lunes, 5 de enero de 2015

Cierren sus ojos y vean con mi voz

Crónica de fomento a la lectura en las regiones

 
Usuarios campesinos, interesados en leer en voz alta en la biblioteca de Sotaquirá, Boyacá, Colombia./Paula Castellanos Cuervo./periodicoeldiario.com

Un grupo de campesinos que forman parte del programa de Educación para Adultos del municipio de Sotaquirá, Boyacá, llega a la biblioteca para la capacitación en lectura en voz alta.
Su llegada, muchos minutos después de la hora pactada, hace pensar a la joven bibliotecaria, Katherine Fuquen, que tal vez se atemorizaron frente a la idea de que los íbamos a poner a leer y no vendrían. Tomo sus palabras como advertencia pero llegan, son 11 en total: 3 hombres y 8 mujeres de edades y rostros diversos. 
Con Katherine dispusimos el espacio de tal manera que en cada silla hubiera un libro, en su mayoría revistas y cuentos infantiles, exhibimos otros libros de las diversas colecciones de la biblioteca sobre el mesón donde se ubica la bibliotecaria y dejamos en la pantalla del computador una imagen sobre nuestra Estrategia. Y fueron llegando y se fueron ubicando, tomaron los libros en sus manos; algunos los abrieron, otros no, alguno los indagaron, otros no, algunos no quitaron sus ojos de las páginas hasta que di el saludo de bienvenida pero ninguno dejó el libro de lado, curioso, un libro en cada par de manos, manos llenas…
Siempre hay nerviosismo mientras se conoce al grupo, mientras se genera esa confianza necesaria para compartir un texto, confianza que se revela en una tímida sonrisa que se va haciendo real en esos rostros que empiezo a reconocer. Para entrar en diálogo, la primera lectura que hago es la del cuento “Ahora no, Bernarndo” de David Mckee y es ahí cuando dejo de ser yo y me convierto en palabra viva y  ellos en ojos fijos sobre las páginas del libro y en sonrisas que creceny. La magia se posa sobre nosotros, un grupo de adultos que se mira unos a otros y ya no les importa mostrar una amplia sonrisa. Cuando termino de leer veo que algunos abren sus ojos con sorpresa como indagando en su interior y es ahí cuando el diálogo se posibilita y son ellos quienes reflexionan y comparten sus sucintas opiniones: “no les ponemos atención a nuestros hijos”, “siempre estamos ocupados”.
Cuando les pregunto si alguien les había leído un cuento antes y me dicen que no, que sólo lo del colegio, pienso de inmediato en leerles más porque quiero ver de nuevo sus sonrisas, quiero llevarlos a ese espacio del sonido y la imaginación, quiero propiciar una emoción inusual en este día donde tengo el privilegio de ser puente y camino. Sigo con la lectura en voz alta, les pido que cierren sus ojos y vean con mi voz, aceptan y así me permiten guiarlos esta vez por las páginas iniciales del cuento “Un señor muy viejo con unas alas enormes” de Gabriel García Márquez pensando en que la descripción del personaje les traerán muchas imágenes. Cuando me quedo en silencio ellos todavía dejan sus ojos cerrados por un momento más. Alguien dice que no cree que el señor muy viejo sea un ángel y ahora no sólo la magia sino el cuento vuela sobre nosotros.
Antes de finalizar nuestro encuentro una de las asistentes se anima a leer para los otros, con evidente nerviosismo y emoción nos dice que nunca lo ha hecho antes pero que hoy le dieron ganas de hacerlo. Algo pasó en ella, seguramente la magia la atravesó porque finalmente a todos nos gusta que nos cuenten historias y no importa si lo descubrimos cuando ya somos adultos.
Paula Castellanos Cuervo / Promotora de lectura regional