martes, 10 de junio de 2014

La Feria del Libro de Madrid rinde homenaje a García Márquez

La cita del Retiro pasa su ecuador temerosa por la caída general de ventas

Marina Rodríguez Martínez, la primera lectora de  Cien años de soledad  en el homenaje a García Márquez, ayer en la Feria del Libro. / Kike Para./elpais.com
En la orilla de la sombra, al borde del sol de las once de la mañana, la voz de la niña suena sin los nervios que había augurado ella misma. Con sus doce años, Marina Rodríguez Martínez se había tomado completamente en serio la misión de inaugurar el homenaje a Gabriel García Márquez con la lectura de Cien años de soledad,en la jaima de la 73ª Feria del Libro de Madrid Ella, que es una buena lectora, no lo había leído, pero sabía que a sus padres les gustaba mucho. Así es que cuando el miércoles su papá le preguntó si le apetecería empezar la lectura el domingo 8 de junio Marina no lo dudó. Y eso que al día siguiente, jueves, tenía examen en el colegio. Pero desde esa tarde empezó a leer la novela y a repasar muchas veces las casi dos páginas que le correspondían.
Llega la cita del domingo. Ella aparece media hora antes. Está ahí porque alguien de la editorial de García Márquez, Penguin Random House, conoce a sus padres y sabe que a ella le encanta leer. A las once y dos minutos su voz corre clara y segura, detrás del atril, hasta donde entra el sol:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava…”.
La niña no ha terminado de leer toda la novela, pero dice que le gustan todas las aventuras que hay ahí, sobre todo por las historias que ella se imagina a partir de episodios narrados por el escritor colombiano (Aracataca, 1927-México DF, 2014). Marina termina de leer y continúa la escritora Julia Navarro. Tras ellas más lectores espontáneos que pasan por allí y se ponen en la fila. “¡Quiero leerlo, quiero leerlo! ¡Y en voz alta!”, exclama María José Ortiz, una educadora. Unos quince minutos después lee:
“El niño perplejo en la puerta, dijo: ‘Se va a caer’. La olla estaba bien puesta en el centro de la mesa, pero tan pronto el niño hizo el anuncio, inició un movimiento irrevocable hacia el borde…”.
Querido Gabo, estés donde estés sigue mostrándonos el entresijo de los sentimientos humanos aunque algunas veces mintamos por necesidad"
Y así todo el día. Niños, jóvenes y adultos, un lector tras otro, para luego dejar la dedicatoria en el libro de condolencias, por el fallecimiento de García Márquez el pasado 17 de abril. Madrid lo recuerda con mensajes que dicen: “Querido Gabo, estés donde estés sigue mostrándonos el entresijo de los sentimientos humanos aunque algunas veces mintamos por necesidad”. O: “Con 8 años Rebeca, mi hija, leyó la primera página de Cien años de soledad, a cambio ganó un regalo”. O: "No existen palabras en que pueda dejar reflejado mi más sincero agradecimiento por iniciarme a amar la lectura". O: "Señor García Márquez, donde esté sé siempre feliz".
Un homenaje en el ecuador de la cita editorial, literaria y comercial más importante de España, hasta donde siguen peregrinando escritores de medio mundo al encuentro con sus lectores. Este año con mucha presencia de autores en otros idiomas que revolucionan la feria con un efecto parecido al de uno de los pasajes que han leído de Cien años de soledad:
“Cuando volvieron los gitanos, Úrsula había predispuesto contra ellos a toda la población. Pero la curiosidad pudo más que el temor (…). Eran gitanos nuevos. Hombres y mujeres jóvenes que solo conocían su propia lengua (…). En un instante transformaron la aldea”.
Esos gitanos literarios de la feria han enriquecido esta edición al llamarse Neil Gaiman, Anna Gavalda, John Connolly, Cornelia Funke, Mari Jungstedt, Maha Akhtar, Guillaume Long, Federico Moccia, Nathan Filer, Rébeca Dautreumer, Ben Brooks… Y así hasta una veintena de autores de medio mundo que pasarán por el Parque del Retiro en sus 17 días de feria. Ellos enriquecen el catálogo de títulos en España. Un lujo. Porque el porcentaje de traducciones oscila entre el 12 y el 14%, una cifra alta comparada con países como Estados Unidos donde apenas es del 4%. A ellos se suman los escritores latinoamericanos que han pasado por aquí para recordar la diversidad del idioma español con nombres como los argentinos Eduardo Sacheri y Andrés Neuman, el peruano Santiago Roncagliolo, el chileno Rafael Gumucio, el colombiano Jorge Franco, los cubanos Leonardo Padura y Ronaldo Menéndez…
Entre ellos y, sobre todo, los anfitriones, han hecho que en mitad de la cita madrileña las ilusiones se mantengan, y los nervios estén aplacados. Este año, más que nunca, coinciden libreros, editores y autores, la cita madrileña va a ser la salvación del sector (normalmente representa el 20% de las ventas anuales). Sin cifras oficiales de ventas, los diez días que llevan han sido buenos. Hasta mediados de la semana pasada se habían repartido más de 100.000 bolsas de la feria donde la gente lleva el libro comprado. Aunque las cifras generales del sector del año pasado no se han revelado, y las del semestre apenas se comentan, todo indica que siguen en el borde del despeñadero. Desde 2008, año del comienzo de la crisis económica, hasta el año pasado el descenso podría estar ya en el 40%, y las últimas cifras asoman tenebrosas. Muchos temen que se haya llegado al 50% de caída. Todos conjuran un destino como el de Macondo, ciudad de los espejos y los espejismos, fabula del mundo y de la vida, condenada a Cien años de soledad:
“Como ocurrió durante la peste del insomnio, que Úrsula se dio a recordar por aquellos días, la propia calamidad iba inspirando defensas contra el tedio. (…) Macondo fue un lugar próspero y bien encaminado hasta que lo desordenó y lo corrompió y lo exprimió la compañía bananera…”.
A pesar de los diferentes vientos apocalípticos que se han cernido sobre la industria editorial española, esta sigue aportando el 1% del PIB. Hoy, 502 expositores, de las 364 casetas, están en un oasis en El Retiro. Esperan que el ritmo se mantenga hasta el próximo fin de semana, cuando termina la feria, y confían en que el comienzo del Mundial de Fútbol, el jueves en Brasil, no les quite muchos lectores. Quieren alejar una de las palabras del título de García Márquez, y enseñadas a los niños, como Marina, en el Pabellón Infantil, donde en el libro Emocionario (Palabras Aladas) se lee el significado de Soledad: “Es una ausencia de compañía (…). ¿Es posible sentirse solo estando con gente? Sí. Cuando no puedes contar con las personas. Para vencer la soledad es muy importante la comunicación”.