajar la turba, y si Tuluá y él se preciaron por mucho tiempo de esa acción, fue más bien por el resultado obtenido en comparación con las otras partes donde alcanzó a hacer efectos la rebelión frustrada, y no por lo que en si ella significó como acción valerosa y dramática.

La turba había llegado hasta la esquina de misiá Mercedes Sarmiento. Allí había hecho la última parada antes de decidirse a atacar el colegio. Cuando llegó a ese punto, ya no era la escuálida fila india de desarrapados que había quemado muy a la una y media de la tarde, apenas si media hora después de que la radio gritó que habían matado a Gaitán, el depósito de telas de don Anibal Lozano y el almacén de imágenes de don Antonio Candamil. Cuando misiá Mercedes Sarmiento, amparada acaso en su prestigio de liberal, se asomó por la ventana de su balcón y vio casi toda la cuadra llena de liberales conocidos, desarrapados anónimos, teas encendidas, machetes sin afilar, y olió el fuerte anís del aguardiente, supo que la rebelión había tomado forma y que aunque se interpusiera ante la masa energúmena haciéndola valer sus contribuciones al directorio liberal municipal, a la campaña de Gaitán y a la de Turbay, ella ya no podía atajar el fin del colegio donde no solamente se habían educado sus tres hijos mayores sino donde en los osarios de la capilla guardaban los restos de su marido. Cerró el balcón y como no había teléfono que funcionara porque Chepita cerró la central apenas le olió a candela de butaca de teatro, prendió el ramo bendito, el cirio de San Blas y las espermas de Tierra Santa, regó el agua de Lourdes disimuladamente sobre la calle y entonó un trisagio en todo el centro del patio de su casa.

León Maria Lozano no hizo lo mismo. Apenas vio desde la puerta la turba arrasadora de todo lo que valía en su pueblo aproximándose al colegio, adivinó la intención. Llamó a su cuñado, al que no le hablaba desde cuando se supo en Tuluá que él era padre de dos hijas con doña Maria Luisa de La Espada mientras que no tenia ninguna con su hermana Agripina, le tocó la puerta a su vecino el cabo Rojas y le gritó por el solar a don Diomedes Sanclemente. Sacó de su armario la escopeta de fisto que le habían dejado empeñada los Torrente de Barragán por la caja de pastillas de cuajo, le gritó a su cuñado que sacara las dos carabinas de cacería y se valió de don Diomedes para que trajera uno de los tacos de dinamita que le habían sobrado de su última guaquearía. Con ellos tres y sus anticuadas armas y él llevando en la mano el taco de dinamita y un pucho encendido en la boca, se midió a la turba en la esquina de la casa de doña Midita de Acosta, en donde empezaba la construcción del colegio. Doña Midita recuerda tan bien esos momentos que cada que le da el ataque, porque oye otra vez el quejido misterioso que le anunció la muerte de su marido en uno de los tantos días de muerte vividos por Tuluá, empieza a recitar, detalle por detalle, las palabras que se cruzaron entre el sacristán de San Bartolomé y el zapatero de la cárcel por un lado y León Maria y don Diomedes por el otro. León Maria y su cuñado estaban en el andén del colegio, don Diomedes en el centro de la calle y el cabo Rojas en el andén de doña Midita. Hasta aquí llegaron, tronó León Maria por encima del pucho humeante. Compañero, le contestó el zapatero cuando lo vio en arrastraderas, con la correa sin abrochar y la cabeza mostrando que le hacia falta un sombrero. Godo marica, le gritó borracho el sacristán que después de haber servido durante casi un cuarto de siglo al padre Ocampo apareció liberal. Nada más se dijeron, aunque doña Midita recite cada día más cosas en sus caminos de extravió. El padre González, que estaba asomado en una de las ventanas, también asegura que nadie dijo nada más, el zapatero se perdió en las filas interiores de la turba, pero el sacristán alzó la botella, gritó incoherencias incitando al asalto y terminó tirando la botella a los pies a León Maria. Don Diomedes cargó la escopeta de fisto y el cabo Rojas hizo sonar el clic de la carabina. León Maria los vio venirse entonces -con una tranquilidad que Tuluá hoy seguramente está recordando-, se sacó el pucho de la boca y encendió la mecha del taco. Ahí les va, chusma atea. Y salió corriendo para su casa con sus tres compañeros. A misiá Midita, por taparse los oídos, se le olvidaron sus porcelanas de Baviera y al padre González los anteojos. La chusma frenó en seco, los que pudieron devolverse lo hicieron, los que no, salieron despavoridos por las calles laterales. Cuando el taco estalló ya León Maria estaba muy lejos y los últimos de la turba habían vuelto a la esquina de misiá Mercedes. Se le rompieron las porcelanas de Baviera a doña Midita, los anteojos al padre González y se abrió tal boquete en todo el medio de la calle que por allí, meses después, muchos creyeron que era por donde brotaban los cadáveres que aparecían tirados en las calles de Tuluá todas las madrugadas, puesto que no hubo poder humano capaz de hacerles ver a los trabajadores del municipio que ese hueco existía aunque por allí pasaba todos los días Pedro Bejarano, el chofer del alcalde. Fue algo así como una condecoración no otorgada a León Maria Lozano y que sirvió para alentar la leyenda y entonces empezar a decir que un solo hombre, armado con un tabaco y sentado encima de una caja de dinamita, había ido tirando uno a uno los tacos, devolviendo una chusma de casi cinco cuadras que ya había sembrado el pánico y la destrucción. Doña Midita fue la encargada de empezar a divulgar su versión y a aumentar a cada visita el diálogo que terminó recitando solamente en sus días de desvarió. León Maria, sin embargo, no fue consciente en los primeros días de lo que había hecho, y aun cuando siguió madrugando para ir a vender en su puesto de la galería, poco a poco se fue dando cuenta que no solamente le compraban más quesos, en algo así como el premio por su labor católica, sino que los muchachitos de las escuelas pasaban por su puesto del costado sur del patio de los plátanos como quien va a mirar las vistas de tipos de la película del teatro.

