
Este 2009 está siendo el año prodigioso de la literatura mexicana. Al menos, visto desde el otro lado del charco. Varios indicios nos conducen a semejante conclusión. Primero: hace tan sólo quince días cerró sus puertas el Salón del Libro de París, uno de los más importantes de Europa, con México como país invitado... y batiendo récords de asistencia de público - 198.150 personas, un 20% más que el año anterior-. Segundo: las editoriales españolas - especialmente las de Barcelona, como Anagrama o Mondadori- se han lanzado a publicar autores mexicanos (lo que representa el paso previo para que lleguen a las editoriales latinoamericanas), y en los últimos meses han coincidido varias novedades que dan, en las librerías, una sensación de opulencia (es más: varias de esas editoriales han abierto ya sus sedes en el DF e imprimen allí los ejemplares destinados al mercado local, como Anagrama o Tusquets). Y tercero: el contenido de estas novelas muestra unos argumentos frescos, de autores a menudo treintañeros, que se atreven a experimentar, y cuyo ritmo conecta con un lector joven, que empatiza con unas realidades a veces frenéticas y aceleradas - no muy lejanas al cine de González Iñárritu-, o con unas exploraciones de la soledad contemporánea que recuerdan a un Murakami pasado por salsa picante. Seguir artículo http://cafedelosaboresbibliofilos.blogspot.com/