lunes, 10 de marzo de 2014

Ficciones, de Jorge Luis Borges

Una de las características principales de los cuentos de Borges es que el autor nos invita a complejos ejercicios de imaginación a la vez que nos hace reflexionar sobre problemas metafísicos

Jorge Luis Borges, autor argentino de Ficciones  de aniversario, 1944./librosdelreplicante.blogspot.com
Jorge Luis Borges es uno de los autores más relevantes de la literatura de habla hispana en el siglo XX. Aunque cultivó diferentes géneros, al oír su nombre lo relacionamos rápidamente con la narrativa corta, con los cuentos. Y justamente este año se celebra el aniversario de la publicación de Ficciones (1944). Esta obra, que puede encontrarse en numerosas editoriales, resulta, junto a El Aleph, una de las más influyentes en la narrativa posterior. Hay que recordar, por ejemplo,  que el Boom hispanoamericano (que tanto influyó en la regeneración de la novela de los sesenta en España) bebe de las renovaciones de los relatos cortos anteriores.
Antes de pasar a analizar Ficciones, vamos a realizar un esbozo biográfico del autor. Nace en Buenos Aires en 1899 en el seno de una familia acomodada. Su padre es profesor, de ahí que el niño lea desde muy pronto. Además es bilingüe, incluso aprende antes a leer en inglés que en español, por influencia de su abuela materna, de origen anglosajón. Borges niño es un verdadero prodigio: hacia los seis, afirma que quiere ser escritor; a los siete años, ya escribe su primer texto; a los nueve, traduce El príncipe feliz, de Oscar Wilde; a los diez, publica su primera obra.
A causa de una ceguera casi total, en 1914, el padre ha de jubilarse y la familia viaja a Europa (Italia, Suiza y España). Durante su estancia en la Península Ibérica, entra en contacto con los autores vanguardistas y publica sus primeros poemas. En 1921, vuelve a su país, donde lleva el Ultraísmo. Va a alcanzar renombre muy rápido en Buenos Aires, tanto que Perón pretende bloquearlo. Se cansa del Ultraísmo y comienza a experimentar con otras vanguardias hasta que llega al cuento fantástico o mágico (durante 1930- 1950). Sin embargo, el voraz lector y el gran escritor es atacado por la ceguera en el 56. Pide ayuda a su madre y amigos (en especial a Casares) a quienes dicta. En la década de los sesenta, Francia descubre la obra de este autor y de ahí se extiende al mundo. Esto lo va a llevar a ser homenajeado y premiado (Premio Cervantes) en diversos lugares. Sin embargo, por razones políticas, no se le otorga el Premio Nobel. Muere en Ginebra en el año 1986.
Tal vez la extensión de su obra por Europa se deba a que es el primero de los autores que no se centra en las peculiaridades de Hispanoamérica, sino que universaliza, se europeiza.
Ficciones se organiza en dos bloques: El jardín de los senderos que se bifurcan (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, El acercamiento a Almotásim, Pierre Menard, autor del Quijote,Las ruinas circulares,La lotería en Babilonia, Examen de la obra de Herbert Quain,La biblioteca de Babel,El jardín de senderos que se bifurcan) y Artificios (Funes el memorioso,La forma de la espada, Tema del traidor y del héroe, La muerte y la brújula, El milagro secreto,Tres versiones de Judas,El fin, La secta del Fénix, El Sur).
Una de las características principales de los cuentos de Borges es que el autor nos invita a complejos ejercicios de imaginación a la vez que nos hace reflexionar sobre problemas metafísicos. Y lo hace con una serie de temas que se repiten y obsesionan a Borges: la identidad del ser humano (lo lleva a preguntarse si cada uno de nosotros somos uno o varios, si todos somos el mismo ser humano, si somos soñados por otro ser), el tiempo (que se entrelaza para cuestionar sobre si  es una ilusión, si existe el eterno retorno y las acciones son reiteraciones en el tiempo), el destino de ser humano (tema que lleva a preguntarse si repetimos historias, si somos libres o nuestro camino está escrito, lo que, sumado a su escepticismo, conduce a una visión negativa del destino social), la eternidad u el infinito (que lo guía hasta la cuestión si es positivo o negativo), el mundo y la existencia del ser humano como una laberinto y la muerte que lo espera al final del sendero (y de ella se pregunta si es cierta o apariencia, si es condena o consuelo, si sirve para repetir la historia en una transmigración de las almas.
Sin embargo, a pesar de toda esta temática metafísica –que he de reconocer que me encanta-, sus textos no son secos pensamientos filosóficos. Borges, ante todo, es poeta. Mira y analiza el mundo con esos ojos que tienen los poetas, que pretenden colocar ante los nuestros lo que nosotros no somos capaces de ver. Y lo hace con esa belleza característica de los buenos poetas. Pero, ante todo, está jugando y quiere que el lector participe, aunque lo inquiete también.
La temática, como hemos observado, es una reiteración de la Historia de la Literatura. La  originalidad se halla en la construcción: un aparente ensayo, una pseudo confesión…  Puede partir desde cualquier texto que haya leído: desde un párrafo en una enciclopedia hasta un relato mitológico.
Respecto al estilo, se caracteriza por un ritmo lento, aparentemente frío; la inclusión de ironía; las presencia de máximas filosóficas y las paradojas. Sin embargo, no hay que olvidar que era poeta. Y los poetas lo son siempre, escriban ensayo o prosa literaria.