Eso cambió totalmente su modo de actuar. Desde cuando don Marcial Gardeazábal lo contrató como mensajero de su librería hasta cuando Gertrúdiz Potes le consiguió su puesto de quesos en la galería, él no había dejado de ser el mismo hijo de misiá Obdulia, la esposa de don Benito Lozano, el contador de los ferrocarriles. No pasó del cuarto de primaria porque los ferrocarriles no sólo no pagaban bien el trabajo de su padre, sino que le apuntaron una infección en el ojo por un sucio del tren que le cayó un día, y que finalmente le pasó al otro hasta dejarlo ciego, obligándolo a retirarse de la contaduría y a vivir de lo que su mujer alcanzaba a coser en la Singer vieja que compró a plazos donde don Godofredo Gómez. Por eso fue que se colocó en la librería de don Marcial como mensajero.

Todavía los liberales colocaban conservadores y los conservadores trabajaban con liberales. Primero empezó haciendo mandados, después cobrando las cuentas de la tipografía que don Marcial tuvo que poner porque en Tuluá nunca, ni siquiera en los días de violencia en que todos tenían que encerrarse en sus casas a las seis de la tarde, se han vendido libros en demasía. Años más tarde, León Maria, que ya iba llegando a los quince, terminó de dependiente principal de la librería y aunque no sabia leer mucho le correspondía abrirla los domingos mientras don Marcial iba con su mujer y sus nueve hijos a la misa de once en San Bartolomé. Fue por esos días que le correspondió ser testigo de la llegada de Yolanda Arbeláez, la hija de los de La Esmeralda.

No aria diez minutos que Agobardo Potes había repicado por última vez desde San Bartolomé para la misa de once cuando León Maria alcanzó a oír, en el silencio profundo que los pueblos escogen como decoración todos los domingos, el trote acelerado de una bestia. Primero se imaginó que era un borracho y hasta alcanzó a pensar, cuando se dio cuenta de la soledad del pueblo, que podría ser uno de los jinetes del apocalipsis que desde hacia días dizque andaba perdido por las montañas de Barragán, pero cuando salió a la puerta a ver por qué calle venia y miró para la entrada de La Rivera y vio una tea encendida sobre una bestia que galopaba hacia el parque, se santiguó dos veces, miró el cielo -esperando síntoma de lo que hablaba la escritura- y entró a protegerse entre los libros. Sólo cuando como una exhalación pasó la llama sobre la mula y en vez de la guadaña del jinete del apocalipsis se oyó un quejido de muerte, él salió otra vez a la puerta y vio lo que podía ser una niña entre las formas de las llamas que ya la consumían totalmente mientras la mula trataba de botarla, parada en el andén del atrio de San Bartolomé. Cogió uno de los cartones viejos en que llegaba el papel del Canadá y abandonando su puesto se abalanzó a tratar de apagarle la muerte a la que resultó ser la hija de los Arbeláez de La Esmeralda, los únicos conservadores que quedaban en la montaña de La Rivera.

