lunes, 17 de marzo de 2014

El enigma de la tumba de Allan Poe

Cada 19 de enero durante siete décadas, entre la medianoche y las cinco de la mañana, un hombre con abrigo largo y un bastón de empuñadura dorada dejaba tres rosas y una botella de coñac a la mitad junto a la tumba de Edgar Allan Poe en Baltimore

Tumba del escritor Edgar Allan Poe en Baltimore. /María Ramírez./elmundo.es
Los pocos que lo vieron de lejos en ese cementerio de una antigua iglesia dicen que se tapaba la cara con un sombrero y una bufanda blanca.
Hace cinco años desapareció. Su rito coincidía con el día del nacimiento del escritor. Su nombre sigue siendo todavía un misterio. La única persona que dijo saber la identidad del visitante murió sin revelar el secreto.
En 1983, el ex director de la casa Museo de Poe en Baltimore, Jeff Jerome, empezó a organizar discretas vigilias para acompañar al visitante misterioso y demostrar que no era él. El grupo esperaba, pero no se acercaba al hombre. «Lo observaban, pero no querían intimidarlo, mantenían la distancia. Creo que el ex director de la casa sabe más de lo que dice. Pero el visitante también hizo un gran esfuerzo por ocultarse. Es un misterio maravilloso que se añade al misterio de Poe», explica a EL MUNDO Kristen Harbeson, la presidenta de Poe Baltimore, una organización sin ánimo de lucro creada para salvar la casa del escritor en la ciudad.
Alexander Rose, profesor de Literatura y presidente de la Poe Society, se empezó a interesar por el último enigma de Poe en los años 60, si bien los feligreses de la iglesia recuerdan haber oído hablar de la aparición de las flores y el coñac desde los años 30. Rose murió en 1995 y en público sólo sugirió que el hombre del cementerio no era una sola persona. En 1993, el visitante dijo en una nota que pasaría «la antorcha» a «un hijo».
El hijo de Rose cuenta ahora a este diario que varias personas le comentaron que su padre era el guardián del secreto. «Es muy posible que tuviera información privilegiada porque estaba profundamente involucrado en todas las cosas de Poe», explica John Rose, entre cuyos recuerdos infantiles están las botellas de coñac recuperadas del cementerio. A su padre, también conocido como Mr. Poe, le gustaban los misterios. Cuando John estaba estudiando su doctorado de Filosofía, su padre lo puso en el consejo de la Poe Society con el puesto de «metafísico» sin decirle nada al chico para ver cuánto tardaba en descubrirlo. «Me costó dos años. Es un cargo que todavía tengo», dice Rose hijo.
La última visita del seguidor de Edgar Allan Poe a su tumba fue en 2009, año del bicentenario del nacimiento del escritor. Los fieles han dado por terminado el rito y saben distinguir a los impostores.
El auténtico tenía una triquiñuela aún secreta para entrar en el cementerio cerrado de noche y tocaba de una forma particular el cenotafio donde originalmente se enterró el cuerpo de Poe (y donde, según algunos, todavía sigue pese a que la lápida está ahora unos metros más allá). A veces, dejaba una nota. En 2004, durante la guerra de Irak, hizo una referencia contra «el coñac francés» que sublevó a los seguidores de Poe, temerosos de que el hijo no estuviera cumpliendo bien con la misión.

Perpetuar mitos

A los más apasionados, el rito del coñac les molestaba. «Eso sirvió para perpetuar algunos mitos. Ya es una puerta cerrada, pero este enigma no era tan importante», explica a EL MUNDO George Figgs, actor, escritor, pintor y músico obsesionado con Poe desde que con nueve años leyó 'El cuervo'.
El gran misterio al que Figgs le ha dedicado 20 años de investigación es la muerte de Edgar Allan Poe, que apareció en una calle de Baltimore delirando y con la ropa de otra persona después de días en paradero desconocido. Ni siquiera tenía que estar en Baltimore, donde ya no vivía. Iba en tren de Richmond a Nueva York, de vuelta a su casa después de un tour en busca de dinero y apoyo para una nueva revista literaria que quería lanzar, The Stylus.
Nadie sabe por qué Poe paró en Baltimore ni qué hizo exactamente entre el 27 de septiembre y el 3 de octubre de 1849, cuando fue encontrado con apariencia de estar drogado o borracho. Murió el 7 de octubre con 40 años en un hospital donde no pudo explicar qué había sucedido esos días. No hay certificado de defunción, pero se ha especulado con que fue víctima de diabetes, tumores, rabia, sífilis o sobredosis de tranquilizantes.
Cottage de Edgar Allan Poe en el Bronx de Nueva York./María Ramírez
 
