viernes, 28 de marzo de 2014

Geopolítica de un premio literario

El territorio de la Novela:La imaginación

Cuarto y último día de la semana de celebraciones literarias que rodean al Primer Premio de Novela Mario Vargas Llosa: mesas redondas, fotografías de Mordzinski, bailes en la noche de Barranco, dos finalistas de cuerpo presente, Juan Bonilla y Juan Gabriel Vásquez y uno más ausente, Rafael Chirbes. Todo eso y una frase muy atractiva que va de oído en oído: el premio que lleva el nombre del nobel peruano ha nacido como una alternativa liberal al Premio de Novela Rómulo Gallegos, el gran premio latinoamericano de ficción  de siempre

Mario Vargas Llosa en Lima./elmundo.es
La tesis consiste en asumir que el Rómulo Gallegos ha sido 'secuestrado' por el Gobierno venezolano (el país en el que se organiza el premio), que condiciona el fallo en función de sus intereses. No es una idea nueva. Desde 2005, el año en el que 'El vano ayer' del español Isaac Rosa ganó el Rómulo, hay denuncias por la politización del jurado. La paradoja es que el Rómulo Gallegos había nacido como un contrapeso de la influencia cubana en la cultura latinoamericana; o sea, lo contrario.
¿Algo de eso hay? "Claro que lo hay, sin ningún complejo", contesta el director de la Cátedra Mario Vargas Llosa, Juancho Armas Marcelo, el anfitrión, junto a Vargas Llosa, de estos días en Lima. "Fíjese que así lo han entendido los venezolanos; hoy me han llamado de dos emisoras venezolanas para preguntarme por el premio".
Si es así, el nombre está bien escogido, porque no tenemos en el mundo hispano otro santo liberal como Mario Vargas Llosa, de nuevo presente en la actualidad política peruana. Hace dos años justos, cuando Perú elegía a su nuevo presidente la República, Vargas Llosa anunció que apoyaba al entonces candidato Ollanta Humala, por delante de Keiko Fujimori, la representante natural de la burguesía, pero también la heredera de los años de infamia fujimoristas. Aquel apoyo fue una sorpresa para todos los que ubicábamos a Humala en las afueras del chavismo.
Cuarenta y tantos meses después, Humala y Vargas Llosa están aún más unidos. "Mario se ha convertido en la voz que susurra a Humala al oído", explicaba estos días un representante de la delegación del Gobierno español que ha aprovechado el premio para tratar con sus pares peruanos. Los periodistas españoles que estos días ojeamos los periódicos peruanos asistimos a la última prueba de esa inesperada asociación. En resumen: el ex presidente Alan García, viejo enemigo de Vargas Llosa, acusó a Humala de nepotismo y cargó contra Nadine Heredia, la mujer del presidente. Inmediatamente, Vargas Llosa le afeó sus palabras.
Hace dos años, también, cuando Humala llamaba a las puertas de la presidencia de la República, no era difícil escuchar a los hombres de negocios de los barrios blancos de Lima presagiar un exilio económico como el de los venezolanos que huyeron del chavismo. Recordarlo suena a broma, hoy. La economía de Perú sigue creciendo a toda velocidad gracias a su papel como proveedor de minerales para China y Humala dirige una política completamente liberal. "En la cultura de este país está la desconfianza en el Estado, porque del Estado no ha venido casi nada bueno durante la historia", comentaba estos días el escritor peruano Santiago Roncagliolo.
Vargas Llosa, además de susurrar al presidente Humala, entregará esta tarde (madrugada de España) el premio. Los contendientes, para que nadie se escandalicen, no tienen ningún sesgo político. 'En la orilla' de Chirbes (Anagrama) podría ser la novela de cabecera de cualquier manifestante del pasado 22M. 'Prohibido entrar sin pantalones', de Bonilla (Seis Barral), retrata a un héroe soviético, Vladimir Maiakovski, en su grandeza y en su miseria (también políticas). 'Las reputaciones', de Juan Gabriel Vásquez en cambio, habla de políticos pero no tiene gran chicha politica.