Cuando cayó sobre ella ya el padre Ocampo había interrumpido la misa y con la botija del agua bendita trataba de hacer lo mismo que León Maria pretendía con los cartones viejos. Al fin ninguno de los dos pudo hacer algo porque don Carlos Materón, más previsivo, había roto el hidrante que le pusieron en la esquina y todos los de la misa que habían salido atraídos por el quejido lastimero aventaron el agua con las manos al achicharrado cuerpo de Yolanda Arbeláez.

El padre Ocampo le dio las últimas bendiciones y en una de las bancas de la iglesia, envuelta en las sábanas de la casa cural, acabó de gemir la última victima de la matanza de La Esmeralda, donde murieron no solamente sus padres y sus tres hermanos mayores, sino cinco de los peones, cuarenta y nueve gallinas, dos vacas y un perro. León Maria se quedó mirándola morir y cuando vio que ella ya no gemía y que de su carne y de su pelo sólo quedaba una masa informe y que de la mula apenas si se veían pedazos de carne viva, volvió a la librería, se sentó en la silla de don Marcial y esperó el momento en que el ataque de asma le empezara. así era siempre que tenia una dificultad. Comenzaba a silbar con sus pulmones, a caminar enloquecido por la casa, a abrir desproporcionadamente la boca y a esperar el momento en que ese desafío de la vida terminara.

La mañana del domingo de la muerte de Yolanda Arbeláez le duró más de lo previsto porque cuando don Marcial volvió y lo encontró con los brazos en cruz caminando por entre pasadizos de libros, él todavía silbaba sin querer, espantando hasta las polillas de sus más recónditos escondrijos entre las pastas de los libros de la colección Bruguera. Fue después de ese ataque que él empezó a usar el fuelle de cuero para cada ocasión que lo necesitaba. Se lo regaló don Marcial, conmovido del espectáculo que su empleado le representaba con los brazos abiertos buscando un aire que no parecía llegarle desde muchas generaciones anteriores. Sin embargo, no lo cargó nunca entre sus cosas, sino que lo mantuvo encima de la repisa de su casa, primero donde misiá Obdulia, donde vivió hasta que conoció a Maria Luisa de La Espada y después en la que tenia en la entrada de su casa en seguida de los salesianos. Como el ataque no le daba sin antes anunciarse con una depresión en lo profundo del pecho, un vacío de vida y un deseo de muerte, no tuvo necesidad ni de cargarlo ni de tenerlo en su puesto de quesos de las galerías, a donde llegó por los días en que misiá Obdulia se quedó viuda y él tuvo no sólo que ayudar a enterrar a su ciego, sino tomarse la responsabilidad que aun desde su silla de impedido para la visión siempre llevó el contador de los ferrocarriles.

No alcanzó a trabajar siete años con don Marcial, mucho menos a leerse cuatro libros en todo ese tiempo porque a don Benito también le llegó la hora. Una mañana llegó a su casa antes de las doce (hora exacta en que siempre iba llegando con el periódico bajo el brazo a sentarse en la silla al lado de su padre para leerle en voz alta lo que el viejo ya no podía), sintiendo el vacío de muerte que le anunciaba el próximo ataque de asma. Fue la primera y única vez que lo confundió. Cuando llegó dispuesto a pararse en medio del patio a echarse viento con el fuelle, se encontró con que el vacío de muerte que había sentido era el mismo que su padre vivía. Misiá Obdulia no había llegado todavía de coser en casa de una de sus clientas y aun cuando ya la habían mandado llamar, su marido ciego boqueaba solo en la silla donde, ajeno quizás al transcurrir de la vida, había pasado sus últimos seis años de redención terrena. León Maria lo pasó como pudo hasta la cama, mandó llamar al padre González y él mismo empezó a recitar en el oído de su padre las oraciones de la buena muerte. Su voz gangosa que retumbó en Tuluá por muchísimos años desde el puesto fijo del Happy Bar que tomó como cuartel general de sus andanzas, se oyó ese mediodía en toda la casa de don Benito Lozano. Cuando mis ojos oscurecidos y aterrados por la cercanía de la muerte dirijan a Vos sus miradas lánguidas y moribundas, Jesús misericordioso, tened piedad de mi. Misiá Obdulia rezaba los mil Jesuses y Josefina Jaramillo quemaba ramos benditos en el patio. A las dos de la tarde sin emitir un quejido en su agonía y apenas tratando de abrir inútilmente sus ojos cerrados desde mucho atrás, Benito Lozano, ex-contador de los ferrocarriles, hablando en un murmullo, dejó de sufrir."