Figgs está convencido de que el culpable de la muerte de Poe fue Rufus Griswold, periodista, crítico literario y rival que consiguió quedarse con los derechos de las obras de su enemigo y escribió la primera e influyente biografía sobre él describiéndolo como un borracho inestable. Según Figgs, Griswold «y sus cómplices» entregaron a Poe a un grupo de timadores electorales en una treta habitual entonces que consistía en drogar a la víctima y disfrazarla para que votara varias veces. Aquel 3 de octubre se celebraban unos disputados comicios locales.
George Figgs asegura haber descubierto una carta que prueba los planes de Rufus Griswold, quien después se encargó también de apuntalar la mala imagen de Allan Poe en la prensa sensacionalista. «Fue un escándalo. Difamación pura. Mintieron diciendo que Poe era un alcohólico, pero los que controlaban la prensa eran sus enemigos», explica Figgs que, como muchos seguidores de Poe, asegura que el escritor no era un bebedor disoluto, sino que tenía alergia al alcohol. «Una sola copa en él podía tener el efecto de cinco o seis en otra persona», dice Figgs, que ha escrito un guión para cine y teatro sobre lo que él considera un asesinato.
Sus seguidores defienden a Poe con una pasión que puede llegar al enfado. La misma intensidad con que varias ciudades compiten por identificarse con el autor. Poe nació en Boston, se crió en Richmond, decía que era de Baltimore, pasó por Filadelfia y triunfó en Nueva York, donde vivió en el sur de Manhattan y en una casita de madera en el Bronx rodeado de ovejas. Se batalla por quién tiene más huellas de Poe y quién entendió mejor su alma.
«Baltimore es el primer sitio donde se sintió en casa. Aquí conoció a su mujer», defiende la historiadora Harbeson. «Aquí tenemos su cuerpo, su casa más antigua. Baltimore está muy orgullosa de su legado. ¡Ha llamado Los cuervos a su equipo de fútbol!... Cuando hablo de Poe utilizo las mismas palabras que cuando describo Baltimore: cruda, oscura, inesperada; no todo el mundo la ama, pero quien la ama lo hace de verdad. Imperfecta, pero maravillosa».
Nueva York también ha sido muy activa reclamando su relación con el escritor. «El del Bronx es el museo Poe más antiguo de América. En Richmond, se hizo otro en los años 20, pero fue después y no era en la casa donde vivió Poe», rebate Neil Ralley, ilustrador y guía de la casa que hoy se conserva en un parque en el centro del Bronx bautizado con el nombre del autor.

Pobre de verdad

El lugar es también el único edificio que queda del antiguo pueblo de Fordham y una de las pocas casas pobres del Nueva York de aquella época. «Lo demás son todo mansiones donde vivían los ricos... Pero Poe era pobre, pobre de verdad», explica Ralley a pocos pasos de la cama donde murió de tuberculosis la mujer del escritor, Virginia, una prima segunda que Poe había desposado cuando ella tenía 13 años y él 27.
El escritor pagaba 100 dólares al año por la casa de habitaciones minúsculas y construida con techos bajos para ahorrar madera y recursos para calentarla. Escribía artículos sin parar para lograr ese dinero, una fortuna para él. Por El cuervo cobró ocho dólares. Por el poema Annabel Lee, cinco, incluso cuando ya era famoso.
En el Bronx escribió sus mejores obras. Sus paseos nocturnos por un puente cercano le inspiraron. La Universidad de Fordham tiene guardada en una caja fuerte la campana de su college original que Poe escuchaba cuando, atormentado por la muerte de su mujer, escribió Las campanas, su último poema: «The ringing of the bells, bells, bells... Keeping time, time, time».
El origen de Batman
En 1939, Bob Kane y Bill Finger, dos veinteañeros que dibujaban cómics, pasaban horas debatiendo ideas en un banco enfrente de la casa de Edgar Allan Poe en el Bronx. El parque que la rodea estaba cerca del estudio donde trabajaban y del piso de Finger, que se había criado en el barrio. Allí empezaron a imaginar un superhéroe enmascarado de pasado trágico, capa negra y alma de pájaro, tal vez de cuervo en honor a Poe. El cuervo se convirtió después en un murciélago llamado Batman. Los cuentos oscuros del escritor también ayudaron a los jóvenes para caracterizar al malvado Joker, obra del tercer colaborador, Jerry Robinson, que también se mudó al Bronx, a la avenida donde está la casa de Poe, Grand Concourse. Décadas después, Poe aparecería como actor invitado para ayudar al superhéroe a resolver asesinatos en la serie Batman: Nevermore. Marc Tyler Nobleman, autor de un libro sobre la creación de Batman, explica a este diario que Kane y Finger iban a menudo al parque del escritor «a hacer tormenta de ideas para las historietas de Batman». Después, volvían al estudio o al piso de Finger para escribir y dibujar. El primer boceto se creó en un fin de semana, «probablemente en el apartamento de Bill... No sería fácil dibujar o escribir a máquina en el Parque Poe». Nobleman ha emprendido una campaña para instalar junto a la casa de Poe un símbolo dedicado a Finger. Kane se quedó con la autoría de Batman mientras Finger fue apartado pese a haber escrito gran parte de las historietas las primeras dos décadas. Murió pobre, sin funeral ni obituario a los 59 años. Kane reconoció su labor en una autobiografía años después.