viernes, 4 de abril de 2014

La cultura como arma para salir de la barbarie

 El nobel chino Gao Xingjian abre el segundo ciclo del festival Gutunzuria en Bilbao, bajo el lema Relatos de la frontera. Mañana llega el nobel turco Orhan Pamuk

El Nobel de literatura chino Gao Xingjian, en la Alhóndiga, de Bilbao. /Fernando Domingo-Aldama./elpais.com
La práctica de la cultura ayuda a salir de la barbarie, la creación no tiene ni entiende de fronteras y el arte debe ayudar a despertar las conciencias. Estas son tres de las ideas que recalcaron Gao Xingjian, el artista y Nobel de literatura chino, y Sergio González Rodríguez, periodista y escritor mexicano en la primera jornada del segundo ciclo del VII Festival Internacional de las Letras de Bilbao, Gutunzuria, en la Alhóndiga, del 3 al 6 de abril.
Una cita literaria que en esta edición tiene como tema Relatos de la frontera. Al Nobel chino y al autor mexicano los acompañarán estos días otro Nobel, el turco Orhan Pamuk, y los españoles Juan Goytisolo y Ramón Saizarbitoria. Son el relevo a los autores del pasado fin de semana encabezados por la nobel rumano-alemana Herta Müller y el italiano Claudio Magris.
El mundo es la ciudadanía de la creación. Esa es la idea que se ha confirmado este año y de la que Gao Xingjian (Pinyin, 1940) es un gran ejemplo, tanto en lo personal como en lo creativo. Él mismo ha borrado las fronteras de las artes al ser pintor, narrador, dramaturgo, traductor, crítico y, ahora, director de cine, cuyo debut se titula El duelo de la belleza. Exiliado en París desde 1987, y ya con la ciudadanía francesa, recurrió a esa vía en vista de la censura de la cultura y de su obra, en particular, en su país. “Diferenciar todas esas actividades u oficios no tiene sentido en mi caso. No me lo planteo”, dice el autor, que, en cambio, reconoce buscar la perfección en cada una de ellas.
La experiencia personal y artística lo lleva a insistir, desde hace varios años, en que el mejor arte y la buena literatura van más allá de países y épocas; y que la condición humana, con sus debilidades y fortalezas, no mira la nacionalidad del autor. “Mi trabajo supera la frontera y la cultura”, afirma el artista, y añade que por eso defiende este tipo de arte, y vuelve a remarcar que las fronteras no tienen sentido en la creación y que "a lo que debe aspirar es a lograr un arte comunicable, universal”. Y, siempre que puede, Gao Xingjian deja claro, ante las inevitables preguntas sobre su país, su exilio y la política, que la estética y el arte tienen como único compromiso el arte y la estética.
Sostiene que el mejor arte y la buena literatura van más allá de países y épocas
Tanto es así que ha reconocido que en su creación ya ha pasado la página de China. Lo que tenía que escribir sobre su país ya está escrito. Pasados, nostalgias, sueños o presentes están en libros como La montaña de alma, Fugitivos o El libro de un hombre solo. Su mirada y sus ideas están ahora interesadas en escribir sobre su vida actual, París, Francia, Europa… el mundo: "Me veo como un ciudadano del mundo porque me acogen y me aprecian donde voy y viceversa".
Para Gao Xingjian la vida hay que aceptarla y verla como es. Y lo que la literatura no debe hacer, según él, es juzgarla. No comparte la creación que da lecciones morales o hace juicios políticos. En cambio, sí cree que su papel "es hablar desde el punto de vista de los sentimientos, desde el punto de vista de la estética". Por eso su idea de que, si bien es cierto que el arte no puede salvar el mundo, parte de su función es la de ayudar a despertar la conciencia de la gente.
La literatura como elemento de denuncia es la línea de Sergio González Rodríguez. Una filosofía que le ha costado al investigador mexicano muchos infortunios al haber sido secuestrado, amenazado de muerte y torturado por denunciar, sobre todo, las muertes y desapariciones de las mujeres de Ciudad Juárez. Parte de una historia atroz recogida en su libro Huesos en el desierto. Para él, “el trabajo intelectual tiene que ser una defensa de la vida”.
En consonancia, González Rodríguez está convencido que la comprensión y el diálogo son un principio de civilización. Aunque admite y denuncia que "en México no existe un Estado de derecho como tal porque con el alto índice de delitos e impunidad no es posible hablar de eso".