Gustavo Álvarez Gardeazábal (Tuluá, 31 de octubre de 1945), escritor, columnista y político colombianoDoctorHonoris Causa en Literatura de la Universidad del Valle.1.con la tesis La novelística de la violencia en Colombia (1970). Álvarez Gardeazábal es abiertamente homosexual.
Reconocido ampliamente por su faceta de escritor, ha publicado 19 libros y más de mil artículos y/o ensayos. Actualmente es comentarista del programa radial La Luciérnaga. Su novela más reconocida es Cóndores no entierran todos los días (1971), en la cual describe la violencia del país en mitad del siglo XX. Ganadora del Premio Manacor, fue llevada al cine por Francisco Norden.

Obras.Piedra Pintada (1965). El Gringo del Cascajero (1968). La Boba y el Buda (1972, Ganadora del Premio Ciudad de Salamanca). Dabeiba (1973). El Bazar de los Idiotas (1974). Los Míos. El Titiritero. Pepe Botellas. El Divino (1986). El Último Gamonal (1987). Los Sordos ya no Hablan (1991). El Prisionero de la Esperanza. Entre la Verdad y la Mentira. Comandante Paraíso. Las Mujeres de la Muerte. Cóndores no entierran todos los días (1971). Manual de critica literaria. La resurrección de los malditos (2007, publicada inicialmente en Internet)

Su obra está referida a los temas de la violencia en Colombia, el fetichismo de la religión, la corrupción de los gamonales o caciques y en general al conflicto social. La estructura moderna de la novela y el lenguaje depurado le han ganado amplia aceptación

Su obra está referida a los temas de la violencia en Colombia, el fetichismo de la religión, la corrupción de los gamonales o caciques y en general al conflicto social. La estructura moderna de la novela y el lenguaje depurado le han ganado amplia aceptación. En 1988 alcanzó la alcaldía popular de su pueblo natal Tuluá con apoyo de todos los partidos y fuerzas sociales. En 1997 fue elegido gobernador del departamento del Valle del Cauca con amplio respaldo popular.

En el año de 1978 incursionó en el ámbito político siendo elegido Concejal de Cali y posteriormente Diputado a la Asamblea del Valle. En 1988 es elegido como primer alcalde popular de Tuluá, cargo que ejerció hasta 1990 cuando se presentó como candidato a la Asamblea Nacional Constituyente, pero no fue elegido. Posteriormente, en 1992 fue elegido nuevamente Alcalde de Tuluá, desde donde creó gran controversia al manifestar su desacuerdo a la ocupación por parte de la armada estadounidense del muelle de Juanchaco, en el municipio de Buenaventura.

En 1997 fue elegido Gobernador del Valle del Cauca para el periodo 1998-2000, con una amplia ventaja sobre su más cercano contendor, el ex Gobernador Carlos Holguín Sardi.

En el año de 1999 fue acusado de enriquecimiento ilícito por haber vendido en el año de 1992 una escultura por el valor de siete millones de pesos a quien resultó ser un testaferro de un narcotraficante. Fue hallado culpable y condenado a seis años y seis meses de prisión, lo que lo obligó a dimitir como Gobernador y pagar la condena. Álvarez Gardeazábal se refirió a su caso como "Orquestado por la campaña presidencial de Horacio Serpa y la Embajada Estadounidense".2 3

Tras cumplir la pena de prisión, Gardeazábal continuó escribiendo artículos y ensayos, a la vez que escribe columnas en diferentes periódicos y participa en el programa radial La Luciérnaga de Caracol Radio.

El 23 de abril de 2009 alrededor del medio día, fue asaltado en su vivienda por un grupo de seis personas armadas, quienes lo intimidaron y sólo se llevaron sus dos computadores personales. Alrededor del hecho se desató una gran controversia por la presunta participación del ejército nacional, al ser descubierto un vehículo de esta entidad parqueado cerca de la residencia al momento del asalto.4 Estas sindicaciones cobran importancia, debido al papel de crítica y opinión que ejerce el escritor a través del espacio radial de La Luciérnaga.

