martes, 9 de julio de 2013

La biblioteca revisitada

A 75 años de haberse inaugurado su sede actual, algo de historia de la Biblioteca Nacional

El edificio de la Biblioteca Nacional estuvo conectado en sus inicios al Parque de La Independencia./eltiempo.com

Al ver a Jacques Mosseri cami­nar por el interior de la Biblio­teca Nacional, luego de que han transcurrido 35 años de que di­rigiera su remodelación en 1977, uno se pregunta qué sentirán los arquitectos al ver sus obras ex­puestas a los elementos, o a las reformas que impone el paso del tiempo. “Una gran nostal­gia”, responde.
El edificio, diseñado por Alberto Wills Fe­rro y edificado entre 1932 y 1938 gracias a las gestiones de Daniel Samper Ortega, cum­ple ahora 75 años. La intervención dirigida por Mosseri, con motivo de los 200 años de la fun­dación de la biblioteca, ocasionó voces de pro­testa entre la comunidad de arquitectos. “Tuvi­mos serias críticas de arquitectos importantes como Fernando Martínez, quien consideró que estábamos desfigurando el criterio original de una biblioteca clásica, al suprimir la sala prin­cipal del corazón del edificio”.
En el diseño original, la biblioteca disponía de una sala de lectura central, coronada por una marquesina y vitrales instalados a 16 me­tros de altura. Para el diseño de la luminosa sala, Wills se inspiró en la biblioteca del Con­greso, en Washington, como en bibliotecas ale­manas. En 1977, la cuadrilla dirigida por Mos­seri encontró “una única sala central dedicada a la lectura rodeada por unos corredores an­gostos e interminables que conducían a las di­ferentes dependencias”. Su equipo entendió que debían abrir ese espacio. El arquitecto Mario Sanabria, quien participó en el proyecto, dijo que “para ese momento, el diseño no era tan ri­guroso en el aprovechamiento y la funcionali­dad de los espacios, y el acceso a las dependen­cias era verdaderamente tortuoso”.
El relato de la Biblioteca Nacional se inicia con el ‘extrañamiento’ de la Compañía de Je­sús el 27 de febrero de 1767. En esa fecha, el rey Carlos III ordena expulsar de sus dominios a los jesuitas y ocupar todos sus bienes, entre los que se identifican 4.182 volúmenes de materias que incluían filosofía, historia, gramática y teo­logía. Ese cuerpo de libros constituye el primer núcleo de la Biblioteca Nacional, según lo re­lata Guillermo Hernández de Alba en su His­toria de la Biblioteca Nacional de Colombia. Luego que la Real Audiencia dictara el regla­mento, fijara el sueldo del bibliotecario y seña­lara el edificio que debía ocupar (el hoy pala­cio San Carlos), la biblioteca es fundada el 9 de enero de 1777. Con el tiempo fue trasladada al actual Museo de Arte Colonial, donde perma­neció hasta 1938 y vio aumentar sus coleccio­nes a partir de la primera ley de Depósito Le­gal, dictada en marzo de 1834.
Mosseri se asoma desde el interior de la bi­blioteca y mira en dirección al Planetario. Su vista se cruza con una plataforma de concreto armado y una serie de vigas en el mismo mate­rial atravesadas sobre la calle 26. El cuadro es incompleto: faltan árboles, faltan personas, falta color. Mosseri confía —como lleva confiando des­de hace 30 años— en que muy pronto se realizará la ampliación del Parque de la Independencia, se conectará el Museo de Arte Moderno y con ello podrá abrirse de nuevo la biblioteca hacia la 26.
Mario Sanabria insiste en que lo más impre­sionante del edificio es la calidad del espacio central, que juzga monumental. Mosseri, por su parte, recorre con sus ojos las ventanas de uno de los patios interiores: “tuvieron que agregar un piso”, dice. Se refiere al entrepiso que se construyó en uno de los depósitos debido a la escasez de espacio, consecuencia na­tural de que la biblioteca recibe el depósito legal que obliga a los edi­tores a enviar dos copias de todo volumen que se publique en el país.
El edificio, diseñado y planificado para satisfacer las necesida­des bibliotecarias durante 100 años, ya no tiene espacio para alma­cenar más libros.
La biblioteca hoy se encarga de coordinar la Red Nacional de Lectura y Bibliotecas, que dirige los esfuerzos en promoción de lectura y servicios bibliotecarios de todas las bibliotecas públicas del país, y adelanta un ambicioso plan de digitalización que ha conseguido llevar a la web cerca de 100 mil documentos que per­tenecen al material bibliográfico y documental atesorado a lo lar­go de su historia.