Como Licenciado en Letras de la Universidad del Valle su alma máter le concedió el título de DoctorHonoris Causa en Literatura, el 14 de mayo de 2011, en una ceremonia llevada a cabo en la ciudad de Buga.5

Foto: Internet. Semblanza biográfica: Wikipedia.Fragmento:quedelibros.com

Minicuentos 24


Corrección cinematográfica

René Avilés Fabila

Cuando el aterrado público esperaba ver al inmenso King-Kong tomar entre sus manazas a la hermosa Fay Wray, el gorila con paso firme salió de la pantalla, y pisoteando gente que no atinaba a ponerse a salvo, buscó por las calles neoyorquinas hasta que por fin dio con una película de Tarzán. Sin titubeos –y sin comprar boleto-, con toda fiereza, destrozando butacas y matando espectadores, se introdujo en el filme y una vez dentro, ansiosamente buscó su verdadero amor: Chita.

Tabú

Enrique Anderson Imbert

El ángel de la guarda le susurró a Fabián, por detrás del hombro:
-¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.
-¿Zangolotino? – Pregunta Fabián azorado.
Y muere.

El Otro Yo

Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos en la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo, menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo ante sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico y, debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó, el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Éste no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero en seguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Ecosistema

José María Merino

El día de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un bonsái y un libro de instrucciones para cuidarlo. Coloqué el bonsái en la galería, con los demás tiestos, y conseguí que floreciese. En otoño aparecieron entre la tierra unos diminutos insectos blancos, pero no parecían perjudicar al bonsái. En primavera, una mañana, a la hora de regar, me pareció vislumbrar algo que revoloteaba entre las hojitas. Con paciencia y una lupa, acabé descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo el bonsái se llenó de pájaros que se alimentaban de los insectos. A finales de verano, escondida entre las raíces del bonsái, encontré una mujercita desnuda. Espiándola con sigilo, supe que comía los huevos de los nidos. Ahora vivo con ella, y hemos ideado el modo de cazar a los pájaros. Al parecer, nadie en casa sabe donde estoy. Mi sobrina, muy triste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje al desaparecido. En uno de los otros tiestos, a lo lejos, hoy me ha parecido ver la figura de un mamut.

Visión de reojo

Luisa Valenzuela

La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó delante de una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignore lo que su izquierda hace o. Traté de correrme al interior del coche –porque una cosa es justificar y otra muy distinta dejarse manosear- pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. Él también. Pasamos frente a otra iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la mano a la cara sólo para secarse el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome la disimulada, no fuera a creer que me estaba gustando. Imposible correrme y eso que me sacudía. Decidí entonces tomarme la revancha y a mi vez le planté la mano en el culo a él. Pocas cuadras después una oleada de gente me sacó de su lado a empujones. Los que bajaban me arrancaron del colectivo y ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. Parecía cariñoso. Y muy desprendido.

La salvación

Adolfo Bioy Casares

Ésta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo –sin duda estaba pensando el tirano- es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?" Entonces un pájaro que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor descubrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean –dijo indicando al pájaro-, hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros."

La partida

Franz Kafka

Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
-¿Hacia dónde cabalga el señor?
-No lo sé –respondí-. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.
-¿Conoce, pues, su meta?- preguntó él.
-Sí –contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, esa es mi meta.

El desterrado

Ramón Gómez de la Serna

¿A qué le podían condenar después de todo? A destierro. Valiente cosa. Cumpliría la pena alegremente en un país extranjero en que viviría una nueva vida y recordaría con un largo placer su ciudad y su vida pasada.
En efecto, la sentencia fue el destierro. ¡Pero qué destierro! El tribunal, amigo de aquel hombre autoritario y de inmenso poder a quien él había insultado, queriendo venderle el favor, y ya que no podía sentenciarle a muerte, le desterró a más kilómetros que los que tiene el mundo recorrido en redondo, aunque se encoja, para alargar más la medida, el diámetro que pasa por las más altas montañas. ¿Qué quería hacer con él el tribunal, sentenciándole a un destierro que no podía cumplir?
¡Ah! El tribunal, para agasajar al poderoso ofendido, había encontrado la fórmula de castigarle a muerte, por un delito que no podía merecer esa pena de ningún modo. Había encontrado la manera de ahorcar a aquel hombre, porque no habiendo extensión bastante a lo largo de este mundo para que cumpliese el sentenciado su destierro, habría que enviarle al otro para que ganase distancia.
Y le ahorcaron.